La escalada del gas y la electricidad obliga a siderúrgicas y papeleras a recortar producción mientras el transporte, el campo y los autónomos afrontan una nueva subida de costes
La industria española está asfixiada por la escalada de los costes energéticos que empieza a trasladarse de las cuentas de resultados a las propias líneas de producción.. El encarecimiento del gas -que va camino de los 80 euros el megavatio hora- y de la electricidad -que podría alcanzar de media los 189 euros MWh de media en los próximos meses en el peor escenario contemplado por la consultora Tempos Energía- amenaza con agravar la pérdida de competitividad de sectores industriales, agroalimentarios y logísticos y ha llevado ya a algunas compañías a detener temporalmente su actividad durante las horas en las que la energía alcanza los precios más elevados.. La Alianza por la Competitividad de la Industria Española, que agrupa a las principales patronales de la automoción, química, papel, cemento, acero, bienes de equipo y otros sectores de gran consumo energético, cifra en 7.400 millones de euros el sobrecoste que soportará la industria española hasta final de año como consecuencia de la escalada registrada desde el inicio del conflicto el 28 de febrero.. De esa cantidad, unos 4.220 millones procederán del gas y otros 3.175 millones de la electricidad. El impacto no se reparte de forma homogénea: alrededor del 70% se concentrará entre septiembre y diciembre, precisamente cuando varias medidas de alivio actualmente vigentes llegan a su vencimiento.. La siderurgia ofrece uno de los ejemplos más claros de cómo el problema energético empieza a condicionar las decisiones industriales. Unesid calcula que sus empresas asumirán 658 millones de euros adicionales entre marzo y diciembre de 2026, de los que 403 millones corresponderán a la electricidad y 255 millones al gas. El último cuatrimestre concentrará 452 millones, frente a los 206 millones acumulados hasta agosto.. La evolución de los mercados explica ese deterioro. El precio medio del mercado eléctrico alcanzó en julio los 104,75 euros por megavatio hora, un 50,5% más que un mes antes. En el mercado gasista Mibgas, la media se situó cerca de 55,5 euros por MWh, un 23,5% superior. Para el cuarto trimestre, las referencias manejadas por Unesid apuntan a unos 143 euros por MWh para la electricidad y 76 euros para el gas natural.. Y además, los servicios de ajuste. La presión no termina en el precio mayorista. Los servicios de ajuste del sistema eléctrico añadirán alrededor de 20 euros por MWh a la factura de las siderúrgicas durante 2026, un componente que el sector considera especialmente relevante frente a los esquemas aplicados en otros países europeos. La consecuencia más inmediata es que algunas plantas están concentrando o interrumpiendo determinadas operaciones durante las franjas de mayor coste. Si los precios permanecen elevados, advierte Unesid, estas paradas pueden extenderse.. Para una industria sometida a competencia internacional, cada hora de producción tiene un coste que ya no puede desligarse del precio de la energía. El problema adquiere una dimensión adicional en sectores en los que la electricidad o el gas no son un gasto auxiliar, sino un elemento esencial del proceso productivo. En esas actividades, reducir consumo no siempre equivale a ganar eficiencia sino que puede implicar fabricar menos.. El papel y la celulosa muestran cómo la presión energética coincide además con un mercado exterior menos favorable. Aspapel señala que las tarifas energéticas acumulan incrementos de al menos el 50% respecto a ejercicios anteriores, con periodos en los que el aumento se aproxima al 100%.. En el primer semestre, la producción española de papel y cartón cayó un 3,2%, mientras que la de celulosa retrocedió un 3,9%. Las exportaciones también se resintieron: el valor de las ventas exteriores de papel y cartón bajó un 9,5% y el de la celulosa un 14,7%.. Al mismo tiempo, las importaciones de papel y cartón procedentes de Turquía aumentaron un 48,5% entre enero y junio, y las procedentes de China, un 26%. La industria española afronta así una doble presión: producir con una estructura de costes más elevada mientras compite con mercancías fabricadas en mercados donde la energía puede tener un peso distinto en el coste final.. En Francia pagan un 28% menos. La brecha también aparece dentro de la propia Unión Europea. Según el barómetro de la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía, un consumidor electrointensivo equivalente paga en Francia un precio eléctrico final un 28% inferior al español una vez contabilizadas las ayudas públicas.. En Alemania, la diferencia favorable alcanza el 13%. Para las compañías españolas que exportan, el coste energético se convierte de este modo en un factor que afecta directamente a su posición frente a rivales comunitarios.. El acero, además, ilustra la dimensión exterior del problema. Aproximadamente el 70% de la producción siderúrgica española se destina a otros mercados y alrededor de dos tercios de esas exportaciones tienen como destino la Unión Europea.. A la vez, las ventas españolas de productos siderúrgicos al Cercano y Medio Oriente descendieron de una media mensual de 8.470 toneladas y 19 millones de euros en 2025 a 3.154 toneladas y 9,6 millones entre marzo y junio de 2026.. El alto coste de la energía no se queda confinado en las fábricas. El transporte está absorbiendo el encarecimiento de los carburantes y trasladándolo a la cadena logística. Transport & Environment estima que las perturbaciones geopolíticas generan para Europa un sobrecoste de unos 203 millones de euros diarios por el aumento del precio del gasóleo. Para un camión, el impacto calculado ronda los 236 euros adicionales semanales.. La presión llega también a los trabajadores por cuenta propia. UPTA calcula que más de un millón de autónomos están especialmente expuestos al encarecimiento de combustibles y electricidad, con un sobrecoste de unos 148 euros mensuales en el supuesto utilizado por la organización. El cálculo combina el aumento del carburante para actividades que dependen del vehículo y una subida del 20% en una factura eléctrica de referencia.. Fuerte impacto en la industria agroalimentaria. La agricultura afronta una combinación todavía más amplia de costes. Gasóleo, fertilizantes, electricidad y transporte coinciden en plena campaña de recogida y antes de la siembra de cereales y otras producciones de otoño. Las organizaciones agrarias reclaman mantener la ayuda de 20 céntimos por litro para el gasóleo agrícola, mientras que el sector pesquero pide prolongar hasta final de año la compensación por el combustible, actualmente fijada en 20 céntimos y cuya cuantía Cepesca quiere elevar a 40.. Los fertilizantes constituyen otro foco de tensión. Las organizaciones del sector piden que las ayudas se vinculen a las cantidades efectivamente adquiridas y no únicamente a la superficie cultivada, con el argumento de que el encarecimiento puede alterar las decisiones de compra justo cuando comienza una nueva campaña agrícola. En paralelo, cooperativas y empresas agroalimentarias reclaman mecanismos que permitan absorber parte del incremento de costes sin deteriorar todavía más sus márgenes.. El encarecimiento termina alcanzando a la alimentación y al comercio. Fabricantes de alimentos, operadores de cereales y empresas de piensos han pedido al Gobierno prolongar las medidas de apoyo más allá del 30 de septiembre y estudian también fórmulas fiscales, entre ellas reducciones del IVA sobre determinados insumos. Las empresas alertan además de mayores costes de fletes marítimos y seguros, dos partidas que amplían el impacto de la crisis energética sobre productos que dependen de cadenas de suministro internacionales.. Según el INE, el gasóleo aumentó un 30,3% en agosto y la gasolina un 16,9%. Desde el comienzo de la crisis, los datos de la CNMC reflejan un incremento del 74,6% en el precio del diésel de automoción antes de impuestos y del 55,6% en la gasolina. En las estaciones de servicio, el gasóleo rozaba esta semana los 1,95 euros por litro, un 34,4% más que en febrero, mientras la gasolina acumulaba un aumento del 30,2%.. El actual paquete de medidas expira el 30 de septiembre y el Gobierno estudia su prórroga o la aprobación de nuevas actuaciones. Para las empresas, el problema no es únicamente cuánto cuesta la energía hoy, sino la dificultad de presupuestar los meses siguientes.. La siderurgia reclama conocer también las condiciones aplicables en 2027; el papel pide un marco específico para las industrias intensivas en calor; y la industria manufacturera reclama instrumentos que permitan amortiguar episodios excepcionales sin convertir las ayudas temporales en la única vía de supervivencia.. Unesid plantea elevar hasta 1.000 millones la compensación por los costes indirectos de CO2 en 2026 y consolidar de forma estructural la reducción del 80% de los peajes eléctricos para la industria electrointensiva. La Alianza, por su parte, reclama medidas inmediatas junto a un marco estable para las industrias intensivas en calor que incluya a consumidores de gas y biomasa.
La industria española está asfixiada por la escalada de los costes energéticos que empieza a trasladarse de las cuentas de resultados a las propias líneas de producción.. El encarecimiento del gas -que va camino de los 80 euros el megavatio hora- y de la electricidad -que podría alcanzar de media los 189 euros MWh de media en los próximos meses en el peor escenario contemplado por la consultora Tempos Energía- amenaza con agravar la pérdida de competitividad de sectores industriales, agroalimentarios y logísticos y ha llevado ya a algunas compañías a detener temporalmente su actividad durante las horas en las que la energía alcanza los precios más elevados.. La Alianza por la Competitividad de la Industria Española, que agrupa a las principales patronales de la automoción, química, papel, cemento, acero, bienes de equipo y otros sectores de gran consumo energético, cifra en 7.400 millones de euros el sobrecoste que soportará la industria española hasta final de año como consecuencia de la escalada registrada desde el inicio del conflicto el 28 de febrero.. De esa cantidad, unos 4.220 millones procederán del gas y otros 3.175 millones de la electricidad. El impacto no se reparte de forma homogénea: alrededor del 70% se concentrará entre septiembre y diciembre, precisamente cuando varias medidas de alivio actualmente vigentes llegan a su vencimiento.. La siderurgia ofrece uno de los ejemplos más claros de cómo el problema energético empieza a condicionar las decisiones industriales. Unesid calcula que sus empresas asumirán 658 millones de euros adicionales entre marzo y diciembre de 2026, de los que 403 millones corresponderán a la electricidad y 255 millones al gas. El último cuatrimestre concentrará 452 millones, frente a los 206 millones acumulados hasta agosto.. La evolución de los mercados explica ese deterioro. El precio medio del mercado eléctrico alcanzó en julio los 104,75 euros por megavatio hora, un 50,5% más que un mes antes. En el mercado gasista Mibgas, la media se situó cerca de 55,5 euros por MWh, un 23,5% superior. Para el cuarto trimestre, las referencias manejadas por Unesid apuntan a unos 143 euros por MWh para la electricidad y 76 euros para el gas natural.. Y además, los servicios de ajuste. La presión no termina en el precio mayorista. Los servicios de ajuste del sistema eléctrico añadirán alrededor de 20 euros por MWh a la factura de las siderúrgicas durante 2026, un componente que el sector considera especialmente relevante frente a los esquemas aplicados en otros países europeos. La consecuencia más inmediata es que algunas plantas están concentrando o interrumpiendo determinadas operaciones durante las franjas de mayor coste. Si los precios permanecen elevados, advierte Unesid, estas paradas pueden extenderse.. Para una industria sometida a competencia internacional, cada hora de producción tiene un coste que ya no puede desligarse del precio de la energía. El problema adquiere una dimensión adicional en sectores en los que la electricidad o el gas no son un gasto auxiliar, sino un elemento esencial del proceso productivo. En esas actividades, reducir consumo no siempre equivale a ganar eficiencia sino que puede implicar fabricar menos.. El papel y la celulosa muestran cómo la presión energética coincide además con un mercado exterior menos favorable. Aspapel señala que las tarifas energéticas acumulan incrementos de al menos el 50% respecto a ejercicios anteriores, con periodos en los que el aumento se aproxima al 100%.. En el primer semestre, la producción española de papel y cartón cayó un 3,2%, mientras que la de celulosa retrocedió un 3,9%. Las exportaciones también se resintieron: el valor de las ventas exteriores de papel y cartón bajó un 9,5% y el de la celulosa un 14,7%.. Al mismo tiempo, las importaciones de papel y cartón procedentes de Turquía aumentaron un 48,5% entre enero y junio, y las procedentes de China, un 26%. La industria española afronta así una doble presión: producir con una estructura de costes más elevada mientras compite con mercancías fabricadas en mercados donde la energía puede tener un peso distinto en el coste final.. En Francia pagan un 28% menos. La brecha también aparece dentro de la propia Unión Europea. Según el barómetro de la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía, un consumidor electrointensivo equivalente paga en Francia un precio eléctrico final un 28% inferior al español una vez contabilizadas las ayudas públicas.. En Alemania, la diferencia favorable alcanza el 13%. Para las compañías españolas que exportan, el coste energético se convierte de este modo en un factor que afecta directamente a su posición frente a rivales comunitarios.. El acero, además, ilustra la dimensión exterior del problema. Aproximadamente el 70% de la producción siderúrgica española se destina a otros mercados y alrededor de dos tercios de esas exportaciones tienen como destino la Unión Europea.. A la vez, las ventas españolas de productos siderúrgicos al Cercano y Medio Oriente descendieron de una media mensual de 8.470 toneladas y 19 millones de euros en 2025 a 3.154 toneladas y 9,6 millones entre marzo y junio de 2026.. El alto coste de la energía no se queda confinado en las fábricas. El transporte está absorbiendo el encarecimiento de los carburantes y trasladándolo a la cadena logística. Transport & Environment estima que las perturbaciones geopolíticas generan para Europa un sobrecoste de unos 203 millones de euros diarios por el aumento del precio del gasóleo. Para un camión, el impacto calculado ronda los 236 euros adicionales semanales.. La presión llega también a los trabajadores por cuenta propia. UPTA calcula que más de un millón de autónomos están especialmente expuestos al encarecimiento de combustibles y electricidad, con un sobrecoste de unos 148 euros mensuales en el supuesto utilizado por la organización. El cálculo combina el aumento del carburante para actividades que dependen del vehículo y una subida del 20% en una factura eléctrica de referencia.. Fuerte impacto en la industria agroalimentaria. La agricultura afronta una combinación todavía más amplia de costes. Gasóleo, fertilizantes, electricidad y transporte coinciden en plena campaña de recogida y antes de la siembra de cereales y otras producciones de otoño. Las organizaciones agrarias reclaman mantener la ayuda de 20 céntimos por litro para el gasóleo agrícola, mientras que el sector pesquero pide prolongar hasta final de año la compensación por el combustible, actualmente fijada en 20 céntimos y cuya cuantía Cepesca quiere elevar a 40.. Los fertilizantes constituyen otro foco de tensión. Las organizaciones del sector piden que las ayudas se vinculen a las cantidades efectivamente adquiridas y no únicamente a la superficie cultivada, con el argumento de que el encarecimiento puede alterar las decisiones de compra justo cuando comienza una nueva campaña agrícola. En paralelo, cooperativas y empresas agroalimentarias reclaman mecanismos que permitan absorber parte del incremento de costes sin deteriorar todavía más sus márgenes.. El encarecimiento termina alcanzando a la alimentación y al comercio. Fabricantes de alimentos, operadores de cereales y empresas de piensos han pedido al Gobierno prolongar las medidas de apoyo más allá del 30 de septiembre y estudian también fórmulas fiscales, entre ellas reducciones del IVA sobre determinados insumos. Las empresas alertan además de mayores costes de fletes marítimos y seguros, dos partidas que amplían el impacto de la crisis energética sobre productos que dependen de cadenas de suministro internacionales.. Según el INE, el gasóleo aumentó un 30,3% en agosto y la gasolina un 16,9%. Desde el comienzo de la crisis, los datos de la CNMC reflejan un incremento del 74,6% en el precio del diésel de automoción antes de impuestos y del 55,6% en la gasolina. En las estaciones de servicio, el gasóleo rozaba esta semana los 1,95 euros por litro, un 34,4% más que en febrero, mientras la gasolina acumulaba un aumento del 30,2%.. El actual paquete de medidas expira el 30 de septiembre y el Gobierno estudia su prórroga o la aprobación de nuevas actuaciones. Para las empresas, el problema no es únicamente cuánto cuesta la energía hoy, sino la dificultad de presupuestar los meses siguientes.. La siderurgia reclama conocer también las condiciones aplicables en 2027; el papel pide un marco específico para las industrias intensivas en calor; y la industria manufacturera reclama instrumentos que permitan amortiguar episodios excepcionales sin convertir las ayudas temporales en la única vía de supervivencia.. Unesid plantea elevar hasta 1.000 millones la compensación por los costes indirectos de CO2 en 2026 y consolidar de forma estructural la reducción del 80% de los peajes eléctricos para la industria electrointensiva. La Alianza, por su parte, reclama medidas inmediatas junto a un marco estable para las industrias intensivas en calor que incluya a consumidores de gas y biomasa.
