El remedo del 15M que se ha instalado de nuevo en la Puerta del Sol, pero sobre todo la trompetería con la que la izquierda lo está acompañando, puede que sea la señal más flagrante hasta la fecha de que las elecciones se aproximan. Es un atrezo que conocemos bien y, todo hay que admitirlo, en el que el sanchismo y sus acólitos por los extremos se manejan mejor que nadie. Queda claro que se ha tocado la corneta para aprestar las filas. El caso Maricarmen ha sido el detonante para la movilización con la vivienda como artefacto mediático y político con que testar la capacidad de arrastre y a modo de ensayo en las calles sobre lo que está por venir. Pero la verdad es que el drama de una anciana desahuciada en la capital de España, incluso el acceso a un hogar, que es la primera preocupación de los españoles desde que Sánchez alcanzó el poder cuando hasta ese instante ocupaba la posición 16, son parte del montaje y la estrategia para recuperar el pulso electoral y posicionarse. Porque la alarma, ese rasgarse las vestiduras que las fuerzas gubernamentales y todas sus marcas corsarias han esgrimido esta semana en esta nueva versión de los indignados, nunca fueron tales en estos ocho años de poder absoluto de Sánchez y la coalición socialista comunista. Nunca. Hay que insistir para los desmemoriados o los despistados que Maricarmen no ha sido un fenómeno sobrevenido, el producto de un mal día, sino el consecuente fruto de una política de vivienda nefasta bajo la entera autoría del PSOE y sus socios, que ahora hablan en términos desvergonzados de expropiaciones o de comprar pisos a los fondos buitres para entregárselos a la gente. En España se producen cada día 80 desahucios, uno de cada cuatro en Cataluña, y solo el 4% de las casas está en manos de grandes tenedores. La inmensa mayoría es propiedad de personas físicas. Esta puesta en escena resulta, además de una colosal mentira, un insulto a los españoles, especialmente, a los vulnerables, que han necesitado hechos y no eslóganes estos últimos años. Todas las maricarmenes de España son solo un medio para que esta casta que nos gobierna y que ha medrado tanto tenga alguna opción de mantener el poder, además de que el dolor se convierta en un señuelo para que el foco se aleje de la corrupción, Ceuta, la sanidad, la inflación y toda la agenda funesta del sanchismo. No los aclaró el propio presidente ayer mismo: «Tienen dinero para comprarle a Ayuso un aticazo de 6 millones de euros y no tienen dinero para proteger a Maricarmen». No vamos a referirnos de nuevo a la ausencia absoluta de moral del peor presidente de la democracia, que, tras ocho años en La Moncloa, piensa solucionar lo de la vivienda mañana con un decreto por Maricarmen. Del valor de su palabra dan testimonio las 184.000 casas prometidas para esta legislatura de las que no hay rastro. La izquierda nunca solucionará el problema porque en muy buena medida sus recetas han sido las causantes del desastre.
Todas las maricarmenes de España son solo un medio para que esta casta que nos gobierna y que ha medrado tanto tenga alguna opción de mantener el poder
El remedo del 15M que se ha instalado de nuevo en la Puerta del Sol, pero sobre todo la trompetería con la que la izquierda lo está acompañando, puede que sea la señal más flagrante hasta la fecha de que las elecciones se aproximan. Es un atrezo que conocemos bien y, todo hay que admitirlo, en el que el sanchismo y sus acólitos por los extremos se manejan mejor que nadie. Queda claro que se ha tocado la corneta para aprestar las filas. El caso Maricarmen ha sido el detonante para la movilización con la vivienda como artefacto mediático y político con que testar la capacidad de arrastre y a modo de ensayo en las calles sobre lo que está por venir. Pero la verdad es que el drama de una anciana desahuciada en la capital de España, incluso el acceso a un hogar, que es la primera preocupación de los españoles desde que Sánchez alcanzó el poder cuando hasta ese instante ocupaba la posición 16, son parte del montaje y la estrategia para recuperar el pulso electoral y posicionarse. Porque la alarma, ese rasgarse las vestiduras que las fuerzas gubernamentales y todas sus marcas corsarias han esgrimido esta semana en esta nueva versión de los indignados, nunca fueron tales en estos ocho años de poder absoluto de Sánchez y la coalición socialista comunista. Nunca. Hay que insistir para los desmemoriados o los despistados que Maricarmen no ha sido un fenómeno sobrevenido, el producto de un mal día, sino el consecuente fruto de una política de vivienda nefasta bajo la entera autoría del PSOE y sus socios, que ahora hablan en términos desvergonzados de expropiaciones o de comprar pisos a los fondos buitres para entregárselos a la gente. En España se producen cada día 80 desahucios, uno de cada cuatro en Cataluña, y solo el 4% de las casas está en manos de grandes tenedores. La inmensa mayoría es propiedad de personas físicas. Esta puesta en escena resulta, además de una colosal mentira, un insulto a los españoles, especialmente, a los vulnerables, que han necesitado hechos y no eslóganes estos últimos años. Todas las maricarmenes de España son solo un medio para que esta casta que nos gobierna y que ha medrado tanto tenga alguna opción de mantener el poder, además de que el dolor se convierta en un señuelo para que el foco se aleje de la corrupción, Ceuta, la sanidad, la inflación y toda la agenda funesta del sanchismo. No los aclaró el propio presidente ayer mismo: «Tienen dinero para comprarle a Ayuso un aticazo de 6 millones de euros y no tienen dinero para proteger a Maricarmen». No vamos a referirnos de nuevo a la ausencia absoluta de moral del peor presidente de la democracia, que, tras ocho años en La Moncloa, piensa solucionar lo de la vivienda mañana con un decreto por Maricarmen. Del valor de su palabra dan testimonio las 184.000 casas prometidas para esta legislatura de las que no hay rastro. La izquierda nunca solucionará el problema porque en muy buena medida sus recetas han sido las causantes del desastre.
