«A buen ritmo, como la economía y el empleo en España». Con la lengua fuera y al trote cochinero, Pedro Sánchez y Carlos Cuerpo nos deleitaban esta semana con otra de sus pantomimas «made in» Ferraz Studios, la factoría de ficción socialista. En un vídeo publicado en sus redes sociales, el presidente del Gobierno y el ministro de Economía fantaseaban en mallas de correr con otros cuatro años para terminar de destrozar del todo una economía que pide auxilio a gritos para cualquiera que quiera ver las señales. De nada vale que se llenen la boca con el crecimiento del PIB o el cacareado récord de empleo –100.000 parados más conocimos ayer–, si la mayoría las pasa canutas para llenar la nevera y el depósito o pagar el alquiler o la hipoteca.. En la España de Sánchez, la pobreza avanza a toda velocidad. «El crecimiento económico y el empleo apenas reducen el peso de la población con carencias severas», señala Funcas, que alerta del subidón en el ranking europeo: del 15º al 5º. Casi al mismo ritmo avanzan los subsidios y las ayudas «sociales». El mal diseño del Ingreso Mínimo Vital –nefasto para la economía, pero muy conveniente para los intereses de la izquierda– convierte una ayuda que debería ser de emergencia en un sueldo casi vitalicio. «Paguitas» para premiar a los que están mano sobre mano, lo que equivale a un granero de votos subsidiados. Así se entienden mejor varios casos recientes, como el de la familia marroquí en Navarra que se levanta entre unas cosas y otras 4.000 euros al mes en ayudas. O el del imán –también marroquí– con seis hijos que «okupaba» desde hace años un piso en Vitoria al tiempo que recibía 2.500 euros en ayudas –además del banco de alimentos– y que este verano se fue 38 días de vacaciones a su país. Mientras, el propietario malvivía en una habitación de alquiler con su mujer embarazada y su hijo.. Para los que se esfuerzan por salir adelante y por mejorar, cal. Fritos a impuestos. La patronal de las empresas de gran consumo lo dejaba claro en su congreso anual hace unos días: «Queremos subir los sueldos, pero no para que se lo lleve Hacienda». Italia ya ha puesto en práctica la única solución posible: restringir el «ingreso mínimo» de allí, con un resultado esperanzador: paro en mínimos. Con «paguitas» solo para los verdaderos casos de emergencia, el que puede trabajar, trabaja. Vivir del cuento se tiene que acabar, aunque algunos se esfuercen por mantener esta red clientelar para conservar su sillón.
Italia ya ha puesto en práctica la única solución posible: restringir el «ingreso mínimo» de allí, con un resultado esperanzador: paro en mínimos
«A buen ritmo, como la economía y el empleo en España». Con la lengua fuera y al trote cochinero, Pedro Sánchez y Carlos Cuerpo nos deleitaban esta semana con otra de sus pantomimas «made in» Ferraz Studios, la factoría de ficción socialista. En un vídeo publicado en sus redes sociales, el presidente del Gobierno y el ministro de Economía fantaseaban en mallas de correr con otros cuatro años para terminar de destrozar del todo una economía que pide auxilio a gritos para cualquiera que quiera ver las señales. De nada vale que se llenen la boca con el crecimiento del PIB o el cacareado récord de empleo –100.000 parados más conocimos ayer–, si la mayoría las pasa canutas para llenar la nevera y el depósito o pagar el alquiler o la hipoteca.. En la España de Sánchez, la pobreza avanza a toda velocidad. «El crecimiento económico y el empleo apenas reducen el peso de la población con carencias severas», señala Funcas, que alerta del subidón en el ranking europeo: del 15º al 5º. Casi al mismo ritmo avanzan los subsidios y las ayudas «sociales». El mal diseño del Ingreso Mínimo Vital –nefasto para la economía, pero muy conveniente para los intereses de la izquierda– convierte una ayuda que debería ser de emergencia en un sueldo casi vitalicio. «Paguitas» para premiar a los que están mano sobre mano, lo que equivale a un granero de votos subsidiados. Así se entienden mejor varios casos recientes, como el de la familia marroquí en Navarra que se levanta entre unas cosas y otras 4.000 euros al mes en ayudas. O el del imán –también marroquí– con seis hijos que «okupaba» desde hace años un piso en Vitoria al tiempo que recibía 2.500 euros en ayudas –además del banco de alimentos– y que este verano se fue 38 días de vacaciones a su país. Mientras, el propietario malvivía en una habitación de alquiler con su mujer embarazada y su hijo.. Para los que se esfuerzan por salir adelante y por mejorar, cal. Fritos a impuestos. La patronal de las empresas de gran consumo lo dejaba claro en su congreso anual hace unos días: «Queremos subir los sueldos, pero no para que se lo lleve Hacienda». Italia ya ha puesto en práctica la única solución posible: restringir el «ingreso mínimo» de allí, con un resultado esperanzador: paro en mínimos. Con «paguitas» solo para los verdaderos casos de emergencia, el que puede trabajar, trabaja. Vivir del cuento se tiene que acabar, aunque algunos se esfuercen por mantener esta red clientelar para conservar su sillón.
