La actualidad judicial está reabriendo el eterno debate sobre la distinción entre responsabilidades penales y responsabilidades políticas. La sensibilidad de los partidos y de sus líderes oscila desde hace años entre la máxima exigencia y la mayor laxitud. Cuando se está en la oposición, se suele considerar que debe bastar una citación como imputado para que quien la reciba redacte su renuncia ese mismo día. En cambio, cuando se ejercen cargos en las instituciones, el grado de sensibilidad y reclamación de ceses se atempera radicalmente. El problema no tiene solución, pero sí puede afrontarse con un mínimo de sentido común.Seguir leyendo
La actualidad judicial está reabriendo el eterno debate sobre la distinción entre responsabilidades penales y responsabilidades políticas. La sensibilidad de los partidos y de sus líderes oscila desde hace años entre la máxima exigencia y la mayor laxitud. Cuando se está en la oposición, se suele considerar que debe bastar una citación como imputado para que quien la reciba redacte su renuncia ese mismo día. En cambio, cuando se ejercen cargos en las instituciones, el grado de sensibilidad y reclamación de ceses se atempera radicalmente. El problema no tiene solución, pero sí puede afrontarse con un mínimo de sentido común.Seguir leyendo
Cada persona afectada por una citación judicial como imputada debe aplicarse un elemental código de conducta
