Ha sido sin duda el culebrón del verano y no tiene visos de acabar. Julián Álvarez parecía dispuesto a no parar hasta que se salga con la suya y llevar la presión a límites que el club rojiblanco no pueda soportar. Pero se ha topado con un muro difícil de derribar y no le quedará otra que adaptarse a la situación y ganarse el perdón de la afición a base de goles.. Sin embargo la guerra continúa y las balas vuelan entre el club rojiblanco, el FC Barcelona y el entorno del futbolista, al que el club colchonero culpa de la tensión generada con la Araña.. Por enésima vez, el consejero delegado del Atlético Madrid, Miguel Ángel Gil Marín, cerraba el pasado viernes la puerta a la salida de Julián con destino a la Ciudad Condal y no se mordía la lengua al atacar a partes iguales a la entidad que preside Joan Laporta y al representante del jugador. la misma postura que ayer reiteraba el presidente Enrique Cerezo. «Creo y lo único que puedo decir después de un verano bastante complicado con el tema de preguntas continuas sobre el tema de Julián Álvarez, es que es un jugador del Atlético de Madrid, que siempre ha sido jugador del Atlético de Madrid y que nunca hemos tenido intención de venderlo. Es un jugador del Atlético de Madrid que está a disposición del entrenador cuando quiera el entrenador», comentó.. «Yo lo que considero es que el FC Barcelona no ha estado a la altura de las circunstancias y no ha hecho lo que suele hacer en estos casos», sentenció.. Un escenario que acabo ayer con la vuelta del futbolista que vivió unos momentos durísimos en el Metropolitano donde fue pitado e insultado por la afición y en el que su cara fue todo un poema.. No era el plan de Simeone. Un regreso que estuvo marcado por dos decisiones del club y no del jugador y del entrenador. La estrategia de Simeone pasaba por proteger al jugador. Julián fue baja ante el Málaga y lo previsto era que tampoco estuviera ante el Villarreal. Así el Cholo daría un tiempo al argentino que tendría tres partidos fuera para buscar su redención antes de verse las caras con la afición en el Metropolitano a mediados de septiembre en el encuentro a ante el Osasuna.. Sin embargo, los planes del club eran diferentes. Simeone no quería convocar a Julián Álvarez. Fue una orden directa de Gil Marín para someter al jugador a una «terapia de humillación» ante el Metropolitano con un objetivo claro: o hacerle cambiar de actitud o obligarse a aceptar su salida con destino al Arsenal por 150 millones en la recta final del mercado.. Pero no fue la única decisión del Atlético que marcó una tarde amarga para el argentino. Al final del encuentro una imagen parecía confirmar la ruptura total. Los jugadores del Atlético, después del sufrido empate con uno menos contra el Villarreal, se quedaron en el campo saludando a la grada. Todos menos uno: Julián Álvarez, que se marchó cabizbajo, sin mirar atrás y solo, muy solo.. Un gesto que tampoco fue decisión del delantero. «La gente del club que el club decidió que no se acerque a la grada y su gente. La decisión fue del club de alejarlo y separarlo para que venga al vestuario» admitió el Cholo en rueda de prensa.. Al Atlético le quedan ocho días de mercado y tres partidos seguidos fuera del Metropolitano para templar el ambiente o negociar la salida del jugador. Un problema de difícil solución que está haciendo mella en el vestuario.
La afición del Atlético de Madrid dictó sentencia contra el ’19’ que se vio obligado a jugar
Ha sido sin duda el culebrón del verano y no tiene visos de acabar. Julián Álvarez parecía dispuesto a no parar hasta que se salga con la suya y llevar la presión a límites que el club rojiblanco no pueda soportar. Pero se ha topado con un muro difícil de derribar y no le quedará otra que adaptarse a la situación y ganarse el perdón de la afición a base de goles.. Sin embargo la guerra continúa y las balas vuelan entre el club rojiblanco, el FC Barcelona y el entorno del futbolista, al que el club colchonero culpa de la tensión generada con la Araña.. Por enésima vez, el consejero delegado del Atlético Madrid, Miguel Ángel Gil Marín, cerraba el pasado viernes la puerta a la salida de Julián con destino a la Ciudad Condal y no se mordía la lengua al atacar a partes iguales a la entidad que preside Joan Laporta y al representante del jugador. la misma postura que ayer reiteraba el presidente Enrique Cerezo. «Creo y lo único que puedo decir después de un verano bastante complicado con el tema de preguntas continuas sobre el tema de Julián Álvarez, es que es un jugador del Atlético de Madrid, que siempre ha sido jugador del Atlético de Madrid y que nunca hemos tenido intención de venderlo. Es un jugador del Atlético de Madrid que está a disposición del entrenador cuando quiera el entrenador», comentó.. «Yo lo que considero es que el FC Barcelona no ha estado a la altura de las circunstancias y no ha hecho lo que suele hacer en estos casos», sentenció.. Un escenario que acabo ayer con la vuelta del futbolista que vivió unos momentos durísimos en el Metropolitano donde fue pitado e insultado por la afición y en el que su cara fue todo un poema.. Un regreso que estuvo marcado por dos decisiones del club y no del jugador y del entrenador. La estrategia de Simeone pasaba por proteger al jugador. Julián fue baja ante el Málaga y lo previsto era que tampoco estuviera ante el Villarreal. Así el Cholo daría un tiempo al argentino que tendría tres partidos fuera para buscar su redención antes de verse las caras con la afición en el Metropolitano a mediados de septiembre en el encuentro a ante el Osasuna.. Sin embargo, los planes del club eran diferentes. Simeone no quería convocar a Julián Álvarez. Fue una orden directa de Gil Marín para someter al jugador a una «terapia de humillación» ante el Metropolitano con un objetivo claro: o hacerle cambiar de actitud o obligarse a aceptar su salida con destino al Arsenal.. Pero no fue la única decisión del Atlético que marcó una tarde amarga para el argentino. Al final del encuentro una imagen parecía confirmar la ruptura total. Los jugadores del Atlético, después del sufrido empate con uno menos contra el Villarreal, se quedaron en el campo saludando a la grada. Todos menos uno: Julián Álvarez, que se marchó cabizbajo, sin mirar atrás y solo, muy solo.. Un gesto que tampoco fue decisión del delantero. «La gente del club que el club decidió que no se acerque a la grada y su gente. La decisión fue del club de alejarlo y separarlo para que venga al vestuario» admitió el Cholo en rueda de prensa.. Al Atlético le quedan ocho días de mercado y tres partidos seguidos fuera del Metropolitano para templar el ambiente o permitir la salida del jugador. Un problema de difícil solución que está haciendo mella en el vestuario.
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