Pedro Delgado recuerda a Robert Millar como alguien con quien mantenía cierta comunicación en el pelotón, aunque siempre lo percibió como una figura que escapaba a los moldes de su generación. El ciclista, después inició la transición y se convirtió en Pippa York. En los años ochenta y noventa, el ciclismo profesional tenía sus propias reglas no escritas, y el escocés las incumplía casi todas. Delgado lo retrata como un personaje singular, particular, difícil de encajar en el esquema de equipos como el Peugeot, el Z o el T-Mobile, donde los dos coincidieron en distintos momentos.. El pendiente que incomoda. Millar fue el primer corredor del pelotón en llevar pendiente, y eso generaba reacciones que hoy resultan difíciles de defender. El ciclismo de aquella época era un mundo profundamente machista, y un corredor con una joya en la oreja levantaba comentarios de una simpleza que Pedro Delgado reproduce con exactitud: «Siempre le veíamos raro, o sea, él siempre ha sido diferente de nuestra época. Era el primer corredor ciclista que llevaba un pendiente, ¿no? Es verdad que dices tú: «Qué bobada, qué bobada, ahora en el siglo XX»», reconoce en el podcast Bajo el maillot de Laura Meseguer.. Esa fue la reacción habitual. No había matices ni curiosidad, solo rechazo reflejo hacia algo que se salía de la norma. La propia Philippa York reconoció años después que vivió aterrorizada durante su carrera por miedo a causar un escándalo, porque «la gente aceptaba menos a la comunidad trans» en aquellos años. También señaló que el título de «Rey de la Montaña» le parece ahora «bastante inapropiado» y añadió que muchas personas trans se encuentran en situaciones machistas y que ella intentó demostrar que podía funcionar en ese entorno.. La dieta como acusación. Al pendiente se sumaba la dieta. Millar fue el primer vegetariano del pelotón en una época en que comer carne era casi un dogma deportivo. Sus compañeros interpretaban esa elección como una señal de debilidad física, y Delgado recoge el argumento que circulaba entonces con una franqueza que refleja bien el nivel del debate: «Era el primer ciclista vegetariano y nosotros decíamos: «Tío, así está tan delgado, tío, no tiene fuerza, hay que comer carne», ¿no? Que en esa época había que comer carne para ganar, ¿no?». La lógica de la época era tan simple como equivocada. Se creía que las proteínas animales eran imprescindibles para rendir al máximo nivel de resistencia, y quien renunciaba a ellas quedaba automáticamente en entredicho. Que Millar ganara la Vuelta a España de 1985 y se colara en el podio de varios grandes no bastaba para cambiar esa convicción generalizada.. Una isla dentro del grupo. Lo que más llamaba la atención de Pedro Delgado era otra cosa. Confiesa que Millar se le veía muy solo. «Y sí que a mí me daba, no pena, pero eh, le veía solo dentro del equipo. O sea, hay cosas que luego he leído: él estaba solo dentro del equipo, pero claro, él, él era él quien se aislaba por sus cosas, porque era una decisión propia, ¿no? Pero yo le veía solo y me daba pena porque no dejas de ser deportista, eres joven, tienes que estar alegre, estás haciendo algo que te gusta y, si estás en un equipo, tienes que estar alegre». York lo confirmó con sus propias palabras años más tarde: «A veces tuve que meter los problemas en algún sitio de mi cabeza y apagar el lado emocional. Tenía momentos donde no quería ser Robert Millar, el ciclista. Si pudiera haberlo hecho, habría comenzado el proceso de cambio de sexo cuando tenía 12 o 13 años».. La comprensión que llega tarde. Delgado reconoce que el libro de Millar le abrió una perspectiva que en su momento le faltaba. Muchas de las razones que explicaban aquella soledad, aquella distancia, aquella forma de relacionarse con el mundo del ciclismo, las entendió después de leer el relato en primera persona del corredor escocés, cosas que durante los años en que compartieron pelotón no alcanzaba a descifrar.
El mito del ciclismo y ahora comentarista del Tour y de la Vuelta ha hablado de quien fue su compañero profesional
Pedro Delgado recuerda a Robert Millar como alguien con quien mantenía cierta comunicación en el pelotón, aunque siempre lo percibió como una figura que escapaba a los moldes de su generación. El ciclista, después inició la transición y se convirtió en Pippa York. En los años ochenta y noventa, el ciclismo profesional tenía sus propias reglas no escritas, y el escocés las incumplía casi todas. Delgado lo retrata como un personaje singular, particular, difícil de encajar en el esquema de equipos como el Peugeot, el Z o el T-Mobile, donde los dos coincidieron en distintos momentos.. El pendiente que incomoda. Millar fue el primer corredor del pelotón en llevar pendiente, y eso generaba reacciones que hoy resultan difíciles de defender. El ciclismo de aquella época era un mundo profundamente machista, y un corredor con una joya en la oreja levantaba comentarios de una simpleza que Pedro Delgado reproduce con exactitud: «Siempre le veíamos raro, o sea, él siempre ha sido diferente de nuestra época. Era el primer corredor ciclista que llevaba un pendiente, ¿no? Es verdad que dices tú: «Qué bobada, qué bobada, ahora en el siglo XX»», reconoce en el podcast Bajo el maillot de Laura Meseguer.. Esa fue la reacción habitual. No había matices ni curiosidad, solo rechazo reflejo hacia algo que se salía de la norma. La propia Philippa York reconoció años después que vivió aterrorizada durante su carrera por miedo a causar un escándalo, porque «la gente aceptaba menos a la comunidad trans» en aquellos años. También señaló que el título de «Rey de la Montaña» le parece ahora «bastante inapropiado» y añadió que muchas personas trans se encuentran en situaciones machistas y que ella intentó demostrar que podía funcionar en ese entorno.. La dieta como acusación. Al pendiente se sumaba la dieta. Millar fue el primer vegetariano del pelotón en una época en que comer carne era casi un dogma deportivo. Sus compañeros interpretaban esa elección como una señal de debilidad física, y Delgado recoge el argumento que circulaba entonces con una franqueza que refleja bien el nivel del debate: «Era el primer ciclista vegetariano y nosotros decíamos: «Tío, así está tan delgado, tío, no tiene fuerza, hay que comer carne», ¿no? Que en esa época había que comer carne para ganar, ¿no?». La lógica de la época era tan simple como equivocada. Se creía que las proteínas animales eran imprescindibles para rendir al máximo nivel de resistencia, y quien renunciaba a ellas quedaba automáticamente en entredicho. Que Millar ganara la Vuelta a España de 1985 y se colara en el podio de varios grandes no bastaba para cambiar esa convicción generalizada.. Una isla dentro del grupo. Lo que más llamaba la atención de Pedro Delgado era otra cosa. Confiesa que Millar se le veía muy solo. «Y sí que a mí me daba, no pena, pero eh, le veía solo dentro del equipo. O sea, hay cosas que luego he leído: él estaba solo dentro del equipo, pero claro, él, él era él quien se aislaba por sus cosas, porque era una decisión propia, ¿no? Pero yo le veía solo y me daba pena porque no dejas de ser deportista, eres joven, tienes que estar alegre, estás haciendo algo que te gusta y, si estás en un equipo, tienes que estar alegre». York lo confirmó con sus propias palabras años más tarde: «A veces tuve que meter los problemas en algún sitio de mi cabeza y apagar el lado emocional. Tenía momentos donde no quería ser Robert Millar, el ciclista. Si pudiera haberlo hecho, habría comenzado el proceso de cambio de sexo cuando tenía 12 o 13 años».. La comprensión que llega tarde. Delgado reconoce que el libro de Millar le abrió una perspectiva que en su momento le faltaba. Muchas de las razones que explicaban aquella soledad, aquella distancia, aquella forma de relacionarse con el mundo del ciclismo, las entendió después de leer el relato en primera persona del corredor escocés, cosas que durante los años en que compartieron pelotón no alcanzaba a descifrar.
Noticias de Deportes en La Razón
