En el «Trípode del domingo», es sabido por parte de los amables lectores que tenemos por costumbre tratar cuestiones vinculadas con la religión en general. En unos casos, es por razón de acontecimientos de actualidad, y en otros, bien por razones históricas vinculadas a determinadas fiestas, bien por coincidencia de fechas, etc. Por ello, escribir acerca de la actual visita apostólica del Papa León XIV a España resulta obligado, pese a que un servidor colabora también en la sección «Primera Plana» que LA RAZÓN publica cada día, dedicada a ese viaje durante la semana de duración del mismo. Que comenzó ayer sábado día 6 en Madrid, y que se prevé finalice en Santa Cruz de Tenerife el próximo viernes día 12, regresando desde allí a Roma. El inicio de dicha visita ayer en Madrid ha aportado signos para la esperanza en diversos aspectos de la misma. Uno de ellos es la gran acogida popular por las calles de Madrid al desplazarse el Papa desde el aeropuerto de Barajas al Palacio Real y en especial al ir con el papamóvil desde allí a la sede de la Nunciatura apostólica para almorzar, y donde pernocta las tres noches de Madrid. Que las imágenes en televisión no dejan margen de duda al respecto. Otro esperanzador signo es la gran cantidad de jóvenes asistentes a la vigilia de oración de anoche en la Plaza de Lima y alrededores, en la capital. Que reafirma la impresión de que la juventud se está acercando notablemente a la vida espiritual y a la práctica de la religión católica. Otro signo también en la misma dirección lo aportó el Papa en su discurso en el Palacio Real al referirse a la identidad histórica y nacional de España, que es indisociable de la fe católica. Si bien cabría objetar la referencia efectuada hacia el islam, presente durante casi 8 siglos en la península, y que no fue un modelo de convivencia intercultural y religiosa, sino ocasión para forjar unas sólidas raíces cristianas hispánicas. Necesarias para acometer la posterior conquista evangelizadora en América. Esa gran manifestación popular de cariño y reconocimiento hacia el actual sucesor de Pedro y vicario de Jesucristo al frente de la Iglesia católica es un gran motivo de esperanza. Por cuanto no puede olvidarse que el Occidente cristiano está sumido en un intenso proceso de descristianización y pérdida de la fe. Proceso al que España no es ajeno, obviamente, pero signos como los apuntados muestran que nuestras profundas raíces cristianas todavía aportan savia de vida a nuestra actual sociedad. La identidad nacional e histórica de España se sustenta en esas raíces, y comprobamos que siguen muy vivas.
Esa gran manifestación popular de cariño y reconocimiento hacia el actual sucesor de Pedro y vicario de Jesucristo al frente de la Iglesia católica es un gran motivo de esperanza
En el «Trípode del domingo», es sabido por parte de los amables lectores que tenemos por costumbre tratar cuestiones vinculadas con la religión en general. En unos casos, es por razón de acontecimientos de actualidad, y en otros, bien por razones históricas vinculadas a determinadas fiestas, bien por coincidencia de fechas, etc. Por ello, escribir acerca de la actual visita apostólica del Papa León XIV a España resulta obligado, pese a que un servidor colabora también en la sección «Primera Plana» que LA RAZÓN publica cada día, dedicada a ese viaje durante la semana de duración del mismo. Que comenzó ayer sábado día 6 en Madrid, y que se prevé finalice en Santa Cruz de Tenerife el próximo viernes día 12, regresando desde allí a Roma. El inicio de dicha visita ayer en Madrid ha aportado signos para la esperanza en diversos aspectos de la misma. Uno de ellos es la gran acogida popular por las calles de Madrid al desplazarse el Papa desde el aeropuerto de Barajas al Palacio Real y en especial al ir con el papamóvil desde allí a la sede de la Nunciatura apostólica para almorzar, y donde pernocta las tres noches de Madrid. Que las imágenes en televisión no dejan margen de duda al respecto. Otro esperanzador signo es la gran cantidad de jóvenes asistentes a la vigilia de oración de anoche en la Plaza de Lima y alrededores, en la capital. Que reafirma la impresión de que la juventud se está acercando notablemente a la vida espiritual y a la práctica de la religión católica. Otro signo también en la misma dirección lo aportó el Papa en su discurso en el Palacio Real al referirse a la identidad histórica y nacional de España, que es indisociable de la fe católica. Si bien cabría objetar la referencia efectuada hacia el islam, presente durante casi 8 siglos en la península, y que no fue un modelo de convivencia intercultural y religiosa, sino ocasión para forjar unas sólidas raíces cristianas hispánicas. Necesarias para acometer la posterior conquista evangelizadora en América. Esa gran manifestación popular de cariño y reconocimiento hacia el actual sucesor de Pedro y vicario de Jesucristo al frente de la Iglesia católica es un gran motivo de esperanza. Por cuanto no puede olvidarse que el Occidente cristiano está sumido en un intenso proceso de descristianización y pérdida de la fe. Proceso al que España no es ajeno, obviamente, pero signos como los apuntados muestran que nuestras profundas raíces cristianas todavía aportan savia de vida a nuestra actual sociedad. La identidad nacional e histórica de España se sustenta en esas raíces, y comprobamos que siguen muy vivas.
