Las islas han marcado el comienzo de los dos últimos pontificados: la isla italiana de Lampedusa en la primera visita del Papa Francisco en su pontificado y las islas de Gran Canaria y Tenerife en el viaje del Papa León XIV a España. Ambos lugares, principales destinos de llegada de las embarcaciones que parten de África con el sueño de llegar a Europa. El número de personas que pierden la vida, tanto en la ruta del Mediterráneo Central como en la ruta Atlántica es muy alto. Según los datos de la Organización Integral para las Inmigraciones (OIM), entre 2014 y 2025 más de 32.000 personas han perdido la vida en el Mediterráneo y casi 18.000 en África, mayoritariamente en la ruta hacia Canarias.. Estas cifras ilustran la parte más dramática del reto migratorio que en las últimas décadas ha alcanzado un protagonismo central no solo en las agendas públicas sino también en los retos cotidianos a los que se enfrenta la sociedad y que interpela también, y especialmente, a la acción de la Iglesia católica. Es una realidad compleja que se da en un mundo cada vez más globalizado, interconectado, polarizado y con conflictos crecientes que en numerosas ocasiones se distorsiona con narrativas manipuladoras.. A pesar de la creciente actualidad del tema, el magisterio de la Iglesia sobre este tema se remonta siglos en la historia y en cada época va dando respuestas a los retos de su tiempo. Uno de los primeros documentos magisteriales es la encíclica «Quam Aerumnosa» del Papa León XIII, publicada en 1888, un momento crucial en las migraciones ya que se están produciendo las grandes oleadas transoceánicas en las que se estima que más de 70 millones de personas salieron de Europa mayoritariamente con destino a América, entre quienes estaban los abuelos del actual Papa León XIV.. Con posterioridad, la constitución apostólica «Exsul Familia» del Papa Pío XII (1952) se promulga en la época marcada por la crisis de los desplazados del final de la Segunda Guerra Mundial (1945-1951). Los Papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han desarrollado un amplio magisterio tanto sobre las migraciones como sobre los migrantes destacando especialmente, y en sintonía con sus predecesores, la exhortación apostólica «Evangelii Gaudium» (2013) y la encíclica «Fratelli Tuti» (2020) del Papa Francisco, que señala las responsabilidades que debe asumir la sociedad frente a los migrantes y personas vulnerables, en un momento que se está viviendo la crisis migratoria fruto de la guerra en Siria.. Es posible abordar la visión del magisterio en esta materia distinguiendo la diversidad de responsabilidades que tienen los distintos agentes involucrados. Comencemos por el Estado o las instituciones públicas. Según el «Catecismo de la Iglesia Católica» (1992, n. 2241) las naciones prósperas deben acoger según sus posibilidades, a extranjeros en busca de seguridad y una calidad de vida que no pueden encontrar en sus países, articulando y ampliando mecanismos de entrada legal y segura. Junto a esto afirma que los estados tienen derecho de controlar las fronteras y regular los flujos migratorios.. Más recientemente, en 2018, con ocasión de los Pactos Mundiales de la ONU sobre Migración y Refugio, el Vaticano publicó el documento «Responder a los retos de los migrantes y refugiados: Veinte puntos de acción para los pactos Globales» llamando a los Estados a acoger, integrar, proteger y promover a la población migrante.. El segundo ámbito de responsabilidad es el de los propios migrantes. En el citado punto del Catecismo se afirma que los inmigrantes tienen obligaciones en el país de acogida, respetar la cultura y el patrimonio, obedecer las leyes y contribuir a sus cargas. Y el tercer ámbito de responsabilidad son los ciudadanos en general, o los cristianos en particular, que tenemos un deber moral de acoger al forastero, independientemente de su estatus legal y en la medida de nuestras posibilidades brindarle cariño, apoyo y ayuda.. La visita de León XIV a las Canarias va a ser, sin duda, una llamada a visibilizar y dar respuesta a este clamor en función del ámbito, personal o institucional, que nos involucre a cada uno de nosotros.. Dolores López-Hernández es profesora de Geografía Humana. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Navarra.
La visita de León XIV a las Canarias va a ser, sin duda, una llamada a visibilizar y dar respuesta a este clamor en función del ámbito, personal o institucional, que nos involucre a cada uno de nosotros
Las islas han marcado el comienzo de los dos últimos pontificados: la isla italiana de Lampedusa en la primera visita del Papa Francisco en su pontificado y las islas de Gran Canaria y Tenerife en el viaje del Papa León XIV a España. Ambos lugares, principales destinos de llegada de las embarcaciones que parten de África con el sueño de llegar a Europa. El número de personas que pierden la vida, tanto en la ruta del Mediterráneo Central como en la ruta Atlántica es muy alto. Según los datos de la Organización Integral para las Inmigraciones (OIM), entre 2014 y 2025 más de 32.000 personas han perdido la vida en el Mediterráneo y casi 18.000 en África, mayoritariamente en la ruta hacia Canarias.. Estas cifras ilustran la parte más dramática del reto migratorio que en las últimas décadas ha alcanzado un protagonismo central no solo en las agendas públicas sino también en los retos cotidianos a los que se enfrenta la sociedad y que interpela también, y especialmente, a la acción de la Iglesia católica. Es una realidad compleja que se da en un mundo cada vez más globalizado, interconectado, polarizado y con conflictos crecientes que en numerosas ocasiones se distorsiona con narrativas manipuladoras.. A pesar de la creciente actualidad del tema, el magisterio de la Iglesia sobre este tema se remonta siglos en la historia y en cada época va dando respuestas a los retos de su tiempo. Uno de los primeros documentos magisteriales es la encíclica «Quam Aerumnosa» del Papa León XIII, publicada en 1888, un momento crucial en las migraciones ya que se están produciendo las grandes oleadas transoceánicas en las que se estima que más de 70 millones de personas salieron de Europa mayoritariamente con destino a América, entre quienes estaban los abuelos del actual Papa León XIV.. Con posterioridad, la constitución apostólica «Exsul Familia» del Papa Pío XII (1952) se promulga en la época marcada por la crisis de los desplazados del final de la Segunda Guerra Mundial (1945-1951). Los Papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han desarrollado un amplio magisterio tanto sobre las migraciones como sobre los migrantes destacando especialmente, y en sintonía con sus predecesores, la exhortación apostólica «Evangelii Gaudium» (2013) y la encíclica «Fratelli Tuti» (2020) del Papa Francisco, que señala las responsabilidades que debe asumir la sociedad frente a los migrantes y personas vulnerables, en un momento que se está viviendo la crisis migratoria fruto de la guerra en Siria.. Es posible abordar la visión del magisterio en esta materia distinguiendo la diversidad de responsabilidades que tienen los distintos agentes involucrados. Comencemos por el Estado o las instituciones públicas. Según el «Catecismo de la Iglesia Católica» (1992, n. 2241) las naciones prósperas deben acoger según sus posibilidades, a extranjeros en busca de seguridad y una calidad de vida que no pueden encontrar en sus países, articulando y ampliando mecanismos de entrada legal y segura. Junto a esto afirma que los estados tienen derecho de controlar las fronteras y regular los flujos migratorios.. Más recientemente, en 2018, con ocasión de los Pactos Mundiales de la ONU sobre Migración y Refugio, el Vaticano publicó el documento «Responder a los retos de los migrantes y refugiados: Veinte puntos de acción para los pactos Globales» llamando a los Estados a acoger, integrar, proteger y promover a la población migrante.. El segundo ámbito de responsabilidad es el de los propios migrantes. En el citado punto del Catecismo se afirma que los inmigrantes tienen obligaciones en el país de acogida, respetar la cultura y el patrimonio, obedecer las leyes y contribuir a sus cargas. Y el tercer ámbito de responsabilidad son los ciudadanos en general, o los cristianos en particular, que tenemos un deber moral de acoger al forastero, independientemente de su estatus legal y en la medida de nuestras posibilidades brindarle cariño, apoyo y ayuda.. La visita de León XIV a las Canarias va a ser, sin duda, una llamada a visibilizar y dar respuesta a este clamor en función del ámbito, personal o institucional, que nos involucre a cada uno de nosotros.. Dolores López-Hernándezes profesora de Geografía Humana. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Navarra.
