El anuncio del secretario de Defensa de revisar los niveles de la hormona masculina en los soldados es la última prueba de la obsesión del aliado de Trump con un ejército viril sin lugar para mujeres y minorías
En la reunión celebrada en el salón de té de la mansión/hotel de Donald Trump de Mar-a-Lago en la que se decidió el 11 de noviembre de 2024 que Pete Hegseth sería el siguiente secretario de Defensa de Estados Unidos, el entonces presidente electo ofreció dos argumentos, para él, de peso. “Nadie ha dado mejor en cámara que ese tipo” fue uno de ellos. “Se ha portado siempre muy bien conmigo”, el otro. La lealtad y la telegenia son dos virtudes de peso para el republicano. Y en esa reunión, cuyos detalles aguardan al lector del ensayo de la temporada en Washington, Regime Change, sobre las interioridades de la actual Casa Blanca (Cambio de régimen, aún sin traducción en español), Trump elogió la campaña de Hegseth en defensa de tres veteranos de Irak y Afganistán, acusados de crímenes de guerra. Para el futuro presidente, esos esfuerzos eran la prueba de por qué su Administración necesitaba al frente del Pentágono a un candidato “dispuesto a sacar la cara por los tipos duros”. Este miércoles, ese alguien, expresentador matinal de Fox News y también veterano de las Fuerzas Armadas, fue un poco más allá en su plan de moldear al ejército estadounidense a partir de sus ideales viriles con el anuncio de que obligará a los soldados de más de 30 años a someterse a pruebas anuales de sus niveles de testosterona, que serán opcionales para los menores de esa edad. La preocupación por la carencia de la hormona masculina en el personal militar precede a Hegseth, y ha sido abordada por el Congreso y desde su dimensión médica: una falta de testosterona puede ser un síntoma del estrés al que están sometidos los soldados y provocar pérdida de masa muscular y apetito sexual, obesidad o impotencia, o estar asociada a otras dolencias más graves, como diabetes, osteoporosis o depresión. La diferencia esta vez es que el secretario de Defensa hizo el anuncio con el perfil más alto posible, en un solemne vídeo en las redes sociales que parecía escrito por los guionistas de Saturday Night Live, programa humorístico en el que su personaje, interpretado por Colin Jost, es tan recurrente como exitoso. Con su confianza en sí mismo y sus modales de miembro de una fraternidad universitaria, da a menudo la impresión de que a Hegseth no parece importarle ser carne de parodia. Lo fue cuando, para demostrar su convencida militancia en el nacionalismo cristiano, que cree en Estados Unidos como una nación cuyo destino está indisolublemente unido a las enseñanzas de la Biblia, recitó en un servicio religioso en el Pentágono un pasaje que pensaba que salía del Antiguo Testamento, pero que en realidad era un monólogo ficticio del personaje de Samuel L. Jackson en Pulp Fiction. O cuando aprovechó las comparecencias ante la prensa para explicar los avances de la ofensiva en Irán para hablar con voluptuosidad sobre la “pura destrucción” que aspiraba a desatar sobre el enemigo y sobre la “violencia” de la guerra, “s
En la reunión celebrada en el salón de té de la mansión/hotel de Donald Trump de Mar-a-Lago en la que se decidió el 11 de noviembre de 2024 que Pete Hegseth sería el siguiente secretario de Defensa de Estados Unidos, el entonces presidente electo ofreció dos argumentos, para él, de peso. “Nadie ha dado mejor en cámara que ese tipo” fue uno de ellos. “Se ha portado siempre muy bien conmigo”, el otro. Seguir leyendo
