A las diez de la mañana de este viernes, todas las iglesias de París hicieron sonar sus campanas para darle la bienvenida al Papa León XIV a Francia. Una alfombra roja y las notas de La Marsellesa fueron el inicio de una visita de cuatro días en la que el pontífice combina encuentros políticos, misas multitudinarias y una reunión privada con víctimas de abuso sexual en el seno de la iglesia católica. Un programa repartido entre París, Lourdes y Metz.
Al pie del avión, el presidente Emmanuel Macron y su esposa, Brigitte, fueron los encargados de recibir al jefe de la iglesia católica y conducirlo a la primera parada del viaje: su propia residencia, el Palacio del Elíseo. Allí, en presencia del gabinete de ministros y representantes diplomáticos, el Papa León XIV ofreció su primera alocución en Francia, marcada por varios temas cruciales, que compartió con el discurso de Macron: la paz en Medio Oriente, el papel de Francia en la defensa de los valores humanos y los desafíos de la inteligencia artificial.
Ambos coincidieron en hacer un llamado mundial a alcanzar una paz “desarmada y desarmante”, evocando la situación en Medio Oriente y Ucrania. León XIV exhortó a Francia a seguir siendo un “artesano incansable de paz ante el ruido de las botas”. También cuestionó la idea de que el arma nuclear sea garantía de seguridad – como ha planteado Macron con su “paraguas nuclear en Europa” – y advirtió del riesgo de una nueva carrera armamentística con la bomba atómica como herramienta principal.
La inteligencia artificial ocupó también un lugar destacado en la conversación. Macron señaló el peligro de que los modelos más avanzados queden concentrados “en unas pocas manos” capaces de tomar decisiones que afecten al conjunto de la humanidad. “La inteligencia artificial debe ser un servidor y no un amo” fue la frase contundente del mandatario francés.
León XIV abordó la cuestión desde una perspectiva antropológica. Alertó del riesgo de perder “nuestra humanidad en medio del paraíso de las máquinas” que condicionan la vida cotidiana y reclamó un “discernimiento ético” que mantenga la tecnología al servicio de la persona, su dignidad y su libertad. Una preocupación que ya ocupa un lugar central en su pontificado y en su encíclica Magnifica humanitas.
El Papa dedicó además buena parte de su discurso a la relación entre religión y república. Defendió que la “justa laicidad” no significa excluir la religión del espacio público y reivindicó el lugar de la enseñanza católica en Francia, país de “fuertes raíces cristianas”.
La segunda estación del día tiene también un tinte político: la sede de la UNESCO. El tema principal de su discurso giró una vez más en torno a la tecnología y sus riesgos.
León XIV comenzó con una pregunta por demás filosófica: “¿qué significa ser humano?” Ante la revolución tecnológica, advirtió que la inteligencia artificial puede procesar datos, pero no responder a las preguntas sobre el sentido de la vida. “La información es abundante, pero no es sinónimo de sabiduría”, afirmó, reclamando que las nuevas tecnologías permanezcan al servicio de la persona y protejan especialmente a niños y jóvenes.
El Papa vinculó además educación, ciencia y cultura con la construcción de la paz. Recordó que la propia Constitución de la UNESCO nació de la convicción de que las guerras comienzan en la mente de los hombres y que es allí donde deben construirse las defensas de la paz. Ante la crisis de confianza que atraviesan las instituciones internacionales, pidió recuperar el diálogo como instrumento de cooperación y no como un obstáculo, y reivindicó la confianza como una virtud indispensable.
Después de la política, el contacto con la gente
Las primeras horas del Papa en París estuvieron cargadas de compromisos políticos y discursos solemnes. Pero a partir de las cuatro de la tarde, la visita toma otro matiz completamente distinto, mucho más humano. León sube al papamóvil para recorrer las calles de la capital francesa y ver cara a cara a los fieles católicos que saltan de alegría al verlo. Hay miles de banderas del Vaticano, globos, pancartas con corazones y una euforia que explota a lo largo del trayecto de 2.5 kilómetros que se extiende desde Notre Dame des Champs hasta la plaza Saint-Michel. La gente canta, grita y llora. “Es el representante de Jesús en la tierra, es quien nos devuelve la fuerza de nuestra fe” – dice Marion, madre de 37 años, acompañada de sus hijos, que acaba de ver al Papa y no puede contener las lágrimas. Un poco más lejos encontramos a Patricia, estadounidense de 60 años, que decidió viajar a Francia para ver a León, aunque sea por los pocos segundos que tarda el papamóvil en pasar: “Es un sentimiento increíble. Es un hombre con un gran corazón. Fue corto pero hermoso…”
Como en otras ciudades, el Papa León no se detiene en su recorrido pero sí tiene el bonito gesto de bendecir a los bebés que están presentes. Un colaborador se los acerca hasta el papamóvil uno por uno. Por supuesto, la masa se derrite de ternura con cada niño que recibe la señal de la cruz del pontífice. El paseo no puede terminar mejor: en la puerta de Notre Dame.
León XIV entra triunfante a la catedral que sobrevivió al incendio de 2019, convirtiéndose así en el primer papa en visitarla después de la restauración que duró cinco años. Desde la pila bautismal de la entrada hasta la reliquia de la corona de espinas detrás del altar, Notre Dame brilla por todas partes.
Tras saludar a los obispos y a los fieles, León XIV va directamente a la capilla del Santo Sacramento, donde se arrodilla y ora en silencio. Los cantos de la coral, el órgano y los saludos de la gente se detienen para acompañar el momento de recogimiento.
El pontífice no celebró una misa sino las vísperas, la oración que se celebra al final de la tarde entre miembros del clero. En este caso particular, fue el encuentro del Papa con la Iglesia de Francia, sus obispos y sacerdotes.
En contraste, una atmósfera totalmente distinta hierve ya en el Stade de France: 80.000 jóvenes esperan a León XIV para una vigilia masiva, con la misma euforia que se respira en un concierto de Bad Bunny. La cantante Monroe, representante de Francia en Eurovisión 2026, es la encargada de abrir la velada.
Cuando el Papa, de 71 años, aparece en el escenario ante una multitud de jóvenes que esperan fervientes sus primeras palabras, la excitación se desborda. Gritos, aplausos y miles de teléfonos en alto acompañan su entrada. León XIV cierra así su primera jornada en Francia convertido, por una noche, en una auténtica estrella de rock.
Las venas francesas del Papa León
Hay un detalle francés interesante en la historia personal de León XIV que no pasó desapercibido a su llegada al Elíseo. El papa estadounidense, nacido Robert Francis Prevost en Chicago, tiene raíces familiares en Normandía. Su abuela paterna, Suzanne Fontaine, nació en Le Havre, mientras que parte de sus antepasados procedían de la región normanda, específicamente de Calvados y el Pays de Caux.
Emmanuel Macron aprovechó ese vínculo para lanzar al pontífice un guiño durante su recibimiento: “Santo Padre, estamos orgullosos de sus raíces normandas. Y verá que incluso hemos encontrado raíces bearnesas y bigourdanas”. Lo que sugiere un verdadero trabajo sobre el árbol genealógico del Papa León, para confirmar sus lazos con Francia. Por unos días, el pontífice regresa también a la tierra de sus antepasados.
A las diez de la mañana de este viernes, todas las iglesias de París hicieron sonar sus campanas para darle la bienvenida al Papa León XIV a Francia. Una alfombra roja y las notas de La Marsellesa fueron el inicio de una visita de cuatro días en la que el pontífice combina encuentros políticos, misas multitudinarias y una reunión privada con víctimas de abuso sexual en el seno de la iglesia católica. Un programa repartido entre París, Lourdes y Metz.. Al pie del avión, el presidente Emmanuel Macron y su esposa, Brigitte, fueron los encargados de recibir al jefe de la iglesia católica y conducirlo a la primera parada del viaje: su propia residencia, el Palacio del Elíseo. Allí, en presencia del gabinete de ministros y representantes diplomáticos, el Papa León XIV ofreció su primera alocución en Francia, marcada por varios temas cruciales, que compartió con el discurso de Macron: la paz en Medio Oriente, el papel de Francia en la defensa de los valores humanos y los desafíos de la inteligencia artificial.. Ambos coincidieron en hacer un llamado mundial a alcanzar una paz “desarmada y desarmante”, evocando la situación en Medio Oriente y Ucrania. León XIV exhortó a Francia a seguir siendo un “artesano incansable de paz ante el ruido de las botas”. También cuestionó la idea de que el arma nuclear sea garantía de seguridad – como ha planteado Macron con su “paraguas nuclear en Europa” – y advirtió del riesgo de una nueva carrera armamentística con la bomba atómica como herramienta principal.. La inteligencia artificial ocupó también un lugar destacado en la conversación. Macron señaló el peligro de que los modelos más avanzados queden concentrados “en unas pocas manos” capaces de tomar decisiones que afecten al conjunto de la humanidad. “La inteligencia artificial debe ser un servidor y no un amo” fue la frase contundente del mandatario francés.. León XIV abordó la cuestión desde una perspectiva antropológica. Alertó del riesgo de perder “nuestra humanidad en medio del paraíso de las máquinas” que condicionan la vida cotidiana y reclamó un “discernimiento ético” que mantenga la tecnología al servicio de la persona, su dignidad y su libertad. Una preocupación que ya ocupa un lugar central en su pontificado y en su encíclica Magnifica humanitas.. El Papa dedicó además buena parte de su discurso a la relación entre religión y república. Defendió que la “justa laicidad” no significa excluir la religión del espacio público y reivindicó el lugar de la enseñanza católica en Francia, país de “fuertes raíces cristianas”.. La segunda estación del día tiene también un tinte político: la sede de la UNESCO. El tema principal de su discurso giró una vez más en torno a la tecnología y sus riesgos.. León XIV comenzó con una pregunta por demás filosófica: “¿qué significa ser humano?” Ante la revolución tecnológica, advirtió que la inteligencia artificial puede procesar datos, pero no responder a las preguntas sobre el sentido de la vida. “La información es abundante, pero no es sinónimo de sabiduría”, afirmó, reclamando que las nuevas tecnologías permanezcan al servicio de la persona y protejan especialmente a niños y jóvenes.. El Papa vinculó además educación, ciencia y cultura con la construcción de la paz. Recordó que la propia Constitución de la UNESCO nació de la convicción de que las guerras comienzan en la mente de los hombres y que es allí donde deben construirse las defensas de la paz. Ante la crisis de confianza que atraviesan las instituciones internacionales, pidió recuperar el diálogo como instrumento de cooperación y no como un obstáculo, y reivindicó la confianza como una virtud indispensable.. Después de la política, el contacto con la gente. Las primeras horas del Papa en París estuvieron cargadas de compromisos políticos y discursos solemnes. Pero a partir de las cuatro de la tarde, la visita toma otro matiz completamente distinto, mucho más humano. León sube al papamóvil para recorrer las calles de la capital francesa y ver cara a cara a los fieles católicos que saltan de alegría al verlo. Hay miles de banderas del Vaticano, globos, pancartas con corazones y una euforia que explota a lo largo del trayecto de 2.5 kilómetros que se extiende desde Notre Dame des Champs hasta la plaza Saint-Michel. La gente canta, grita y llora. “Es el representante de Jesús en la tierra, es quien nos devuelve la fuerza de nuestra fe” – dice Marion, madre de 37 años, acompañada de sus hijos, que acaba de ver al Papa y no puede contener las lágrimas. Un poco más lejos encontramos a Patricia, estadounidense de 60 años, que decidió viajar a Francia para ver a León, aunque sea por los pocos segundos que tarda el papamóvil en pasar: “Es un sentimiento increíble. Es un hombre con un gran corazón. Fue corto pero hermoso…”. Como en otras ciudades, el Papa León no se detiene en su recorrido pero sí tiene el bonito gesto de bendecir a los bebés que están presentes. Un colaborador se los acerca hasta el papamóvil uno por uno. Por supuesto, la masa se derrite de ternura con cada niño que recibe la señal de la cruz del pontífice. El paseo no puede terminar mejor: en la puerta de Notre Dame.. León XIV entra triunfante a la catedral que sobrevivió al incendio de 2019, convirtiéndose así en el primer papa en visitarla después de la restauración que duró cinco años. Desde la pila bautismal de la entrada hasta la reliquia de la corona de espinas detrás del altar, Notre Dame brilla por todas partes.. Tras saludar a los obispos y a los fieles, León XIV va directamente a la capilla del Santo Sacramento, donde se arrodilla y ora en silencio. Los cantos de la coral, el órgano y los saludos de la gente se detienen para acompañar el momento de recogimiento.. El pontífice no celebró una misa sino las vísperas, la oración que se celebra al final de la tarde entre miembros del clero. En este caso particular, fue el encuentro del Papa con la Iglesia de Francia, sus obispos y sacerdotes.. En contraste, una atmósfera totalmente distinta hierve ya en el Stade de France: 80.000 jóvenes esperan a León XIV para una vigilia masiva, con la misma euforia que se respira en un concierto de Bad Bunny. La cantante Monroe, representante de Francia en Eurovisión 2026, es la encargada de abrir la velada.. Cuando el Papa, de 71 años, aparece en el escenario ante una multitud de jóvenes que esperan fervientes sus primeras palabras, la excitación se desborda. Gritos, aplausos y miles de teléfonos en alto acompañan su entrada. León XIV cierra así su primera jornada en Francia convertido, por una noche, en una auténtica estrella de rock.. Las venas francesas del Papa León. Hay un detalle francés interesante en la historia personal de León XIV que no pasó desapercibido a su llegada al Elíseo. El papa estadounidense, nacido Robert Francis Prevost en Chicago, tiene raíces familiares en Normandía. Su abuela paterna, Suzanne Fontaine, nació en Le Havre, mientras que parte de sus antepasados procedían de la región normanda, específicamente de Calvados y el Pays de Caux.. Emmanuel Macron aprovechó ese vínculo para lanzar al pontífice un guiño durante su recibimiento: “Santo Padre, estamos orgullosos de sus raíces normandas. Y verá que incluso hemos encontrado raíces bearnesas y bigourdanas”. Lo que sugiere un verdadero trabajo sobre el árbol genealógico del Papa León, para confirmar sus lazos con Francia. Por unos días, el pontífice regresa también a la tierra de sus antepasados.
El presidente francés hizo de anfitrión del Santo Padre
A las diez de la mañana de este viernes, todas las iglesias de París hicieron sonar sus campanas para darle la bienvenida al Papa León XIV a Francia. Una alfombra roja y las notas de La Marsellesa fueron el inicio de una visita de cuatro días en la que el pontífice combina encuentros políticos, misas multitudinarias y una reunión privada con víctimas de abuso sexual en el seno de la iglesia católica. Un programa repartido entre París, Lourdes y Metz.. Al pie del avión, el presidente Emmanuel Macron y su esposa, Brigitte, fueron los encargados de recibir al jefe de la iglesia católica y conducirlo a la primera parada del viaje: su propia residencia, el Palacio del Elíseo. Allí, en presencia del gabinete de ministros y representantes diplomáticos, el Papa León XIV ofreció su primera alocución en Francia, marcada por varios temas cruciales, que compartió con el discurso de Macron: la paz en Medio Oriente, el papel de Francia en la defensa de los valores humanos y los desafíos de la inteligencia artificial.. Ambos coincidieron en hacer un llamado mundial a alcanzar una paz “desarmada y desarmante”, evocando la situación en Medio Oriente y Ucrania. León XIV exhortó a Francia a seguir siendo un “artesano incansable de paz ante el ruido de las botas”. También cuestionó la idea de que el arma nuclear sea garantía de seguridad – como ha planteado Macron con su “paraguas nuclear en Europa” – y advirtió del riesgo de una nueva carrera armamentística con la bomba atómica como herramienta principal.. La inteligencia artificial ocupó también un lugar destacado en la conversación. Macron señaló el peligro de que los modelos más avanzados queden concentrados “en unas pocas manos” capaces de tomar decisiones que afecten al conjunto de la humanidad. “La inteligencia artificial debe ser un servidor y no un amo” fue la frase contundente del mandatario francés.. León XIV abordó la cuestión desde una perspectiva antropológica. Alertó del riesgo de perder “nuestra humanidad en medio del paraíso de las máquinas” que condicionan la vida cotidiana y reclamó un “discernimiento ético” que mantenga la tecnología al servicio de la persona, su dignidad y su libertad. Una preocupación que ya ocupa un lugar central en su pontificado y en su encíclica Magnifica humanitas.. El Papa dedicó además buena parte de su discurso a la relación entre religión y república. Defendió que la “justa laicidad” no significa excluir la religión del espacio público y reivindicó el lugar de la enseñanza católica en Francia, país de “fuertes raíces cristianas”.. La segunda estación del día tiene también un tinte político: la sede de la UNESCO. El tema principal de su discurso giró una vez más en torno a la tecnología y sus riesgos.. León XIV comenzó con una pregunta por demás filosófica: “¿qué significa ser humano?” Ante la revolución tecnológica, advirtió que la inteligencia artificial puede procesar datos, pero no responder a las preguntas sobre el sentido de la vida. “La información es abundante, pero no es sinónimo de sabiduría”, afirmó, reclamando que las nuevas tecnologías permanezcan al servicio de la persona y protejan especialmente a niños y jóvenes.. El Papa vinculó además educación, ciencia y cultura con la construcción de la paz. Recordó que la propia Constitución de la UNESCO nació de la convicción de que las guerras comienzan en la mente de los hombres y que es allí donde deben construirse las defensas de la paz. Ante la crisis de confianza que atraviesan las instituciones internacionales, pidió recuperar el diálogo como instrumento de cooperación y no como un obstáculo, y reivindicó la confianza como una virtud indispensable.. Después de la política, el contacto con la gente. Las primeras horas del Papa en París estuvieron cargadas de compromisos políticos y discursos solemnes. Pero a partir de las cuatro de la tarde, la visita toma otro matiz completamente distinto, mucho más humano. León sube al papamóvil para recorrer las calles de la capital francesa y ver cara a cara a los fieles católicos que saltan de alegría al verlo. Hay miles de banderas del Vaticano, globos, pancartas con corazones y una euforia que explota a lo largo del trayecto de 2.5 kilómetros que se extiende desde Notre Dame des Champs hasta la plaza Saint-Michel. La gente canta, grita y llora. “Es el representante de Jesús en la tierra, es quien nos devuelve la fuerza de nuestra fe” – dice Marion, madre de 37 años, acompañada de sus hijos, que acaba de ver al Papa y no puede contener las lágrimas. Un poco más lejos encontramos a Patricia, estadounidense de 60 años, que decidió viajar a Francia para ver a León, aunque sea por los pocos segundos que tarda el papamóvil en pasar: “Es un sentimiento increíble. Es un hombre con un gran corazón. Fue corto pero hermoso…”. Como en otras ciudades, el Papa León no se detiene en su recorrido pero sí tiene el bonito gesto de bendecir a los bebés que están presentes. Un colaborador se los acerca hasta el papamóvil uno por uno. Por supuesto, la masa se derrite de ternura con cada niño que recibe la señal de la cruz del pontífice. El paseo no puede terminar mejor: en la puerta de Notre Dame.. León XIV entra triunfante a la catedral que sobrevivió al incendio de 2019, convirtiéndose así en el primer papa en visitarla después de la restauración que duró cinco años. Desde la pila bautismal de la entrada hasta la reliquia de la corona de espinas detrás del altar, Notre Dame brilla por todas partes.. Tras saludar a los obispos y a los fieles, León XIV va directamente a la capilla del Santo Sacramento, donde se arrodilla y ora en silencio. Los cantos de la coral, el órgano y los saludos de la gente se detienen para acompañar el momento de recogimiento.. El pontífice no celebró una misa sino las vísperas, la oración que se celebra al final de la tarde entre miembros del clero. En este caso particular, fue el encuentro del Papa con la Iglesia de Francia, sus obispos y sacerdotes.. En contraste, una atmósfera totalmente distinta hierve ya en el Stade de France: 80.000 jóvenes esperan a León XIV para una vigilia masiva, con la misma euforia que se respira en un concierto de Bad Bunny. La cantante Monroe, representante de Francia en Eurovisión 2026, es la encargada de abrir la velada.. Cuando el Papa, de 71 años, aparece en el escenario ante una multitud de jóvenes que esperan fervientes sus primeras palabras, la excitación se desborda. Gritos, aplausos y miles de teléfonos en alto acompañan su entrada. León XIV cierra así su primera jornada en Francia convertido, por una noche, en una auténtica estrella de rock.. Las venas francesas del Papa León. Hay un detalle francés interesante en la historia personal de León XIV que no pasó desapercibido a su llegada al Elíseo. El papa estadounidense, nacido Robert Francis Prevost en Chicago, tiene raíces familiares en Normandía. Su abuela paterna, Suzanne Fontaine, nació en Le Havre, mientras que parte de sus antepasados procedían de la región normanda, específicamente de Calvados y el Pays de Caux.. Emmanuel Macron aprovechó ese vínculo para lanzar al pontífice un guiño durante su recibimiento: “Santo Padre, estamos orgullosos de sus raíces normandas. Y verá que incluso hemos encontrado raíces bearnesas y bigourdanas”. Lo que sugiere un verdadero trabajo sobre el árbol genealógico del Papa León, para confirmar sus lazos con Francia. Por unos días, el pontífice regresa también a la tierra de sus antepasados.
