A las ocho y media de la noche, un grupo de jóvenes artistas secuestra a Federico García Lorca del Palacio de Velázquez de Madrid, a la vista y paciencia de los visitantes del Parque del Retiro. Salen del lugar riendo, levantándolo triunfantes y gritando “¡Lorca vive!” en medio de cientos de aplausos, con una pancarta que dice: “Quiero dormir un rato, un rato, un minuto, un siglo, pero que todos sepan que no he muerto”. Se lo llevan entre gritos, así como se llevaron a miles de personas en las noches de la Guerra Civil y la dictadura, en las temidas sacas nocturnas que terminaban en fusilamientos y cuerpos enterrados en fosas que aún no han sido abiertas. Pero esta vez, los gritos son de alegría, porque Lorca ha vuelto a Madrid 90 años después de ser fusilado.. Seguir leyendo
Una escultura del poeta realizada por el artista Fernando Sánchez Castillo recorre la capital en vísperas de la conmemoración de su asesinato
A las ocho y media de la noche, un grupo de jóvenes artistas secuestra a Federico García Lorca del Palacio de Velázquez de Madrid, a la vista y paciencia de los visitantes del Parque del Retiro. Salen del lugar riendo, levantándolo triunfantes y gritando “¡Lorca vive!” en medio de cientos de aplausos, con una pancarta que dice: “Quiero dormir un rato, un rato, un minuto, un siglo, pero que todos sepan que no he muerto”. Se lo llevan entre gritos, así como se llevaron a miles de personas en las noches de la Guerra Civil y la dictadura, en las temidas sacas nocturnas que terminaban en fusilamientos y cuerpos enterrados en fosas que aún no han sido abiertas. Pero esta vez, los gritos son de alegría, porque Lorca ha vuelto a Madrid 90 años después de ser fusilado.. Más información. En la fachada del edificio, el grupo de secuestradores interpreta Nana de Sevilla, canción popular musicalizada por Lorca y La Argentinita en 1931, antes de dar inicio a un recorrido por el centro de Madrid. El dúo Altillo, de voz y guitarra, canta: “Este niño chiquito / no tiene cuna / su padre es carpintero / y le hará una”.. Así comenzaba este lunes la Saca nocturna, una performance del colectivo La Juan Gallery impulsada por el Ministerio de Igualdad para conmemorar el 90º aniversario del fusilamiento de Lorca, que se cumple mañana martes. En total, nueve artistas: Ana Novoa, Asun Soto, Jade Baldó, Velutto, Rodrigo González, Guille Mocholi, Alexia Sayago, Ana Geranios y Rubén Tamarit. El poeta secuestrado ahora es una escultura de un metro de altura, vestida de traje, con los brazos arriba y una mano sosteniendo un bastón mientras sonríe y da un paso, como si estuviera saltando. La construyó Fernando Sánchez Castillo hace un año, y ahora forma parte de la exposición La perla peregrina, organizada por el Museo Reina Sofía en el Palacio de Velázquez.. La ‘perfomance’, en el Retiro, con la estatua al Ángel Caído detrás.INMA FLORES. El escultor explica que se inspiró en una fotografía del poeta en la época de La Barraca: “Las esculturas de Lorca tienen un componente triste, pero él es alguien eminentemente alegre, vivo, y en esa fotografía él estaba feliz, como si fuera un Cristo resucitado”, explica el artista. La pose del poeta, con los brazos en alto casi saltando, le recuerda a Mercurio, el mensajero oficial de la mitología griega, “portador de las noticias”, que también parece saltar sobre el mundo. “A Lorca no lo mataron del todo. Mataron su cuerpo, pero resucita cada vez que se lee un poema suyo, que nos hace conscientes a todos de esa belleza tan extraña”. El poeta, para Sánchez Castillo, es “la gran figura perdida”, no solo porque su cuerpo no ha sido encontrado, sino por todo lo que pudo ser, todo lo que se perdió al asesinarlo a sus 38 años. “Perdimos algo realmente increíble”, lamenta.. La procesión hace varias paradas y cada vez se une más gente. Entre runners, turistas y curiosos preguntan: “¿Esto qué es?”, y los caminantes responden: “Un homenaje a Lorca. Hace 90 años lo mataron”. Dos mujeres conversan impresionadas por la cantidad de gente que hay, en agosto, cuando Madrid se vacía. “Fíjate la cantidad de gente que llevamos detrás, es como una manifestación en honor a Lorca, en una época de agosto en que no hay gente en Madrid”. Y cantan, primeros los artistas y después los seguidores.. Lorca, patrimonio de todos los españoles. Juan Gómez Alemán, director artístico de La Juan Gallery, cuenta que la idea inicial de la performance consistía en un cortejo fúnebre. “Pero no se puede velar un cuerpo que no ha sido encontrado”, explica. Entonces decidieron simular una saca nocturna y pasear la figura por la capital en un intento de devolver el cuerpo a Madrid y su gente. La ciudad fue importante en la trayectoria del poeta, pues fue en esta ciudad donde impulsó su genio literario dentro de la Generación del 27. “Es la reparación de un pasado que no se puede reparar”, agrega Gómez Alemán, y que también se extiende a otros, al recuerdo y la memoria de miles de desaparecidos que no se pueden ni deben olvidar.. Desde el Palacio de Velázquez, el recorrido avanza hacia la glorieta del Ángel Caído, también dentro del Retiro, donde el artista Alejandro Sánchez Caballero danza ante la escultura la pieza Imaginero. La performance se desarrolla en la calle, entre los paseantes, porque “Federico era el poeta del pueblo, y ahora se reencuentra con ese pueblo”, subraya Gómez Alemán.. Julio del Valle, director general para la igualdad real y efectiva de las personas LGTBI+ del Ministerio de Igualdad, explica que desde el principio se consideró importante que el homenaje se desarrollara de puertas afuera porque “Lorca es patrimonio común de todos los españoles”.. En la Cuesta de Moyano, el performer Rubén Tamarit lee poemas de Lorca con la participación del público, en una especie de vínculo entre el poeta y sus seguidores. Cinco mujeres se suben a un banco a recitar algunos de los últimos versos que escribió el poeta. Todo a viva voz, por lo que a veces se pierde en el ruido propio de un lugar público. En las calles aledañas al Museo del Prado y el Jardín Botánico, en la Plaza Murillo, Ana Novoa baila la pieza de danza Adela, en referencia a la hija menor de la obra La casa de Bernarda Alba. Subiendo por la calle Huertas, Ana Geranio lee Carta para Federico. El ritmo es rápido, la gente intenta seguir el paso y, aunque les molesta el calor, siguen adelante. La última parada es la Plaza de Santa Ana, donde Rata Bellucci hace desaparecer la escultura. “Se lo llevaron como aquel día. Nos quedamos sin Lorca”, dice un hombre que ha seguido toda la procesión. Al lado de la estatua más grande que está plantada en medio de la plaza, Alexia Sayago encarna a la Luna en un ritual de cierre mientras el dúo Altillo canta Pequeño vals vienés: “Este vals, este vals, este vals, de sí, de muerte y de coñac, que moja su cola en el mar”.. Otro momento del homenaje a Lorca este lunes en Madrid.INMA FLORES. El homenaje termina, todos aplauden y se toman fotos con el Lorca que quedó ahí, el de la estatua permanente. José Luis Raymon, Miguel Ángel Pérez, David Trullo y José Manuel han seguido el recorrido, y comentan: “Es una cosa muy española hacer una procesión, aunque puedes hacer una procesión de muchas cosas, no solo una religiosa. En cierto modo todos somos devotos de Lorca”, dicen. Es un ícono, aseguran, su “Marilyn”, una figura que va a más y no va a parar. Les gustaría que fuera un homenaje de todos los años, donde se reivindique su figura, su vida, su lucha y sus ideas; lo creen aún más importante de ahora en adelante.. Sánchez Castillo resume el homenaje como sacar de paseo a un amigo, un héroe, un artista que, junto a sus compañeros, sale de fiesta por sus rincones favoritos de Madrid —como le hubiera gustado— la misma noche que lo mataron: “Intentamos darle una vuelta a esta historia tan triste. ¿Cómo se puede vivir con el dolor? Igual que la ostra puede vivir con una piedra que no la dejaría vivir y la recubre de belleza, pues los españoles, los perdedores de la guerra, los que hemos perdido a todos esos intelectuales, tenemos que recubrir toda esa pérdida de belleza”.
