El momento en el que comemos puede influir en cómo el cuerpo procesa los alimentos, regula el apetito y almacena grasa. Por eso, cada vez más investigaciones estudian no solo qué comemos, sino también a qué hora lo hacemos.. No existe una hora concreta que sea la mejor para cenar. Según las investigaciones recogidas un medio británico, la recomendación general es hacer las comidas más abundantes durante la primera parte del día y dejar al menos tres horas entre la cena y el momento de acostarse.. La explicación está en los ritmos circadianos, el reloj interno que regula numerosos procesos del organismo. Comer cuando el cuerpo ya se está preparando para dormir puede afectar a la forma en la que procesa los alimentos, especialmente al control del azúcar en sangre.. El horario de las comidas puede influir en el metabolismo. Marta Garaulet, investigadora de la Universidad de Murcia, lleva años estudiando la relación entre los horarios de las comidas y el metabolismo. En una investigación con 420 adultos que siguieron el mismo programa para perder peso durante 20 semanas, quienes comían antes perdieron más peso y lo hicieron más rápidamente que aquellos que retrasaban el almuerzo.. El neurocientífico Frank Scheer, profesor de Medicina en el Brigham and Women’s Hospital de Boston, explica que el organismo no funciona de la misma manera a todas horas. “No somos la misma persona por la mañana y por la noche desde un punto de vista biológico”, señala.. Uno de los motivos está relacionado con la melatonina, una hormona cuyos niveles aumentan cuando el cuerpo comienza a prepararse para dormir.. Qué ocurre cuando cenamos cerca de la hora de dormir. Un estudio con más de 800 adultos comprobó que el cuerpo procesa peor la glucosa cuando se consume cerca de la hora de dormir. Los participantes que la tomaron una hora antes de acostarse tuvieron niveles más altos de azúcar en sangre y produjeron menos insulina que quienes lo hicieron cuatro horas antes.. Cenar tarde también puede hacer que tengamos más hambre al día siguiente. Algunas investigaciones relacionan estos horarios con una menor sensación de saciedad y una mayor tendencia del organismo a almacenar grasa.. Sin embargo, no existe una hora para cenar que sirva para todo el mundo. Los horarios de sueño varían de una persona a otra y también condicionan cuándo empieza el cuerpo a prepararse para descansar. Dormir poco, además, puede aumentar el hambre y favorecer el consumo de alimentos más calóricos.. Por eso, los expertos aconsejan mantener unos horarios regulares, concentrar las comidas más abundantes durante la primera parte del día y hacer una cena más ligera.. La recomendación más sencilla es cenar al menos tres horas antes de acostarse. Una persona que se vaya a dormir a las 23.00 horas podría cenar alrededor de las 20.00, mientras que alguien que se acueste a la 1.00 podría hacerlo más tarde. La clave, por tanto, no está en una hora concreta, sino en dejar suficiente tiempo entre la cena y el sueño.
La hora a la que cenamos puede influir en cómo el organismo procesa los alimentos. Los expertos señalan que la clave no está en una hora concreta, sino en el tiempo que dejamos antes de acostarnos
El momento en el que comemos puede influir en cómo el cuerpo procesa los alimentos, regula el apetito y almacena grasa. Por eso, cada vez más investigaciones estudian no solo qué comemos, sino también a qué hora lo hacemos.. No existe una hora concreta que sea la mejor para cenar. Según las investigaciones recogidas un medio británico, la recomendación general es hacer las comidas más abundantes durante la primera parte del día y dejar al menos tres horas entre la cena y el momento de acostarse.. La explicación está en los ritmos circadianos, el reloj interno que regula numerosos procesos del organismo. Comer cuando el cuerpo ya se está preparando para dormir puede afectar a la forma en la que procesa los alimentos, especialmente al control del azúcar en sangre.. El horario de las comidas puede influir en el metabolismo. Marta Garaulet, investigadora de la Universidad de Murcia, lleva años estudiando la relación entre los horarios de las comidas y el metabolismo. En una investigación con 420 adultos que siguieron el mismo programa para perder peso durante 20 semanas, quienes comían antes perdieron más peso y lo hicieron más rápidamente que aquellos que retrasaban el almuerzo.. El neurocientífico Frank Scheer, profesor de Medicina en el Brigham and Women’s Hospital de Boston, explica que el organismo no funciona de la misma manera a todas horas. “No somos la misma persona por la mañana y por la noche desde un punto de vista biológico”, señala.. Uno de los motivos está relacionado con la melatonina, una hormona cuyos niveles aumentan cuando el cuerpo comienza a prepararse para dormir.. Qué ocurre cuando cenamos cerca de la hora de dormir. Un estudio con más de 800 adultos comprobó que el cuerpo procesa peor la glucosa cuando se consume cerca de la hora de dormir. Los participantes que la tomaron una hora antes de acostarse tuvieron niveles más altos de azúcar en sangre y produjeron menos insulina que quienes lo hicieron cuatro horas antes.. Cenar tarde también puede hacer que tengamos más hambre al día siguiente. Algunas investigaciones relacionan estos horarios con una menor sensación de saciedad y una mayor tendencia del organismo a almacenar grasa.. Sin embargo, no existe una hora para cenar que sirva para todo el mundo. Los horarios de sueño varían de una persona a otra y también condicionan cuándo empieza el cuerpo a prepararse para descansar. Dormir poco, además, puede aumentar el hambre y favorecer el consumo de alimentos más calóricos.. Por eso, los expertos aconsejan mantener unos horarios regulares, concentrar las comidas más abundantes durante la primera parte del día y hacer una cena más ligera.. La recomendación más sencilla es cenar al menos tres horas antes de acostarse. Una persona que se vaya a dormir a las 23.00 horas podría cenar alrededor de las 20.00, mientras que alguien que se acueste a la 1.00 podría hacerlo más tarde. La clave, por tanto, no está en una hora concreta, sino en dejar suficiente tiempo entre la cena y el sueño.
