Casi un mes después, el Gobierno continúa empantanado con Ceuta, y así seguirá durante bastante tiempo. Marruecos ha pedido que le devuelvan todos sus nacionales, menores incluidos. Europa proclama que la totalidad de los invasores deben ser regresados. Pero Sánchez no parece convencido de ello. Ahora anuncian un plan de reconstrucción, la especialidad de la casa, como ya hicieran con el Volcán, la Covid, la Dana y los incendios. Planes que acaban en nada. Apenas anuncios de intenciones para llenar los telediarios. La noticia está en que por fin el presidente ha decidido hacer algo, poniendo al frente de la crisis al gran Ángel Víctor Torres. Con lo que tenemos asegurado que la situación no mejorará, sino que irá a peor. El canario tiene buenas relaciones con la masonería. Igual eso sirve para convencer a Netanyahu y Trump de que dejen de apoyar a Mohamed. Pero más bien parece que no servirá de nada. Torres no se ha caracterizado nunca por su capacidad para la gestión o la coordinación. Fuera de sus momentos inolvidables con Aldama y el dúo Koldábalos, este ministro se caracteriza por repetir cual papagayo el argumentario monclovita. Eso hará, probablemente. Nos dirá que todo ha sido obra de las mafias, que Marruecos es nuestro mejor aliado y que la culpa de la mala gestión es de Vivas. Lo de las mafias se cae por su peso. Las mafias cobran por inmigrante, y los invasores del 30/31 no pagaron nada, los puso allí Rabat para que entraran, enseñándole los dientes a Sánchez, humillado una vez más por el rey alauí. Ahora están con el cuento de que ha sido obra de la Internacional Ultraderechista, y por supuesto de Putin, que siempre es responsable. Argumento extraterrestre. Todo por no incomodar en nada al vecino del sur, que sigue con su monserga de que Ceuta y Melilla son marroquíes. Argumento que le compran tanto Washington como Tel Aviv, mientras que desde Bruselas miran para otro lado. Y Sánchez, sin cumplir con su deber. Primero, el de proteger la frontera como un país serio. Debería explicar el rechazo a la ayuda de Frontex y el motivo por el que, después de la invasión del 21, siguió todo igual: una valla vieja y unas decenas de policías como arma de disuasión. Más parece una invitación a que entren los que quieran. Sale gratis. Después está lo de gestionar el caos. Pretenden vender como normalidad lo que es intranquilidad e inseguridad. O tal vez es que haya que acostumbrarse a esta Nueva Normalidad, como le gustaba decir a Pedro en tiempos de la pandemia. No hay nueva normalidad sino anormalidad. Una situación excepcional que debe abordarse desde la excepcionalidad. Por eso han de ser repatriados los diez mil invasores que aún siguen en Ceuta. Con medidas excepcionales. Es decir, expeditivamente, llevando a los marroquíes a la frontera para entregárselos a la gendarmería alauí, tal y como ha pedido Rabat y apoya Bruselas. Esperar a los trámites de la ley de extranjería puede llevar un año, según los cálculos de Vivas. A Vivas lo quieren convertir sus excelencias los ministros en el Mazón de Ceuta. Pinchan en hueso porque Ceuta no tiene competencias. Las competencias en la ciudad son del Gobierno. El único Mazón de Ceuta se llama Sánchez.
Una situación excepcional debe abordarse con medidas excepcionales
Casi un mes después, el Gobierno continúa empantanado con Ceuta, y así seguirá durante bastante tiempo. Marruecos ha pedido que le devuelvan todos sus nacionales, menores incluidos. Europa proclama que la totalidad de los invasores deben ser regresados. Pero Sánchez no parece convencido de ello. Ahora anuncian un plan de reconstrucción, la especialidad de la casa, como ya hicieran con el Volcán, la Covid, la Dana y los incendios. Planes que acaban en nada. Apenas anuncios de intenciones para llenar los telediarios. La noticia está en que por fin el presidente ha decidido hacer algo, poniendo al frente de la crisis al gran Ángel Víctor Torres. Con lo que tenemos asegurado que la situación no mejorará, sino que irá a peor. El canario tiene buenas relaciones con la masonería. Igual eso sirve para convencer a Netanyahu y Trump de que dejen de apoyar a Mohamed. Pero más bien parece que no servirá de nada. Torres no se ha caracterizado nunca por su capacidad para la gestión o la coordinación. Fuera de sus momentos inolvidables con Aldama y el dúo Koldábalos, este ministro se caracteriza por repetir cual papagayo el argumentario monclovita. Eso hará, probablemente. Nos dirá que todo ha sido obra de las mafias, que Marruecos es nuestro mejor aliado y que la culpa de la mala gestión es de Vivas. Lo de las mafias se cae por su peso. Las mafias cobran por inmigrante, y los invasores del 30/31 no pagaron nada, los puso allí Rabat para que entraran, enseñándole los dientes a Sánchez, humillado una vez más por el rey alauí. Ahora están con el cuento de que ha sido obra de la Internacional Ultraderechista, y por supuesto de Putin, que siempre es responsable. Argumento extraterrestre. Todo por no incomodar en nada al vecino del sur, que sigue con su monserga de que Ceuta y Melilla son marroquíes. Argumento que le compran tanto Washington como Tel Aviv, mientras que desde Bruselas miran para otro lado. Y Sánchez, sin cumplir con su deber. Primero, el de proteger la frontera como un país serio. Debería explicar el rechazo a la ayuda de Frontex y el motivo por el que, después de la invasión del 21, siguió todo igual: una valla vieja y unas decenas de policías como arma de disuasión. Más parece una invitación a que entren los que quieran. Sale gratis. Después está lo de gestionar el caos. Pretenden vender como normalidad lo que es intranquilidad e inseguridad. O tal vez es que haya que acostumbrarse a esta Nueva Normalidad, como le gustaba decir a Pedro en tiempos de la pandemia. No hay nueva normalidad sino anormalidad. Una situación excepcional que debe abordarse desde la excepcionalidad. Por eso han de ser repatriados los diez mil invasores que aún siguen en Ceuta. Con medidas excepcionales. Es decir, expeditivamente, llevando a los marroquíes a la frontera para entregárselos a la gendarmería alauí, tal y como ha pedido Rabat y apoya Bruselas. Esperar a los trámites de la ley de extranjería puede llevar un año, según los cálculos de Vivas. A Vivas lo quieren convertir sus excelencias los ministros en el Mazón de Ceuta. Pinchan en hueso porque Ceuta no tiene competencias. Las competencias en la ciudad son del Gobierno. El único Mazón de Ceuta se llama Sánchez.
