Leo consternado otra muestra de acoso político a mandos de una Institución que queremos y respetamos todos, como es la Guardia Civil. Y al constatar la posición valiente del general Fernando Mora, me pregunto por qué el Ejército sí se plegó a las mismas presiones políticas y no intervino en un acto tan especialmente castrense como es la conmemoración de un 2 de mayo. ¿Hasta dónde podrá llegar la contaminación política a nuestras instituciones? Ya sé que no son nuevas. Y he clamado desde hace tiempo por la necesidad de trazar una línea bien definida entre las cadenas de mando políticas y militares. Francia lo tiene claro. Ya vieron quién acompañaba al presidente de la República el pasado 14 de julio: su jefe de las Fuerzas Armadas, no el ministro de Defensa. Y sus hospitales y dependencias no son de Defensa, sino “des Armées”. Porque, comprobada la calaña de buena parte de nuestra clase política, es suicida depender solamente de sus decisiones. Lo conocemos bien quienes surcamos campos mixtos en contacto con ellos. Y si recordamos a buenos ministros como Oliart, García Vargas o Eduardo Serra, es porque supieron separar los roles de cada uno, sabiendo de antemano que los uniformados son especialmente disciplinados y no era necesario abusar de este valor. Esta disciplina -la discutida obediencia debida- es la que está llevando a confrontaciones entre buenos generales de la Guardia Civil. Son las mismas que llevaron al general de la UME a no actuar inmediatamente en la Dana valenciana, porque hacía falta esperar el “que pidan ayuda” político. Esta espera tenía una segunda derivada. Al atisbarse un inicial grave error (Mazón) en la gestión de la Comunidad Valenciana, viendo que se podía sacar rédito político, se lanzaron a la yugular en busca de sangre, como las pirañas. No ha sido el caso del reciente incendio de Los Gallardos en Almería, donde toparon con una Junta de Andalucía bien orquestada, con técnicos con experiencia, bien apoyados por sus dirigentes políticos. Quizás también, porque esta vez han actuado otras personas más responsables, conscientes de la importancia que tiene la integración y coordinación de esfuerzos entre administraciones. He vivido sangrantes abusos de prepotencia, de apropiación de funciones, de un a la vez “dejadme solo que soy el que manda”, seguido de una búsqueda de responsables cuando han aparecido problemas debidos a accidentes o errores. Cuando cito a Fernando Mora, me acuerdo de la persecución a la que fue sometido el coronel De los Cobos, que supo defender la función de Policía Judicial de sus hombres, ante las presiones políticas de un Ministerio de Estado transmutado tristemente a un ministerio de partido. Su ascenso a general debería ser el primer decreto firmado por un nuevo gobierno. A un viejo general de cuatro estrellas le dan asco estas manipulaciones políticas, pero las digiere. Lo que le rompe el alma, es que buenos generales de la Guardia Ci
Al constatar la posición valiente del general Fernando Mora, me pregunto por qué el Ejército sí se plegó a las mismas presiones políticas
Leo consternado otra muestra de acoso político a mandos de una Institución que queremos y respetamos todos, como es la Guardia Civil. Y al constatar la posición valiente del general Fernando Mora, me pregunto por qué el Ejército sí se plegó a las mismas presiones políticas y no intervino en un acto tan especialmente castrense como es la conmemoración de un 2 de mayo.¿Hasta dónde podrá llegar la contaminación política a nuestras instituciones? Ya sé que no son nuevas. Y he clamado desde hace tiempo por la necesidad de trazar una línea bien definida entre las cadenas de mando políticas y militares. Francia lo tiene claro. Ya vieron quién acompañaba al presidente de la República el pasado 14 de julio: su jefe de las Fuerzas Armadas, no el ministro de Defensa. Y sus hospitales y dependencias no son de Defensa, sino “des Armées”.Porque, comprobada la calaña de buena parte de nuestra clase política, es suicida depender solamente de sus decisiones. Lo conocemos bien quienes surcamos campos mixtos en contacto con ellos. Y si recordamos a buenos ministros como Oliart, García Vargas o Eduardo Serra, es porque supieron separar los roles de cada uno, sabiendo de antemano que los uniformados son especialmente disciplinados y no era necesario abusar de este valor. Esta disciplina -la discutida obediencia debida- es la que está llevando a confrontaciones entre buenos generales de la Guardia Civil. Son las mismas que llevaron al general de la UME a no actuar inmediatamente en la Dana valenciana, porque hacía falta esperar el “que pidan ayuda” político. Esta espera tenía una segunda derivada. Al atisbarse un inicial grave error (Mazón) en la gestión de la Comunidad Valenciana, viendo que se podía sacar rédito político, se lanzaron a la yugular en busca de sangre, como las pirañas. No ha sido el caso del reciente incendio de Los Gallardos en Almería, donde toparon con una Junta de Andalucía bien orquestada, con técnicos con experiencia, bien apoyados por sus dirigentes políticos. Quizás también, porque esta vez han actuado otras personas más responsables, conscientes de la importancia que tiene la integración y coordinación de esfuerzos entre administraciones.He vivido sangrantes abusos de prepotencia, de apropiación de funciones, de un a la vez “dejadme solo que soy el que manda”, seguido de una búsqueda de responsables cuando han aparecido problemas debidos a accidentes o errores. Cuando cito a Fernando Mora, me acuerdo de la persecución a la que fue sometido el coronel De los Cobos, que supo defender la función de Policía Judicial de sus hombres, ante las presiones políticas de un Ministerio de Estado transmutado tristemente a un ministerio de partido. Su ascenso a general debería ser el primer decreto firmado por un nuevo gobierno.A un viejo general de cuatro estrellas le dan asco estas manipulaciones políticas, pero las digiere. Lo que le rompe el alma, es que buenos generales de la Guardia Civil
