Desde el primer momento he estado convencido de que piensa agotar la legislatura y que incluso le gustaría alargarla más allá de lo que sus antecesores no hicieron, ya que optaron por no interpretar de forma espuria la Constitución. Con Conde-Pumpido al frente del Tribunal Constitucional, convertido en un chiringuito sanchista, ha desaparecido cualquier atisbo de rigor doctrinal y es constitucional todo aquello que conviene al inquilino de La Moncloa. Nada de lo que hemos estudiado o explicado en clase tiene sentido por culpa de sus felonías. La amnistía es constitucional, porque un mal jurista así lo ha decidido. Sánchez mostró este martes en la rueda de Prensa que no piensa abandonar el relato y que dará la batalla hasta el último segundo. Es algo coherente con su personalidad. Ni siquiera lo voy a criticar, porque está en su derecho y no quiere abandonar La Moncloa. Por supuesto, su intervención fue un auténtico disparate de autocomplacencia y exaltación a mayor gloria suya, porque desborda en autoestima y tiene una corte que le sigue con una fidelidad perruna. No importa lo que diga o haga, ya que el socialismo ha desaparecido para dar paso a un culto a la personalidad que no tiene parangón en ninguna democracia. El Gobierno del PSOE dejó España en una situación catastrófica al borde del rescate. Es imposible encontrar una colección de inútiles que superen a los que hubo al frente del ministerio de Economía entre 2004 y 2011. Era un escenario de suspensión de pagos y las medidas hubieran sido devastadoras. No olvidemos que éramos y somos una de las grandes economías de la Unión Europea. Con Sánchez tenemos un Gobierno que no despierta ninguna admiración, no puede aplicar (afortunadamente) su agenda de ingeniería social y no funciona, salvo en las cuestiones ordinarias de la Administración como hemos visto con los incendios. No es ninguna genialidad de Sánchez, sino unos servicios de emergencias y la UME que son ejemplares. Estaban antes de su llegada y lo seguirán estando cuando deje el poder. Con respecto a los escándalos se ciñó al guion que repite La Moncloa y aplaude la armada mediática del sanchismo. En definitiva, agotará la legislatura y cosechará nuevos fracasos en las urnas. Al final, la corrupción sistémica y las cloacas marcarán su presidencia. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
«Al final, la corrupción sistémica y las cloacas marcarán su presidencia»
Desde el primer momento he estado convencido de que piensa agotar la legislatura y que incluso le gustaría alargarla más allá de lo que sus antecesores no hicieron, ya que optaron por no interpretar de forma espuria la Constitución. Con Conde-Pumpido al frente del Tribunal Constitucional, convertido en un chiringuito sanchista, ha desaparecido cualquier atisbo de rigor doctrinal y es constitucional todo aquello que conviene al inquilino de La Moncloa. Nada de lo que hemos estudiado o explicado en clase tiene sentido por culpa de sus felonías. La amnistía es constitucional, porque un mal jurista así lo ha decidido. Sánchez mostró este martes en la rueda de Prensa que no piensa abandonar el relato y que dará la batalla hasta el último segundo. Es algo coherente con su personalidad. Ni siquiera lo voy a criticar, porque está en su derecho y no quiere abandonar La Moncloa. Por supuesto, su intervención fue un auténtico disparate de autocomplacencia y exaltación a mayor gloria suya, porque desborda en autoestima y tiene una corte que le sigue con una fidelidad perruna. No importa lo que diga o haga, ya que el socialismo ha desaparecido para dar paso a un culto a la personalidad que no tiene parangón en ninguna democracia.El Gobierno del PSOE dejó España en una situación catastrófica al borde del rescate. Es imposible encontrar una colección de inútiles que superen a los que hubo al frente del ministerio de Economía entre 2004 y 2011. Era un escenario de suspensión de pagos y las medidas hubieran sido devastadoras. No olvidemos que éramos y somos una de las grandes economías de la Unión Europea. Con Sánchez tenemos un Gobierno que no despierta ninguna admiración, no puede aplicar (afortunadamente) su agenda de ingeniería social y no funciona, salvo en las cuestiones ordinarias de la Administración como hemos visto con los incendios. No es ninguna genialidad de Sánchez, sino unos servicios de emergencias y la UME que son ejemplares. Estaban antes de su llegada y lo seguirán estando cuando deje el poder. Con respecto a los escándalos se ciñó al guion que repite La Moncloa y aplaude la armada mediática del sanchismo. En definitiva, agotará la legislatura y cosechará nuevos fracasos en las urnas. Al final, la corrupción sistémica y las cloacas marcarán su presidencia.Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
