Muy cerca del Cotton Bowl, el estadio donde se entrena España antes de la semifinal, el Museo Afroamericano de Dallas acoge una exposición temporal sobre Nelson Mandela que llegará hasta el 1 de noviembre, el día de Todos los Santos. Mandela fue el símbolo de una Sudáfrica en la que convivieran en paz negros y blancos. Sin venganzas, sin reproches. El país en el que España ganó su primera estrella. Mandela ya era un hombre mayor y con la salud delicada. Como Sudáfrica entonces. Como Sudáfrica ahora. Todo conduce hasta allí. Hasta ese 11 de julio de 2010 en el que España ganó su único Mundial, que la selección de ahora quiere convertir solo en el primero. Las casualidades, las coincidencias, llevan hasta aquel torneo. Pero lo que sucede en el campo poco tiene que ver con la sucesión de recuerdos idealizados, con las supersticiones y las señales del destino. En el campo, en vez de Alemania, como entonces, está Francia. La selección que ha jugado las dos últimas finales de los Mundiales. La que se ha enfrentado a España en las semifinales de los dos últimos torneos siempre con el mismo resultado. España ganó en la penúltima ronda de la Eurocopa (2-1) y repitió triunfo el verano pasado en la Liga de Naciones (5-4), aunque entonces la diferencia en el juego fue mucho mayor para la Roja, que llegó a ir ganando por 5-1. En Dallas, en el estadio donde juegan los Cowboys de la NFL, el equipo de cualquier deporte con más seguidores en Estados Unidos. Son dos selecciones con distinta manera de entender el fútbol, pero la misma manera de entender la vida. Dos grupos multirraciales, multiculturales, que hablan de integración, aunque algunos se empeñen en ver una Francia sin franceses solo por el color de piel de muchos de sus jugadores. España tiene jugadores con orígenes africanos, como Nico Williams y Lamine Yamal, y hasta un francés de nacimiento, Aymeric Laporte. Y podían ser dos si Luis de la Fuente hubiera convocado a Le Normand. Francia fue pionera en la integración. En la selección que fue semifinalista en el Mundial 82 jugaban Marius Tresor, un defensa nacido en los territorios franceses de Ultramar, en Guadalupe, y Jean Tigana, que vino al mundo en Bamako, la capital de Malí. Los acompañaban varios jugadores de origen español encabezados por Manuel Amorós y el número 10 y capitán era Michel Platini, de origen italiano. A ellos se les unió un español de Tarifa nacionalizado francés, Luis Fernández, para ganar la Eurocopa 84. Ahora el brazalete y el 10 pertenecen a Mbappé, que encuentra en el Mundial su hábitat natural. Es el máximo goleador del torneo igualado con Messi y está a solo un gol del argentino en la clasificación histórica de los Mundiales, aunque ha jugado la mitad de torneos –tres, por los seis de Leo– y diez partidos menos. En España el 10 pertenece a Dani Olmo y el brazalete a Rodri, pero es Lamine Yamal el que concentra la atención. Cuando España ganó el Mundial en 2010 era
En España todo conduce a esa estrella que ganó en 2010. Francia busca su tercera final consecutiva
Muy cerca del Cotton Bowl, el estadio donde se entrena España antes de la semifinal, el Museo Afroamericano de Dallas acoge una exposición temporal sobre Nelson Mandela que llegará hasta el 1 de noviembre, el día de Todos los Santos. Mandela fue el símbolo de una Sudáfrica en la que convivieran en paz negros y blancos. Sin venganzas, sin reproches. El país en el que España ganó su primera estrella. Mandela ya era un hombre mayor y con la salud delicada. Como Sudáfrica entonces. Como Sudáfrica ahora.Todo conduce hasta allí. Hasta ese 11 de julio de 2010 en el que España ganó su único Mundial, que la selección de ahora quiere convertir solo en el primero. Las casualidades, las coincidencias, llevan hasta aquel torneo.Pero lo que sucede en el campo poco tiene que ver con la sucesión de recuerdos idealizados, con las supersticiones y las señales del destino. En el campo, en vez de Alemania, como entonces, está Francia. La selección que ha jugado las dos últimas finales de los Mundiales. La que se ha enfrentado a España en las semifinales de los dos últimos torneos siempre con el mismo resultado. España ganó en la penúltima ronda de la Eurocopa (2-1) y repitió triunfo el verano pasado en la Liga de Naciones (5-4), aunque entonces la diferencia en el juego fue mucho mayor para la Roja, que llegó a ir ganando por 5-1. En Dallas, en el estadio donde juegan los Cowboys de la NFL, el equipo de cualquier deporte con más seguidores en Estados Unidos.Son dos selecciones con distinta manera de entender el fútbol, pero la misma manera de entender la vida. Dos grupos multirraciales, multiculturales, que hablan de integración, aunque algunos se empeñen en ver una Francia sin franceses solo por el color de piel de muchos de sus jugadores. España tiene jugadores con orígenes africanos, como Nico Williams y Lamine Yamal, y hasta un francés de nacimiento, Aymeric Laporte. Y podían ser dos si Luis de la Fuente hubiera convocado a Le Normand.Francia fue pionera en la integración. En la selección que fue semifinalista en el Mundial 82 jugaban Marius Tresor, un defensa nacido en los territorios franceses de Ultramar, en Guadalupe, y Jean Tigana, que vino al mundo en Bamako, la capital de Malí. Los acompañaban varios jugadores de origen español encabezados por Manuel Amorós y el número 10 y capitán era Michel Platini, de origen italiano. A ellos se les unió un español de Tarifa nacionalizado francés, Luis Fernández, para ganar la Eurocopa 84.Ahora el brazalete y el 10 pertenecen a Mbappé, que encuentra en el Mundial su hábitat natural. Es el máximo goleador del torneo igualado con Messi y está a solo un gol del argentino en la clasificación histórica de los Mundiales, aunque ha jugado la mitad de torneos –tres, por los seis de Leo– y diez partidos menos.En España el 10 pertenece a Dani Olmo y el brazalete a Rodri, pero es Lamine Yamal el que concentra la atención. Cuando España ganó el Mundial en 2010 era apena
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