La politización de los dos principales sindicatos es algo tan evidente que no produce ninguna sorpresa. UGT y Comisiones Obreras están al servicio del sanchismo. Es una realidad que contrasta con lo que es el sindicalismo en los países de nuestro entorno. La convocatoria de una huelga claramente política, aunque se haya utilizado un subterfugio para no reconocerlo, produce estupor, ya que se celebrará a pocos días de unas elecciones generales. Nunca he cuestionado la necesidad de tener unos sindicatos. No solo porque la Constitución les otorga, al igual que a las organizaciones empresariales, un papel muy importante. Mi crítica se sustenta en que se han convertido, una vez más, en la correa de transmisión de los intereses de los socialistas y los comunistas. Estos dos sindicatos no están preocupados por las necesidades de los trabajadores y los desempleados, así como de la economía. Sus dirigentes se han convertido en una casta privilegiada que vive a costa de los Presupuestos del Estado. Su activismo partidista se constata, precisamente, en la huelga que han convocado contra la oposición. Su objetivo es que no gobierne el centro derecha y es importante recordar que no se movilizan nunca contra el Gobierno socialista comunista. Hay numerosas razones para hacerlo, pero desde luego no les interesan. Por otra parte, saben muy bien que el PP les mantendrá los privilegios que gozan y seguirán siendo fieles aliados, tanto del PSOE como de Frente Hundido, sea cual sea el nombre que tenga esa amalgama a partir de su derrota en las elecciones generales. Ayuso estuvo tan dura como acertada al afirmar que estamos secuestrados por una mafia sindical. Es un término, lógicamente figurado, pero muy clarificador de lo que se está viviendo tanto en la Comunidad de Madrid, como lo que sucederá con esa convocatoria de huelga que no debería de ser legal. Esto último lo señalo porque todo el mundo sabe que lo que subyace en ese apoyo a una huelga política es pagar a Sánchez los muchos favores y los ingentes recursos que ha entregado arbitrariamente a UGT y Comisiones Obreras. Me gustaría que en lugar de asumir ese papel, abrieran una etapa de reflexión para orientar su labor a la auténtica defensa de los trabajadores, los desempleados y la economía en general.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
«Ayuso estuvo tan dura como acertada al afirmar que estamos secuestrados por una mafia sindical»
La politización de los dos principales sindicatos es algo tan evidente que no produce ninguna sorpresa. UGT y Comisiones Obreras están al servicio del sanchismo. Es una realidad que contrasta con lo que es el sindicalismo en los países de nuestro entorno. La convocatoria de una huelga claramente política, aunque se haya utilizado un subterfugio para no reconocerlo, produce estupor, ya que se celebrará a pocos días de unas elecciones generales. Nunca he cuestionado la necesidad de tener unos sindicatos. No solo porque la Constitución les otorga, al igual que a las organizaciones empresariales, un papel muy importante. Mi crítica se sustenta en que se han convertido, una vez más, en la correa de transmisión de los intereses de los socialistas y los comunistas. Estos dos sindicatos no están preocupados por las necesidades de los trabajadores y los desempleados, así como de la economía. Sus dirigentes se han convertido en una casta privilegiada que vive a costa de los Presupuestos del Estado. Su activismo partidista se constata, precisamente, en la huelga que han convocado contra la oposición. Su objetivo es que no gobierne el centro derecha y es importante recordar que no se movilizan nunca contra el Gobierno socialista comunista. Hay numerosas razones para hacerlo, pero desde luego no les interesan. Por otra parte, saben muy bien que el PP les mantendrá los privilegios que gozan y seguirán siendo fieles aliados, tanto del PSOE como de Frente Hundido, sea cual sea el nombre que tenga esa amalgama a partir de su derrota en las elecciones generales. Ayuso estuvo tan dura como acertada al afirmar que estamos secuestrados por una mafia sindical. Es un término, lógicamente figurado, pero muy clarificador de lo que se está viviendo tanto en la Comunidad de Madrid, como lo que sucederá con esa convocatoria de huelga que no debería de ser legal. Esto último lo señalo porque todo el mundo sabe que lo que subyace en ese apoyo a una huelga política es pagar a Sánchez los muchos favores y los ingentes recursos que ha entregado arbitrariamente a UGT y Comisiones Obreras. Me gustaría que en lugar de asumir ese papel, abrieran una etapa de reflexión para orientar su labor a la auténtica defensa de los trabajadores, los desempleados y la economía en general.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
