Gabriel Rufián esbozó su clásica sonrisa pícara desde lo alto de la tribuna de oradores del Congreso, alabó a Pedro Sánchez por su posición ante la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán y lo coronó con una pequeña maldad:. Seguir leyendo
Gabriel Rufián esbozó su clásica sonrisa pícara desde lo alto de la tribuna de oradores del Congreso, alabó a Pedro Sánchez por su posición ante la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán y lo coronó con una pequeña maldad:. Hay que reconocer que ha tenido visión … y también potra. Su potra es legendaria.. A la apreciación del portavoz de ERC, el presidente respondió con otra sonrisa irónica, mientras negaba levemente con la cabeza:. -Dice el señor Rufián que yo tengo potra… Hombre, no sé yo… La pandemia, el volcán, las danas, la guerra en Ucrania, la guerra en Gaza, en el Líbano, en Irán…. Ocurrió el pasado 25 de marzo y en la retahíla Sánchez se dejó el gran apagón de casi un año antes y el accidente de Adamuz dos meses atrás, con un balance final de 46 fallecidos. Olvidos aparte, cuatro meses después de aquel intercambio parlamentario entre Sánchez y Rufián, el presidente podría añadir otras dos emergencias, en este caso encadenadas: el mayor incendio forestal de la historia de España y la irrupción en pocas horas de más de 70.000 migrantes que atravesaron la frontera de Ceuta con Marruecos como si fuera papel de fumar.. Además de la baraka a la que aludía Rufián -o enunciada de otra manera- a Sánchez le ha acompañado la leyenda resumida en el título de aquella especie de libro de memorias, Manual de Resistencia. Se publicó en 2019 y evocaba las zancadillas políticas que el líder socialista había sorteado para alcanzar La Moncloa. Simples pellizcos en comparación con lo que ha tenido que vivir desde entonces.. “¿Cuál será la próxima emergencia?”, se preguntan en el Gobierno. Las últimas han llegado a pares. Nadie lo puede atestiguar mejor que Fernando Grande-Marlaska. El ministro del Interior estaba el jueves 30 de julio en Ávila, siguiendo las tareas de extinción del macroincendio que ha superado todas las marcas conocidas en España, y al día siguiente tuvo que salir a toda prisa para Ceuta, ante la mayor crisis migratoria que se recuerda. “Angustiado”, lo describe otro miembro del Ejecutivo que habló ese día con él.. El primer Gobierno de coalición en el poder central en España desde la Segunda República se estrenó en el Consejo de Ministros el 14 de enero de 2020. Justo dos meses después, el 14 de marzo, se veía abocado a decretar el confinamiento de la población ante una pandemia como no había sufrido el planeta en el último siglo. Desde entonces, se ha sucedido cada año una emergencia de primer nivel -de esas susceptibles de etiquetarse de “históricas”- solo con una tregua entre 2022 y 2024, periodo en el que se celebraron las elecciones de julio de 2023 que permitieron a Sánchez romper los pronósticos y revalidar su Gobierno a pesar de que el PP le superase en votos.. Antes de este julio que ha terminado entre llamas desbocadas y un éxodo humano cuyas imágenes han asombrado a todo el planeta, los principales hitos habían sido: erupción del volcán de La Palma (19 de septiembre de 2021), invasión rusa de Ucrania (24 de febrero de 2022), dana de Valencia (29 de octubre de 2024), apagón sin precedentes en todo el territorio (28 de abril de 2025), accidente de Adamuz (18 de enero de 2026) y guerra contra Irán (28 de febrero de 2026). Ese lúgubre inventario se podría acrecentar con la terrible oleada de incendios el pasado año, que ya entonces alcanzó cotas de destrucción nunca registradas hasta que este julio las rebasó con creces. Y dejando al margen otras crisis de diferente índole, tal vez más devastadoras políticamente para el Gobierno: las investigaciones judiciales y los casos de corrupción que se han llevado por delante a algunos de los hombres de mayor confianza de Sánchez.. Seguramente este Gobierno y los que vengan deberán irse acostumbrando a una tendencia que parece fruto de los tiempos y del estado del mundo. “Lo improbable es políticamente cada vez más decisivo porque lo que antes era improbable ahora cada vez lo es menos”, sentencia Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política de la Universidad del País Vasco y del Instituto Europeo de Florencia. A la política tradicional le cuesta enfrentarse a este panorama, apunta Innerarity: “Tenemos unos sistemas políticos en los que hay pocos incentivos para los gobiernos a la hora de prepararse para cosas improbables que requieren esfuerzos, atención y recursos, y que no tienen una gratificación en términos electorales. Pero la dana de Valencia o ahora lo de Ceuta muestran que los políticos han caído en la cuenta de que eran cosas que antes pasaban poco y ahora pasan más. Y que si te pillan mal preparado, pueden acabar contigo”.. Las lecturas políticas de cada una de esas crisis han sido un combate más entre esas dos Españas enfrentadas en torno a la figura de Sánchez. Sus seguidores recurren a la lista de sucesos para alabar la respuesta del Gobierno y agrandar el mito del gran resistente. Sus detractores la han recuperado estos días para lo contrario: atribuirlos a la pretendida incompetencia del Ejecutivo y pintar la imagen de un país caótico o incluso de un “Estado fallido”, consigna que los más ultras pregonan a cada episodio.. En la pandemia, el Gobierno ideó un instrumento, los ERTE, que le ha servido de guía para intentar paliar los efectos de las crisis subsiguientes y subrayar su lema de que este Ejecutivo “no deja a nadie atrás”. Ahora mismo acaba de adaptar ese patrón a las empresas y trabajadores cuya actividad ha sido afectada por los incendios en Madrid y Ávila. Y el Ministerio de Trabajo también estudia fórmulas para compensar a los negocios que han tenido que cerrar unos días en Ceuta.. “La oposición del PP ha sido esperar que algunas de estas crisis reviente al Gobierno y eso le ahorre el trabajo de presentar una alternativa factible y atractiva”, analiza Innerarity. Pero, con los datos demoscópicos en la mano, y al menos hasta ahora, ninguno de estos episodios parece haber supuesto un gran desgaste. A diferencia de cuando estallaron escándalos de corrupción como los de José Luis Ábalos y Santos Cerdán, el barómetro de 40dB. para EL PAÍS y la SER no advirtió coste electoral para el PSOE después de cada una de esas crisis. Tras la dana de Valencia incluso experimentó un pequeño repunte. Y pese a todo el ruido político con la pandemia, a finales de 2020 la encuestadora GAD3 mantenía al partido de Sánchez en el mismo porcentaje que en las elecciones de un año antes.. Belén Barreiro, directora de 40dB., subraya que las pérdidas del PSOE se concentran en sus votantes de centro por otros motivos, la corrupción y principalmente las concesiones al independentismo. Esas fugas las compensa ampliando el espacio a su izquierda, a costa de debilitar a sus aliados. “Después de los veranos, con los incendios, se detecta incluso mayor conciencia ecologista y eso favorece a la izquierda”, resalta. Otra cosa es la crisis de Ceuta, susceptible de pasar facturas mayores. A raíz del proceso de regularización, el instituto demoscópico ya detectó que la inmigración es un asunto sensible entre la clase trabajadora y “divisivo y complejo para la izquierda”.
Desde la pandemia, el Ejecutivo de coalición ha afrontado una crisis tras otra, pero los datos apuntan a que ese no ha sido el motivo principal de su desgaste
