Junto a Nacho Pardo y Sandra Romero, defiende una ficción sin moralejas fáciles, marcada por diálogos frenéticos y personajes que no convierten su malestar en una coartada
Quizá sea verdad que «Se tiene que morir mucha gente». A cualquiera que vea el título de la nueva serie de Movistar Plus+ se le vendrán a la cabeza unos cuantos nombres. Desde luego, ninguno de ellos es el de Victoria Martín (Madrid, 1989), Sandra Romero (Écija, 1993) y Nacho Pardo. El tándem creativo detrás de la comedia de moda ha charlado con LA RAZÓN sobre el proceso detrás del que ya es uno de los grandes éxitos de la plataforma.. Habéis citado como referencias «Fleabag» o «Master of None», pero hay una diferencia importante: en ellas, la persona que sostiene la voz autoral también está en pantalla. En vuestra serie, Victoria no está presente y, aun así, su voz se nota muchísimo. ¿Cómo se consigue eso?. Victoria: Yo no quería salir porque creo que una tiene que saber qué hace bien y qué hace mal, y conocer sus limitaciones. No iba a hacer pasar por eso a nadie. Pero creo que la entrada de Sandra fue fundamental, porque le dio a la serie un tono y una capacidad para entender a los personajes desde un lugar muy naturalista, aunque la serie fuera un poco loca, un poco punk. Sandra le dio esa entidad.. Sandra: Desde el principio teníamos muy claro que Vicky tiene un sentido del humor y una forma de trabajar la comedia muy específicos, muy ligados a su personalidad. Había que proteger eso absolutamente. Hasta ahora conocíamos a Vicky como una mezcla entre ella misma y lo que escribe; aquí, al separarla en tres personajes y convertirlo todo en una ficción, lo importante era dar entidad propia a cada uno sin perder de vista su comedia y su sentido del humor. Que la veáis en los personajes es muy buena señal, porque era justo lo que queríamos preservar, aunque intentáramos llevarlo hacia el naturalismo.. Victoria: También era muy importante el ritmo de los diálogos: que fueran frenéticos, que se hablara mucho, que los personajes se pisaran. Queríamos que todo fuera muy rápido, porque las conversaciones funcionan así en la vida, y nos gustaba que eso se transmitiera.. Nacho: Me gusta que lo percibas así porque, de hecho, uno de los comentarios que más he escuchado sobre el libro de Victoria es que la gente lo leía con su voz. Para quienes estamos a su alrededor, el reto era respetar esa voz hasta el final. Que se vea así en la serie es un halago, porque era exactamente lo que buscábamos.. ¿Cómo se consigue esa naturalidad en los diálogos cuando, al mismo tiempo, hay chistes y gags que están escritos y tienen que entrar con precisión?. Sandra: Fue un proceso muy compartido con ellos dos. Durante los ensayos, Vicky reescribió casi todas las escenas: a veces una palabra, a veces bastante más. Teníamos claro que las situaciones que más gracia hacen son las que te crees de verdad. No aquellas en las que se nota la mano del creador o del director empujando los diálogos o las situaciones. Es una teoría que tiene mucha gente desde que se inventó el cine.. Victoria:Desde los Lumière.(Ríe). Sandra: Bueno, desde que se inventó el cine sonoro. La cuestión era encontrar ese equilibrio. En los ensayos y también durante el rodaje, Vicky estaba muy pendiente de que ninguna escena cruzara ciertas líneas de tono. Había que proteger la comedia, claro: la escena tenía que hacer gracia. Pero sentíamos que precisamente hacía gracia porque te creías la situación. Si algo es completamente inverosímil, si no te crees a los actores o si los propios actores no se creen lo que están diciendo, todo decae.. Nacho: Y a eso hay que sumar que tenemos unas actrices increíbles.. Victoria: Sí, son increíbles. Y el proceso estuvo vivo hasta el final. Por ejemplo, la escena en la que Maca pega a Bárbara no estaba escrita así. Hablando con ellas justo antes de rodar, se me ocurrió que Laura pegara a Anna Castillo en ese momento. Había algo de verdad ahí. Nos obsesionaba que todo permaneciera muy vivo.. Uno de los grandes temas de la serie es esa tendencia actual a utilizar la autoayuda o la cultura de la terapia para justificarlo absolutamente todo. Bárbara está mal, pero la serie no intenta justificarla por completo. ¿Cómo trabajasteis ese equilibrio desde el guion?. Victoria: Bárbara verbaliza constantemente que quiere que todo el mundo la entienda. Dice muchas veces que tiene depresión, que está mal. Pero la serie también plantea: de acuerdo, eso no justifica que seas una persona horrible. Hay algo de eso que vemos mucho ahora. No hablo solo de Bárbara, sino de cierta tendencia a convertir cualquier malestar en una forma de reclamar atención o de sentirse especial. Creo que nos estamos yendo a lugares un poco oscuros, donde mucha gente quiere ser especial todo el tiempo. En la serie hay una conversación con la madre que va justo de eso: de decirle “te jodes”, no eres tan especial.. Nacho: Hay que dejar claro que tener un problema de salud mental no es una pulserita VIP para caminar por la vida. No debería convertirse ni en tu estandarte ni en tu único rasgo de identidad.. Otra cosa interesante de la serie es que los personajes no necesitan aprender una gran lección ni ser ejemplares. Hay una tendencia, sobre todo cuando se representan problemas de salud mental, discapacidad o cualquier experiencia vulnerable, a exigir que esos personajes sean buenas personas o den una lección al espectador. ¿Por qué era importante escapar de eso?. Victoria: Porque no son personajes aspiracionales. Al contrario: son personajes a los que no te quieres parecer, aunque probablemente te parezcas más a ellos que a otros personajes mucho más idealizados. Yo no quería que vivieran una transformación de 180 grados, ese viaje del héroe en el que de repente alguien aprende una lección y cambia por completo. Creo que sí se dan cuenta de cosas. Se dan cuenta de que tienen personalidades de mierda. Pero, más que cambiar radicalmente, maduran en la forma de afrontar lo que son con un poco más de honestidad. Para mí, ese es el mensaje de la serie: eres lo que eres, quizá no te gusta y te tienes que aguantar con eso. Podrás hacer pequeños cambios en tu vida, pero no vas a transformarte de manera radical. Yo no conozco a nadie que haya cambiado de verdad a cierta edad.. Nacho: La obsesión por contarlo así viene de que la vida es así. Está muy bien ver ficción feelgood o personajes que te entretengan de otra manera, pero nosotros queríamos contar algo más cercano a lo que vemos en la vida real. Y, normalmente, la gente no aprende una lección y de repente se vuelve maravillosa.
Quizá sea verdad que «Se tiene que morir mucha gente». A cualquiera que vea el título de la nueva serie de Movistar Plus+ se le vendrán a la cabeza unos cuantos nombres. Desde luego, ninguno de ellos es el de Victoria Martín (Madrid, 1989), Sandra Romero (Écija, 1993) y Nacho Pardo. El tándem creativo detrás de la comedia de moda ha charlado con LA RAZÓN sobre el proceso detrás del que ya es uno de los grandes éxitos de la plataforma.. Habéis citado como referencias «Fleabag» o «Master of None», pero hay una diferencia importante: en ellas, la persona que sostiene la voz autoral también está en pantalla. En vuestra serie, Victoria no está presente y, aun así, su voz se nota muchísimo. ¿Cómo se consigue eso?. Victoria: Yo no quería salir porque creo que una tiene que saber qué hace bien y qué hace mal, y conocer sus limitaciones. No iba a hacer pasar por eso a nadie. Pero creo que la entrada de Sandra fue fundamental, porque le dio a la serie un tono y una capacidad para entender a los personajes desde un lugar muy naturalista, aunque la serie fuera un poco loca, un poco punk. Sandra le dio esa entidad.. Sandra: Desde el principio teníamos muy claro que Vicky tiene un sentido del humor y una forma de trabajar la comedia muy específicos, muy ligados a su personalidad. Había que proteger eso absolutamente. Hasta ahora conocíamos a Vicky como una mezcla entre ella misma y lo que escribe; aquí, al separarla en tres personajes y convertirlo todo en una ficción, lo importante era dar entidad propia a cada uno sin perder de vista su comedia y su sentido del humor. Que la veáis en los personajes es muy buena señal, porque era justo lo que queríamos preservar, aunque intentáramos llevarlo hacia el naturalismo.. Victoria: También era muy importante el ritmo de los diálogos: que fueran frenéticos, que se hablara mucho, que los personajes se pisaran. Queríamos que todo fuera muy rápido, porque las conversaciones funcionan así en la vida, y nos gustaba que eso se transmitiera.. Nacho: Me gusta que lo percibas así porque, de hecho, uno de los comentarios que más he escuchado sobre el libro de Victoria es que la gente lo leía con su voz. Para quienes estamos a su alrededor, el reto era respetar esa voz hasta el final. Que se vea así en la serie es un halago, porque era exactamente lo que buscábamos.. ¿Cómo se consigue esa naturalidad en los diálogos cuando, al mismo tiempo, hay chistes y gags que están escritos y tienen que entrar con precisión?. Sandra: Fue un proceso muy compartido con ellos dos. Durante los ensayos, Vicky reescribió casi todas las escenas: a veces una palabra, a veces bastante más. Teníamos claro que las situaciones que más gracia hacen son las que te crees de verdad. No aquellas en las que se nota la mano del creador o del director empujando los diálogos o las situaciones. Es una teoría que tiene mucha gente desde que se inventó el cine.. Victoria: Desde los Lumière. (Ríe). Sandra: Bueno, desde que se inventó el cine sonoro. La cuestión era encontrar ese equilibrio. En los ensayos y también durante el rodaje, Vicky estaba muy pendiente de que ninguna escena cruzara ciertas líneas de tono. Había que proteger la comedia, claro: la escena tenía que hacer gracia. Pero sentíamos que precisamente hacía gracia porque te creías la situación. Si algo es completamente inverosímil, si no te crees a los actores o si los propios actores no se creen lo que están diciendo, todo decae.. Nacho: Y a eso hay que sumar que tenemos unas actrices increíbles.. Victoria: Sí, son increíbles. Y el proceso estuvo vivo hasta el final. Por ejemplo, la escena en la que Maca pega a Bárbara no estaba escrita así. Hablando con ellas justo antes de rodar, se me ocurrió que Laura pegara a Anna Castillo en ese momento. Había algo de verdad ahí. Nos obsesionaba que todo permaneciera muy vivo.. Uno de los grandes temas de la serie es esa tendencia actual a utilizar la autoayuda o la cultura de la terapia para justificarlo absolutamente todo. Bárbara está mal, pero la serie no intenta justificarla por completo. ¿Cómo trabajasteis ese equilibrio desde el guion?. Victoria: Bárbara verbaliza constantemente que quiere que todo el mundo la entienda. Dice muchas veces que tiene depresión, que está mal. Pero la serie también plantea: de acuerdo, eso no justifica que seas una persona horrible. Hay algo de eso que vemos mucho ahora. No hablo solo de Bárbara, sino de cierta tendencia a convertir cualquier malestar en una forma de reclamar atención o de sentirse especial. Creo que nos estamos yendo a lugares un poco oscuros, donde mucha gente quiere ser especial todo el tiempo. En la serie hay una conversación con la madre que va justo de eso: de decirle “te jodes”, no eres tan especial.. Nacho: Hay que dejar claro que tener un problema de salud mental no es una pulserita VIP para caminar por la vida. No debería convertirse ni en tu estandarte ni en tu único rasgo de identidad.. Otra cosa interesante de la serie es que los personajes no necesitan aprender una gran lección ni ser ejemplares. Hay una tendencia, sobre todo cuando se representan problemas de salud mental, discapacidad o cualquier experiencia vulnerable, a exigir que esos personajes sean buenas personas o den una lección al espectador. ¿Por qué era importante escapar de eso?. Victoria: Porque no son personajes aspiracionales. Al contrario: son personajes a los que no te quieres parecer, aunque probablemente te parezcas más a ellos que a otros personajes mucho más idealizados. Yo no quería que vivieran una transformación de 180 grados, ese viaje del héroe en el que de repente alguien aprende una lección y cambia por completo. Creo que sí se dan cuenta de cosas. Se dan cuenta de que tienen personalidades de mierda. Pero, más que cambiar radicalmente, maduran en la forma de afrontar lo que son con un poco más de honestidad. Para mí, ese es el mensaje de la serie: eres lo que eres, quizá no te gusta y te tienes que aguantar con eso. Podrás hacer pequeños cambios en tu vida, pero no vas a transformarte de manera radical. Yo no conozco a nadie que haya cambiado de verdad a cierta edad.. Nacho: La obsesión por contarlo así viene de que la vida es así. Está muy bien ver ficción feelgood o personajes que te entretengan de otra manera, pero nosotros queríamos contar algo más cercano a lo que vemos en la vida real. Y, normalmente, la gente no aprende una lección y de repente se vuelve maravillosa.
