Ideas delirantes, alucinaciones, comportamiento desorganizado o agitación extrema son algunos de los síntomas de la esquizofrenia; una de las enfermedades más estigmatizadas a nivel mundial. Con el fin de evidenciar su verdadero impacto, el informe «Más allá de lo visible: descubriendo los factores ocultos y el impacto del estigma en la esquizofrenia», elaborado por Teva, señala el momento del diagnóstico de la enfermedad como el punto de partida en el que se produce una gran estigmatización hacia los pacientes. De hecho, «una de las circunstancias más delicadas es cuando se produce el primer episodio psicótico y la comunicación del diagnóstico. Habitualmente coincide con la adolescencia tardía o el inicio de la vida adulta, una etapa clave para la construcción de la identidad, la formación académica, el acceso al empleo y las relaciones sociales», explica la doctora Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (Sepsm) y jefe de sección de Unidades Especiales del Hospital Clínico San Carlos, en Madrid. Su esperanza de vida es 9 años menor que la de la población general, según la OMS, y entre 15 y 20 años, según diferentes estudios. Y eso en parte se debe a complicaciones de salud física, a que llevan un estilo de vida menos saludable, con mayor incidencia de tabaquismo, y una mayor tasa de mortalidad por suicidios debido a síntomas depresivos, ideas delirantes de persecución y el impacto emocional del diagnóstico en jóvenes. Según el informe de Teva, el 64% de las personas diagnosticadas con esquizofrenia temen que nunca podrán llevar una vida normal. El profundo estigma que históricamente ha rodeado a la esquizofrenia constituye, según la doctora Díaz Marsá, «una segunda carga de la enfermedad, ya que dificulta la adherencia terapéutica, favorece el aislamiento social, reduce las oportunidades educativas y laborales y aumenta el riesgo de depresión, desesperanza e incluso de conducta suicida». La esquizofrenia es una de las enfermedades de salud mental más incomprendidas. Esta realidad supone una barrera que agrava las consecuencias que sufren los pacientes con esquizofrenia a diario. Sin ir más lejos, el informe elaborado refleja que el 65% de las personas con esquizofrenia asegura que rara vez tienen un buen día. Una sensación que se relaciona con su bienestar, ya que presentan tasas más altas de depresión y trastorno de ansiedad, así como un mayor riesgo de padecer enfermedad cardiovascular, diabetes, asma, EPOC y cáncer. El entorno social también se convierte en un problema para las personas con esquizofrenia debido a su condición. Casi la mitad de ellas afirma no tener a nadie que le haga sentirse querido y el 42% asegura que a menudo no tiene a nadie a quien pedir consejo sobre sus problemas personales. Debido a la dificultad para establecer y mantener relaciones por parte de los pacientes, los familiares suelen ser quienes ejercen esta labor. Si
El 64% de los pacientes con esquizofrenia sufre este profundo estigma
Ideas delirantes, alucinaciones, comportamiento desorganizado o agitación extrema son algunos de los síntomas de la esquizofrenia; una de las enfermedades más estigmatizadas a nivel mundial.Con el fin de evidenciar su verdadero impacto, el informe «Más allá de lo visible: descubriendo los factores ocultos y el impacto del estigma en la esquizofrenia», elaborado por Teva, señala el momento del diagnóstico de la enfermedad como el punto de partida en el que se produce una gran estigmatización hacia los pacientes.De hecho, «una de las circunstancias más delicadas es cuando se produce el primer episodio psicótico y la comunicación del diagnóstico. Habitualmente coincide con la adolescencia tardía o el inicio de la vida adulta, una etapa clave para la construcción de la identidad, la formación académica, el acceso al empleo y las relaciones sociales», explica la doctora Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (Sepsm) y jefe de sección de Unidades Especiales del Hospital Clínico San Carlos, en Madrid.Su esperanza de vida es 9 años menor que la de la población general, según la OMS, y entre 15 y 20 años, según diferentes estudios. Y eso en parte se debe a complicaciones de salud física, a que llevan un estilo de vida menos saludable, con mayor incidencia de tabaquismo, y una mayor tasa de mortalidad por suicidios debido a síntomas depresivos, ideas delirantes de persecución y el impacto emocional del diagnóstico en jóvenes.Según el informe de Teva, el 64% de las personas diagnosticadas con esquizofrenia temen que nunca podrán llevar una vida normal. El profundo estigma que históricamente ha rodeado a la esquizofrenia constituye, según la doctora Díaz Marsá, «una segunda carga de la enfermedad, ya que dificulta la adherencia terapéutica, favorece el aislamiento social, reduce las oportunidades educativas y laborales y aumenta el riesgo de depresión, desesperanza e incluso de conducta suicida».La esquizofrenia es una de las enfermedades de salud mental más incomprendidas. Esta realidad supone una barrera que agrava las consecuencias que sufren los pacientes con esquizofrenia a diario. Sin ir más lejos, el informe elaborado refleja que el 65% de las personas con esquizofrenia asegura que rara vez tienen un buen día. Una sensación que se relaciona con su bienestar, ya que presentan tasas más altas de depresión y trastorno de ansiedad, así como un mayor riesgo de padecer enfermedad cardiovascular, diabetes, asma, EPOC y cáncer.El entorno social también se convierte en un problema para las personas con esquizofrenia debido a su condición. Casi la mitad de ellas afirma no tener a nadie que le haga sentirse querido y el 42% asegura que a menudo no tiene a nadie a quien pedir consejo sobre sus problemas personales.Debido a la dificultad para establecer y mantener relaciones por parte de los pacientes, los familiares suelen ser quienes ejercen esta labor. Sin embar
