Zinedine Zidane es el nuevo seleccionador de Francia después de que los «bleus» de Didier Deschamps cayeron eliminados en las semifinales del pasado Mundial ante España. Campeón mundial como jugador en 1998, ganador de tres Champions seguidas como entrenador del Real Madrid y emblema del fútbol a finales de los 90 e inicios de los 2000; con un currículum envidiable, Zidane, de 54 años, asume el desafío de reconstruir una selección francesa deprimida y en busca de una identidad. Símbolo en Francia de la generación de 1998 «black-blanc-beur» (negro-blanco-magrebí), que supuso una revolución cultural, social y política a finales del siglo pasado, Zidane regresa a su país natal después de 30 años de trayectoria en el extranjero. La última vez que Zidane se desempeñó en Francia fue en el Girondins de Burdeos (1992-1996). Desde entonces, los aficionados franceses se habían contentado con verlo de cerca durante ciertos partidos con el combinado tricolor, al que representó 108 veces. El marsellés de origen argelino llega al puesto que siempre ansió tras pasar cinco años alejado de los banquillos, después de una última experiencia amarga en el Real Madrid que terminó en 2021. La tarea que le aguarda ahora es colosal: dotar de una identidad de juego a los «Bleus» de Kylian Mbappé y Ousmane Dembélé, y mejorar los impresionantes resultados de su antiguo compañero de selección, Didier Deschamps, quien guio a Francia hacia el Santo Grial en 2018, además de la final de 2022 -perdida ante la Argentina de Lionel Messi-, tras 14 años de servicio. El Balón de Oro de 1998 tiene, sobre el papel, lo necesario para cumplir con las exigencias de los bicampeones del mundo (1998 y 2018). Cuenta con experiencia al más alto nivel como jugador (campeón del mundo, de la Eurocopa de 2000 y de la Liga de Campeones con el Real Madrid en 2002) y como técnico; de hecho, logró en el banquillo merengue encadenar tres Champions seguidas (2016, 2017 y 2018), un hito inédito hasta la fecha. Está, además, acostumbrado a lidiar con los egos de superestrellas mundiales, como lo fueron en su época Cristiano Ronaldo, Gareth Bale o Karim Benzema, semejantes a los que se encontrará en el vestuario francés con Mbappé o Dembélé. Su cultura futbolística, que mezcla las influencias de Francia, Italia (donde fue estrella del Juventus de Turín durante cinco años) y España, también puede convertirse en un plus. Aunque Deschamps fue el capitán que levantó la Copa del Mundo en 1998, el nombre que quedó grabado en el corazón de los franceses aquel 12 de julio fue el de Zidane, autor de dos de los tres goles de la final ganada en el Stade de France ante la Brasil de Ronaldo (3-0). De carácter reservado y sin una palabra más alta que la otra, «Zizou» es un líder por el ejemplo más que por la palabra. E incluso cuando su actitud estuvo lejos de ser modélica, como el cabezazo que propinó a Marco Materazzi en la final del Mundial de 2006 perdida
Su última experiencia en los banquillos fue con el Real Madrid hasta 2021
Zinedine Zidane es el nuevo seleccionador de Francia después de que los «bleus» de Didier Deschamps cayeron eliminados en las semifinales del pasado Mundial ante España.Campeón mundial como jugador en 1998, ganador de tres Champions seguidas como entrenador del Real Madrid y emblema del fútbol a finales de los 90 e inicios de los 2000; con un currículum envidiable, Zidane, de 54 años, asume el desafío de reconstruir una selección francesa deprimida y en busca de una identidad.Símbolo en Francia de la generación de 1998 «black-blanc-beur» (negro-blanco-magrebí), que supuso una revolución cultural, social y política a finales del siglo pasado, Zidane regresa a su país natal después de 30 años de trayectoria en el extranjero.La última vez que Zidane se desempeñó en Francia fue en el Girondins de Burdeos (1992-1996). Desde entonces, los aficionados franceses se habían contentado con verlo de cerca durante ciertos partidos con el combinado tricolor, al que representó 108 veces.El marsellés de origen argelino llega al puesto que siempre ansió tras pasar cinco años alejado de los banquillos, después de una última experiencia amarga en el Real Madrid que terminó en 2021.La tarea que le aguarda ahora es colosal: dotar de una identidad de juego a los «Bleus» de Kylian Mbappé y Ousmane Dembélé, y mejorar los impresionantes resultados de su antiguo compañero de selección, Didier Deschamps, quien guio a Francia hacia el Santo Grial en 2018, además de la final de 2022 -perdida ante la Argentina de Lionel Messi-, tras 14 años de servicio.El Balón de Oro de 1998 tiene, sobre el papel, lo necesario para cumplir con las exigencias de los bicampeones del mundo (1998 y 2018).Cuenta con experiencia al más alto nivel como jugador (campeón del mundo, de la Eurocopa de 2000 y de la Liga de Campeones con el Real Madrid en 2002) y como técnico; de hecho, logró en el banquillo merengue encadenar tres Champions seguidas (2016, 2017 y 2018), un hito inédito hasta la fecha.Está, además, acostumbrado a lidiar con los egos de superestrellas mundiales, como lo fueron en su época Cristiano Ronaldo, Gareth Bale o Karim Benzema, semejantes a los que se encontrará en el vestuario francés con Mbappé o Dembélé.Su cultura futbolística, que mezcla las influencias de Francia, Italia (donde fue estrella del Juventus de Turín durante cinco años) y España, también puede convertirse en un plus.Aunque Deschamps fue el capitán que levantó la Copa del Mundo en 1998, el nombre que quedó grabado en el corazón de los franceses aquel 12 de julio fue el de Zidane, autor de dos de los tres goles de la final ganada en el Stade de France ante la Brasil de Ronaldo (3-0).De carácter reservado y sin una palabra más alta que la otra, «Zizou» es un líder por el ejemplo más que por la palabra. E incluso cuando su actitud estuvo lejos de ser modélica, como el cabezazo que propinó a Marco Materazzi en la final del Mundial de 2006 perdida ante Itali
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