Tras perder contra España, Uruguay se fue del Mundial en la fase de grupos por segunda vez consecutiva,un hecho sin precedentes en la historia de la Celeste, y el camino de regreso no pudo ser más amargo. Marcelo Bielsa aterrizó con la promesa de devolver a Uruguay a la élite mundial tras un buen recorrido en eliminatorias y un tercer puesto en la Copa América, pero el técnico rosarino se marcha con dos puntos de seis posibles y con un vestuario roto. El mayor fracaso mundialista uruguayo, según tituló el diario El País de Montevideo con un contundente «Millones a la basura», tiene muchos responsables y ninguno quiere cargar solo con la culpa. La concentración en México se convirtió en el escenario de una crisis interna que estalló antes del último partido ante España. Bielsa reunió al plantel completo y, durante casi cuarenta y ocho minutos, repasó episodios de tensión acumulada, incluida la polémica exclusión de Luis Suárez, y les hizo saber que en esos momentos había percibido intenciones del grupo de apartarle del cargo. La respuesta de los referentes fue una rebelión en toda regla. Sergio Rochet, Manuel Ugarte, Rodrigo Bentancur y Federico Valverde tomaron la voz del vestuario y exigieron al técnico un planteamiento más conservador ante España, un bloque defensivo bajo con salidas al contragolpe, justo lo contrario del fútbol de presión alta y protagonismo que Bielsa había impuesto desde su llegada. Algún futbolista se levantó y abandonó la reunión antes de que terminara. La táctica del partido acabó siendo la que pedían los jugadores, aunque no alcanzó para sumar los puntos que Uruguay necesitaba. Bielsa culpa al vestuario Bielsa no tardó en trasladar la responsabilidad. «Me dejaron solo», les dijo a los jugadores. Y ante los medios fue todavía más rotundo sobre su legado: «Lo que yo le deja al fútbol uruguayo es nada», afirmó. Luego desarrolló su argumento con una lógica que sus críticos no le aceptan: «Cualquier tipo de aporte que pueda hacer un entrenador al fútbol de un país, en este caso, después de tres años, nunca se instala si no se consiguen resultados. El cuarto puesto en las eliminatorias no tuvo un valor, y un tercer puesto en la Copa América no tuvo un valor. Y, obviamente, esta actuación no necesito definirla». El técnico había reconocido antes del partido ante España su parte de culpa en los cinco puntos perdidos, pero sin renunciar a sus exigencias: «Para mí, que soy el responsable de que Uruguay no haya conseguido más puntos que dos sobre seis posibles, y para el equipo en general tener la alternativa de mejorar la imagen contra un gran rival. Pero de ninguna manera creo que nosotros no podamos enfrentar ese partido con aspiraciones», declaró. El precio de un contrato blindado La Asociación Uruguaya de Fútbol lleva meses atrapada en un contrato de cuarenta meses que intentó romper en noviembre de 2025 sin conseguirlo. Las indemnizaciones eran demasiado elevadas y l
El entrenador de Uruguay, eliminado de la competición tras perder contra España, acabó enfrentado a los futbolistas
Tras perder contra España, Uruguay se fue del Mundial en la fase de grupos por segunda vez consecutiva,un hecho sin precedentes en la historia de la Celeste, y el camino de regreso no pudo ser más amargo. Marcelo Bielsa aterrizó con la promesa de devolver a Uruguay a la élite mundial tras un buen recorrido en eliminatorias y un tercer puesto en la Copa América, pero el técnico rosarino se marcha con dos puntos de seis posibles y con un vestuario roto. El mayor fracaso mundialista uruguayo, según tituló el diario El País de Montevideo con un contundente «Millones a la basura», tiene muchos responsables y ninguno quiere cargar solo con la culpa.La concentración en México se convirtió en el escenario de una crisis interna que estalló antes del último partido ante España. Bielsa reunió al plantel completo y, durante casi cuarenta y ocho minutos, repasó episodios de tensión acumulada, incluida la polémica exclusión de Luis Suárez, y les hizo saber que en esos momentos había percibido intenciones del grupo de apartarle del cargo. La respuesta de los referentes fue una rebelión en toda regla. Sergio Rochet, Manuel Ugarte, Rodrigo Bentancur y Federico Valverde tomaron la voz del vestuario y exigieron al técnico un planteamiento más conservador ante España, un bloque defensivo bajo con salidas al contragolpe, justo lo contrario del fútbol de presión alta y protagonismo que Bielsa había impuesto desde su llegada. Algún futbolista se levantó y abandonó la reunión antes de que terminara. La táctica del partido acabó siendo la que pedían los jugadores, aunque no alcanzó para sumar los puntos que Uruguay necesitaba.Bielsa culpa al vestuarioBielsa no tardó en trasladar la responsabilidad. «Me dejaron solo», les dijo a los jugadores. Y ante los medios fue todavía más rotundo sobre su legado: «Lo que yo le deja al fútbol uruguayo es nada», afirmó. Luego desarrolló su argumento con una lógica que sus críticos no le aceptan: «Cualquier tipo de aporte que pueda hacer un entrenador al fútbol de un país, en este caso, después de tres años, nunca se instala si no se consiguen resultados. El cuarto puesto en las eliminatorias no tuvo un valor, y un tercer puesto en la Copa América no tuvo un valor. Y, obviamente, esta actuación no necesito definirla». El técnico había reconocido antes del partido ante España su parte de culpa en los cinco puntos perdidos, pero sin renunciar a sus exigencias: «Para mí, que soy el responsable de que Uruguay no haya conseguido más puntos que dos sobre seis posibles, y para el equipo en general tener la alternativa de mejorar la imagen contra un gran rival. Pero de ninguna manera creo que nosotros no podamos enfrentar ese partido con aspiraciones», declaró.El precio de un contrato blindadoLa Asociación Uruguaya de Fútbol lleva meses atrapada en un contrato de cuarenta meses que intentó romper en noviembre de 2025 sin conseguirlo. Las indemnizaciones eran demasiado elevadas y la ins
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