Madrid está sufriendo uno de los incendios forestales más graves de su historia reciente. En estas horas, la única prioridad moral, política e institucional debe ser proteger la vida y la integridad de las personas, auxiliar a quienes han tenido que abandonar sus hogares y poner todos los medios disponibles al servicio de la extinción. Es también el momento de reconocer a bomberos, agentes forestales, sanitarios, fuerzas de seguridad, voluntarios y miembros de la Unidad Militar de Emergencias que trabajan en condiciones extremas. El debate sobre las causas, las responsabilidades y las medidas que debieron adoptarse llegará después. Pero convertir ahora la calamidad en munición partidista o precipitar acusaciones mientras las llamas siguen avanzando constituye una forma especialmente indigna de hacer política. Quien utiliza el sufrimiento de miles de personas para erosionar al adversario demuestra que no está a la altura de la responsabilidad pública que ostenta. La declaración de la emergencia de interés nacional, la primera acordada en España como consecuencia de incendios forestales debe valorarse positivamente. Supone reconocer que la magnitud de la emergencia exige integrar capacidades, centralizar la coordinación y movilizar recursos más allá de los límites ordinarios de una comunidad autónoma. Del mismo modo que España solicita la cooperación de la Unión Europea cuando sus medios resultan insuficientes, una comunidad autónoma debe poder acudir al Estado sin que ese gesto se interprete como debilidad o renuncia competencial. Los incendios no entienden de fronteras administrativas ni de competencias. Los montes son patrimonio de todos y la UME también lo es: la sostienen los ciudadanos con sus impuestos, no un partido ni un Gobierno concreto. La cooperación institucional no es una concesión entre adversarios, sino una obligación elemental de quienes administran recursos públicos. Superada la emergencia, España debería impulsar un gran pacto de Estado para la prevención y lucha contra los incendios forestales. Un acuerdo estable, ajeno a los ciclos electorales, que comprometa al Estado, las comunidades autónomas, los ayuntamientos, los propietarios, el sector forestal, la comunidad científica y los servicios de emergencia. Para alcanzarlo se necesita, antes que nada, un Gobierno que comprenda España como un todo: diverso, descentralizado y plural, pero un todo. Cuando arde la primera hectárea en cualquier comunidad autónoma, arde España. Ese pacto debe partir de un diagnóstico riguroso. Se repite con razón que los incendios se apagan en invierno: mediante limpieza, desbroce, cortafuegos, gestión de masas forestales, recuperación de usos agrícolas y ganaderos, vigilancia, aprovechamiento de la biomasa y fijación de población en el medio rural. Después de un invierno lluvioso, la vegetación puede crecer abundantemente y convertirse, al secarse, en una enorme carga de combustible natural. Esto no sig
La Unión Monetaria Europea está financiada por los contribuyentes, y no por un partido político o una administración específica.
La historia reciente de Madrid es testigo de uno de sus incendios forestales más graves. Durante este tiempo, el enfoque moral, político e institucional más importante debe estar en salvaguardar las vidas y el bienestar de las personas, brindando apoyo a aquellos que se han visto obligados a huir de sus hogares y utilizando todos los recursos disponibles para combatir la amenaza de extinción. Además, debemos reconocer los esfuerzos de los bomberos, los oficiales forestales, los profesionales de la salud, el personal de seguridad, los voluntarios y los miembros del equipo de respuesta militar de emergencia que operan en circunstancias desafiantes. La discusión sobre las razones, la responsabilidad y las acciones que deberían haberse emprendido se llevará a cabo posteriormente. Transformar el desastre en armas políticas o lanzar acusaciones apresuradas en medio del caos en curso es un enfoque altamente indeseable de la política. La persona que emplea el dolor de numerosos individuos para socavar a su oponente demuestra que no son aptos para el deber que tienen hacia la comunidad. El anuncio de una emergencia nacional debido a los incendios forestales, el primero de su tipo en España, debe verse bajo una luz positiva. Esto implica reconocer que la gravedad de la crisis requiere combinar fuerzas, centralizar el control y movilizar recursos más allá de los límites habituales de una comunidad independiente.
