El Mundial de Fútbol masculino ha hecho que, unas semanas, millones de personas hayamos adaptado nuestras rutinas para reunirnos y compartir dosis de 90 minutos de emociones y felicidad. Es mucho más que un torneo deportivo, es un enorme generador de conversaciones, abrazos, ilusiones compartidas y sentido de pertenencia.
Hace tiempo que la ciencia dejó de entender la salud como la simple ausencia de enfermedad. Los estudios muestran que las personas más felices presentan mejores niveles de salud. La felicidad cotidiana actúa casi como un protector biológico. No cura por sí sola, pero fortalece las relaciones personales, reduce la carga emocional que acompaña a muchas patologías, favorece hábitos saludables y mejora el descanso.
La felicidad no depende solo del esfuerzo individual, es una demostración de que el bienestar también tiene una dimensión colectiva que se relaciona con las políticas públicas que garantizan el Estado de Bienestar.
Que España supere de media los 83 años de esperanza de vida, una de las mayores del mundo, no significa que sea el país más feliz. Y un campeonato de fútbol no alarga la vida. Pero, estoy convencida de que uno de los mejores remedios sigue siendo vivir en comunidad, respetar a quienes nos rodean, compartir alegrías y construir sociedades donde la felicidad no sea un lujo, sino una condición más para disfrutar de una buena salud. Enhorabuena, somos campeones.
Carmen Montón se desempeña como Embajadora Observadora Permanente de España ante la OEA y la OPS. Anterior Ministro de Salud, Protección del Consumidor y Servicios Sociales
En un corto período de tiempo, la Copa Mundial de Hombres ha llevado a millones de nosotros a cambiar nuestros hábitos diarios para unirnos y disfrutar de intervalos de 90 minutos de euforia y alegría. Esto no es solo un evento deportivo; sirve como un catalizador significativo para conversaciones, abrazos, fantasías compartidas y un sentimiento de unidad. Durante mucho tiempo, la ciencia ha ido más allá de considerar la salud como la mera ausencia de enfermedad. La investigación indica que las personas con mayores niveles de felicidad tienden a experimentar mejores condiciones de salud. La felicidad experimentada diariamente sirve como un escudo casi biológico. Aunque no se cura por sí misma, fortalece las relaciones interpersonales, alivia la tensión emocional que a menudo se asocia con la enfermedad, fomenta rutinas saludables y aumenta la relajación. La felicidad no depende únicamente del esfuerzo personal; demuestra que el bienestar incluye un aspecto colectivo vinculado a las políticas públicas que garantizan el estado de bienestar. A pesar de que la esperanza de vida de España supera los 83 años, que se encuentra entre las más altas del mundo, esto no indica necesariamente que sea la nación más feliz.
