Mañana, 14 de septiembre, es una fiesta muy destacada en el calendario litúrgico, la “Exaltación de la Santa Cruz”. Es evidente que la Iglesia se refiere a la Cruz de Cristo, en la que El Hijo de Dios, de manera voluntaria y libre, quiso padecer el martirio en su naturaleza humana como Redentor de la Humanidad. Redimir significa librar a alguien de una pena, de un dolor o bien recuperar algo que se había perdido, etc. Entre los sinónimos más frecuentes se pueden citar liberar, rescatar, salvar y eximir. En la antigüedad se aplicaba especialmente para el caso de la liberación de esclavos a cambio de un pago o previo previamente establecido. En el caso de la Redención de Cristo, es “liberarnos de la esclavitud del pecado” en la que el “pecado original” de nuestros primeros padres había sumido al género humano. Con la consecuencia de “cerrarse a los hombres la puerta de acceso a los Cielos”, no pudiendo gozar de la presencia de Dios tras fallecer a la vida terrenal. Con la Redención de Jesucristo a la Humanidad podemos acceder a la vida eterna junto a Dios: Su Redención ha “reabierto las puertas del Cielo a los hombres”. La fecha del 14 de septiembre debe su origen al hecho histórico de que la emperatriz Helena, madre del emperador romano Constantino, según la tradición, la descubrió el 14 de septiembre del año 325. Hoy es una santa venerada por la Iglesia católica desde el siglo IX, a la que también veneran la Iglesia Ortodoxa, los anglicanos y los luteranos. Además de esta celebración en la Iglesia Católica existen numerosas hermandades de Semana Santa en España e Hispanoamérica que llevan el nombre de la Vera Cruz en honor de esta advocación que la liturgia la celebra el Viernes Santo como el día de la “verdadera Cruz”. Hernán Cortés nombró a la ciudad mexicana -donde desembarcó un viernes santo- como “Villa Rica de la Vera Cruz”. España, nación cuya identidad histórica es indisociable del cristianismo, goza de tener localidades que comparten con Jerusalén y Roma el honor de estar singularmente asociadas a la Cruz. Entre ellas, destacan Santiago de Compostela, Caravaca de la Cruz (Murcia) y Santo Toribio de Liébana (Cantabria). Esta última dispone del “Lignum Crucis”, que es el fragmento de la Cruz de Jesucristo más grande que se conserva en el mundo. Caravaca de la Cruz, en la Región de Murcia, toma el nombre de la Cruz “patriarcal” de dos travesaños de origen bizantino. El primero representa el letrero INRI y el segundo, los brazos de Cristo. La tradición afirma que dos ángeles la trajeron milagrosamente a Caravaca en 1235.
Con la Redención de Jesucristo a la Humanidad podemos acceder a la vida eterna junto a Dios: Su Redención ha “reabierto las puertas del Cielo a los hombres”
Mañana, 14 de septiembre, es una fiesta muy destacada en el calendario litúrgico, la “Exaltación de la Santa Cruz”. Es evidente que la Iglesia se refiere a la Cruz de Cristo, en la que El Hijo de Dios, de manera voluntaria y libre, quiso padecer el martirio en su naturaleza humana como Redentor de la Humanidad. Redimir significa librar a alguien de una pena, de un dolor o bien recuperar algo que se había perdido, etc. Entre los sinónimos más frecuentes se pueden citar liberar, rescatar, salvar y eximir. En la antigüedad se aplicaba especialmente para el caso de la liberación de esclavos a cambio de un pago o previo previamente establecido. En el caso de la Redención de Cristo, es “liberarnos de la esclavitud del pecado” en la que el “pecado original” de nuestros primeros padres había sumido al género humano. Con la consecuencia de “cerrarse a los hombres la puerta de acceso a los Cielos”, no pudiendo gozar de la presencia de Dios tras fallecer a la vida terrenal. Con la Redención de Jesucristo a la Humanidad podemos acceder a la vida eterna junto a Dios: Su Redención ha “reabierto las puertas del Cielo a los hombres”. La fecha del 14 de septiembre debe su origen al hecho histórico de que la emperatriz Helena, madre del emperador romano Constantino, según la tradición, la descubrió el 14 de septiembre del año 325. Hoy es una santa venerada por la Iglesia católica desde el siglo IX, a la que también veneran la Iglesia Ortodoxa, los anglicanos y los luteranos. Además de esta celebración en la Iglesia Católica existen numerosas hermandades de Semana Santa en España e Hispanoamérica que llevan el nombre de la Vera Cruz en honor de esta advocación que la liturgia la celebra el Viernes Santo como el día de la “verdadera Cruz”. Hernán Cortés nombró a la ciudad mexicana -donde desembarcó un viernes santo- como “Villa Rica de la Vera Cruz”. España, nación cuya identidad histórica es indisociable del cristianismo, goza de tener localidades que comparten con Jerusalén y Roma el honor de estar singularmente asociadas a la Cruz. Entre ellas, destacan Santiago de Compostela, Caravaca de la Cruz (Murcia) y Santo Toribio de Liébana (Cantabria). Esta última dispone del “Lignum Crucis”, que es el fragmento de la Cruz de Jesucristo más grande que se conserva en el mundo. Caravaca de la Cruz, en la Región de Murcia, toma el nombre de la Cruz “patriarcal” de dos travesaños de origen bizantino. El primero representa el letrero INRI y el segundo, los brazos de Cristo. La tradición afirma que dos ángeles la trajeron milagrosamente a Caravaca en 1235.
