A mediados de la década de 1960, la EOC (Escuela Oficial de Cine) era un establecimiento deteriorado con muebles viejos y desgastados, y estudiantes descontentos. Esta institución, que antes había nutrido a algunos de los cineastas españoles más talentosos, ahora estaba en un estado de decadencia. El régimen estaba cada vez más irritado por el hecho de que esta institución educativa se había transformado en un bastión del libre pensamiento y la innovación, un «crepúsculo de comunistas» que invadía su espacio con demasiada frecuencia. El proceso de desmontaje de la escuela comenzó, con el objetivo final de reubicar a sus educadores más dedicados a una futura facultad universitaria. Para seguir leyendo.
«Tenía un fuerte afecto por la persona que compartía mi escritorio». «Estaba siempre lleno de vitalidad y originalidad, y disfrutaba de filmar más que nadie», escribe Fernando Méndez-Leite.
A mediados de la década de 1960, la EOC (Escuela Oficial de Cine) era un establecimiento deteriorado con muebles viejos y desgastados, y estudiantes descontentos. Esta institución, que antes había nutrido a algunos de los cineastas españoles más talentosos, ahora estaba en un estado de decadencia. El régimen estaba cada vez más irritado por el hecho de que esta institución educativa se había transformado en un bastión del libre pensamiento y la innovación, un «crepúsculo de comunistas» que invadía su espacio con demasiada frecuencia. Comenzó el proceso de desmontar la escuela y finalmente colocar a sus educadores dedicados en una futura facultad universitaria. Juan Julio Baena Álvarez, el director de la escuela, la transformó en un gueto, impidiendo que cualquier ocurrencia en el interior, incluidas las acciones provocativas de los estudiantes, se extendiera más allá de los límites del edificio vacío de Dehesa de la Villa. La institución educativa estaba sin vida. Pepe gritó: «¡Tenemos que demoler la casa!» «Voy a morir», José Luis García Sánchez había pasado numerosos años en esa institución, mientras seguía tomando clases para hacer películas cada vez más humorísticas y vanguardistas, lo que hizo que la estructura misma del edificio temblara. Nos burlábamos del tipo del club de cine de Salamanca, que venía de una familia conservadora, era el asistente de Patino, siempre sonriente y cálido, y poseía un sentido del humor penetrante pero desordenado, sobre su colaboración con los hermanos Lumière. Puesto que la escuela ya no era beneficiosa, tuvimos que demoler la casa.
