Las distintas crisis que pasamos en nuestras vidas se ven reflejadas en ‘Alice y Steve’, ya disponible completa en Disney+
La edad es un número que realmente no indica nada. Cuando eres adolescente, estás deseando cumplir 18 años para ser «legal» ante la sociedad y poder tomarte una cerveza, un tinto de verano o un ron con cola sin presiones. Poder ir al estanco sin miedo a tener que enseñar el DNI cuando vas a por un paquete de Marlboro, entrar en la discoteca de moda sin tener que pedirle el favor de tu vida al portero de turno que esa noche custodia el lugar o poder conducir y tener la sensación de ser libre y de guiar tu propio destino. En otras cuestiones, la edad no es tan significativa. Hay personas de 20 años que están en peor forma física que hombres de 40, o señores de 65 que tienen una vitalidad que ya quisieran muchas treintañeras. En el amor, la edad no debería ser un problema (dando por sentado la legalidad y el consentimiento, algo que ni siquiera debería ser necesario aclarar). Sin embargo, aunque para enamorarse no hace falta tener la misma edad, a la hora de convivir en pareja y construir un futuro sí resulta relevante, porque aquí entra en juego el momento vital de cada persona.. No tengo por qué citar ningún nombre y a todos se nos viene a la cabeza alguna pareja que fracasó porque la diferencia de edad era abismal. Probablemente la edad no era el problema, pero sí el momento vital en el que se encontraba cada uno. Esta enseñanza, junto a otras cuestiones más o menos lícitas, es la que Alice (interpretada por Nicole Walker) intenta transmitirle a su hija Izzy (Yali Topol Margalith) cuando descubre que está saliendo con Steve (Jemaine Clement), un hombre de 50 años que, además, es su mejor amigo. Disney+ estrenó esta semana la miniserie ‘Alice y Steve’, una comedia británica alocada, con un gran guion y una excelente banda sonora, que refleja las distintas crisis que atravesamos a lo largo de nuestras vidas, desde la adolescencia hasta la mediana edad. La serie no pierde el tiempo a la hora de poner a sus personajes en situación. Es consciente de que no dispone de un tiempo infinito para desarrollar sus tramas y aprovecha sus tres horas de duración, repartidas en seis episodios de media hora, para contarnos una historia sobre la importancia del momento vital que atraviesa cada persona cuando decide compartir su vida con otra. Desde el primer minuto conocemos la química que existe entre Alice y Steve, pero también el punto en el que se encuentran sus vidas. Ambos arrastran trabajos que no terminan de llenarles y mantienen una relación con las drogas recreativas más propia de alguien que se resiste a aceptar el paso del tiempo que de dos personas que ya han superado la barrera de los cincuenta. Steve llega incluso a reconocer que suele escudarse en el amor para evitar hablar de sus sentimientos, una idea que la serie utiliza como eje central de su discurso y que desarrolla entre canciones bien escogidas y constantes referencias culturales que, en ocasiones, adquieren un carácter metatextual. No es casualidad que se mencione ‘Sex Education’ cuando Sophie Goodhart, creadora de la serie, también participó en el nacimiento de la popular ficción de Netflix.. La gran virtud de ‘Alice y Steve’ reside precisamente en la relación entre sus dos protagonistas. Son mejores amigos desde hace décadas y la serie se esfuerza en recordárnoslo en cada escena que comparten. Esa complicidad resulta fundamental para que el espectador entienda el auténtico conflicto de la historia. La pregunta nunca es únicamente por qué una joven de 26 años se fija en un hombre de 50, sino por qué alguien puede acabar enamorándose de la persona que lleva años ocupando un lugar privilegiado en el corazón de su madre. Aunque es fácil comprender el enfado de Alice cuando descubre la relación entre Steve e Izzy, sus reacciones terminan siendo desproporcionadas. En su intento de poner fin a una situación que considera intolerable, inicia una guerra personal contra su mejor amigo en la que ambos cruzan líneas éticas cada vez más cuestionables. El conflicto escala episodio tras episodio y obliga al espectador a replantearse continuamente quién tiene razón y hasta qué punto la diferencia de edad es realmente el problema. La serie tampoco evita señalar las contradicciones de su protagonista. Alice está casada con un hombre diez años más joven que ella, al que en numerosas ocasiones deja de lado para salir de fiesta con Steve y prolongar una forma de vida que parece incompatible con la imagen de una mujer de más de cincuenta años y madre de dos hijos. Y entre ellos se encuentra un adolescente que intenta encontrar su lugar dentro de una familia profundamente disfuncional y que observa cómo la polémica relación de su hermana mayor provoca tensiones que ni siquiera sus amigos más cercanos son capaces de comprender o aceptar.
La edad es un número que realmente no indica nada. Cuando eres adolescente, estás deseando cumplir 18 años para ser «legal» ante la sociedad y poder tomarte una cerveza, un tinto de verano o un ron con cola sin presiones. Poder ir al estanco sin miedo a tener que enseñar el DNI cuando vas a por un paquete de Marlboro, entrar en la discoteca de moda sin tener que pedirle el favor de tu vida al portero de turno que esa noche custodia el lugar o poder conducir y tener la sensación de ser libre y de guiar tu propio destino. En otras cuestiones, la edad no es tan significativa. Hay personas de 20 años que están en peor forma física que hombres de 40, o señores de 65 que tienen una vitalidad que ya quisieran muchas treintañeras. En el amor, la edad no debería ser un problema (dando por sentado la legalidad y el consentimiento, algo que ni siquiera debería ser necesario aclarar). Sin embargo, aunque para enamorarse no hace falta tener la misma edad, a la hora de convivir en pareja y construir un futuro sí resulta relevante, porque aquí entra en juego el momento vital de cada persona.. No tengo por qué citar ningún nombre y a todos se nos viene a la cabeza alguna pareja que fracasó porque la diferencia de edad era abismal. Probablemente la edad no era el problema, pero sí el momento vital en el que se encontraba cada uno. Esta enseñanza, junto a otras cuestiones más o menos lícitas, es la que Alice (interpretada por Nicole Walker) intenta transmitirle a su hija Izzy (Yali Topol Margalith) cuando descubre que está saliendo con Steve (Jemaine Clement), un hombre de 50 años que, además, es su mejor amigo. Disney+ estrenó esta semana la miniserie ‘Alice y Steve’, una comedia británica alocada, con un gran guion y una excelente banda sonora, que refleja las distintas crisis que atravesamos a lo largo de nuestras vidas, desde la adolescencia hasta la mediana edad. La serie no pierde el tiempo a la hora de poner a sus personajes en situación. Es consciente de que no dispone de un tiempo infinito para desarrollar sus tramas y aprovecha sus tres horas de duración, repartidas en seis episodios de media hora, para contarnos una historia sobre la importancia del momento vital que atraviesa cada persona cuando decide compartir su vida con otra. Desde el primer minuto conocemos la química que existe entre Alice y Steve, pero también el punto en el que se encuentran sus vidas. Ambos arrastran trabajos que no terminan de llenarles y mantienen una relación con las drogas recreativas más propia de alguien que se resiste a aceptar el paso del tiempo que de dos personas que ya han superado la barrera de los cincuenta. Steve llega incluso a reconocer que suele escudarse en el amor para evitar hablar de sus sentimientos, una idea que la serie utiliza como eje central de su discurso y que desarrolla entre canciones bien escogidas y constantes referencias culturales que, en ocasiones, adquieren un carácter metatextual. No es casualidad que se mencione ‘Sex Education’ cuando Sophie Goodhart, creadora de la serie, también participó en el nacimiento de la popular ficción de Netflix.. Seis capítulos de comedia británica alocada, con un gran guion y muy buena banda sonora. La gran virtud de ‘Alice y Steve’ reside precisamente en la relación entre sus dos protagonistas. Son mejores amigos desde hace décadas y la serie se esfuerza en recordárnoslo en cada escena que comparten. Esa complicidad resulta fundamental para que el espectador entienda el auténtico conflicto de la historia. La pregunta nunca es únicamente por qué una joven de 26 años se fija en un hombre de 50, sino por qué alguien puede acabar enamorándose de la persona que lleva años ocupando un lugar privilegiado en el corazón de su madre. Aunque es fácil comprender el enfado de Alice cuando descubre la relación entre Steve e Izzy, sus reacciones terminan siendo desproporcionadas. En su intento de poner fin a una situación que considera intolerable, inicia una guerra personal contra su mejor amigo en la que ambos cruzan líneas éticas cada vez más cuestionables. El conflicto escala episodio tras episodio y obliga al espectador a replantearse continuamente quién tiene razón y hasta qué punto la diferencia de edad es realmente el problema. La serie tampoco evita señalar las contradicciones de su protagonista. Alice está casada con un hombre diez años más joven que ella, al que en numerosas ocasiones deja de lado para salir de fiesta con Steve y prolongar una forma de vida que parece incompatible con la imagen de una mujer de más de cincuenta años y madre de dos hijos. Y entre ellos se encuentra un adolescente que intenta encontrar su lugar dentro de una familia profundamente disfuncional y que observa cómo la polémica relación de su hermana mayor provoca tensiones que ni siquiera sus amigos más cercanos son capaces de comprender o aceptar.
