Hace unos años, se le podía considerar un jurista. Ahora no es más que un político al servicio de Sánchez. Uno más de tantos juristas que a lo largo de la Historia han vendido su alma para servir al poder sin importarles el Derecho, la Constitución, el honor y la dignidad. Nunca critiqué su posición ideológica porque creía, equivocadamente, que era un defensor del Estado de Derecho. No podía estar más confundido en mis apreciaciones. En algún momento consideré que teníamos unas buenas relaciones personales y defendí que fuera magistrado del Constitucional, cuando mucha gente pensaba que no se podía confiar en él. El tiempo les ha dado, desgraciadamente, la razón. Hace muchos años, una persona muy importante y brillante jurista me advirtió explicándome su propia experiencia familiar. No le presté la suficiente atención. Hasta que no consiguió la presidencia del TC, se dedicó a escalar en la judicatura, con notable habilidad, y a codearse con la alta sociedad. Era un magistrado de izquierdas, aunque se vendía como hombre de Estado. Eso le concitaba simpatías en los círculos nobiliarios y burgueses. En otros tiempos hubiera buscado ser marqués o conde. Lo que no sabíamos era su obsesión con el magistrado Marchena, que es mejor jurista y, sobre todo, persona. No consiguió ser presidente de la Sala Penal del Supremo y vio, además, cómo todo el mundo glosaba el talento jurídico de su rival. A estas alturas, no hay ninguna duda de que es el mejor penalista. No solo por la calidad de sus sentencias, sino por su obra académica. En esto último, a diferencia de su brillante padre, no se le conoce ninguna contribución. Es algo ciertamente curioso en alguien que pretende ser el mejor jurista, dicho irónicamente, desde Domicio Ulpiano, aunque dudo que conozca el Derecho Romano. Conde-Pumpido representa todo aquello que repugnaba a Kelsen. Es decir, la política contaminando la ciencia jurídica, porque es el mayor peligro para el conocimiento objetivo del Derecho. No creo que conozca la obra de este genial jurista, porque si así fuera, no hubiera tenido un comportamiento tan deplorable, mezquino y sectario como presidente. La politización de un Tribunal Constitucional es muy peligrosa para una Constitución y, por tanto, para el Estado de Derecho y la separación de poderes. Este es su legado.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
«La politización de un Tribunal Constitucional es muy peligrosa para una Constitución y, por tanto, para el Estado de Derecho y la separación de poderes»
Hace unos años, se le podía considerar un jurista. Ahora no es más que un político al servicio de Sánchez. Uno más de tantos juristas que a lo largo de la Historia han vendido su alma para servir al poder sin importarles el Derecho, la Constitución, el honor y la dignidad. Nunca critiqué su posición ideológica porque creía, equivocadamente, que era un defensor del Estado de Derecho. No podía estar más confundido en mis apreciaciones. En algún momento consideré que teníamos unas buenas relaciones personales y defendí que fuera magistrado del Constitucional, cuando mucha gente pensaba que no se podía confiar en él. El tiempo les ha dado, desgraciadamente, la razón. Hace muchos años, una persona muy importante y brillante jurista me advirtió explicándome su propia experiencia familiar. No le presté la suficiente atención. Hasta que no consiguió la presidencia del TC, se dedicó a escalar en la judicatura, con notable habilidad, y a codearse con la alta sociedad. Era un magistrado de izquierdas, aunque se vendía como hombre de Estado. Eso le concitaba simpatías en los círculos nobiliarios y burgueses. En otros tiempos hubiera buscado ser marqués o conde. Lo que no sabíamos era su obsesión con el magistrado Marchena, que es mejor jurista y, sobre todo, persona. No consiguió ser presidente de la Sala Penal del Supremo y vio, además, cómo todo el mundo glosaba el talento jurídico de su rival. A estas alturas, no hay ninguna duda de que es el mejor penalista. No solo por la calidad de sus sentencias, sino por su obra académica. En esto último, a diferencia de su brillante padre, no se le conoce ninguna contribución. Es algo ciertamente curioso en alguien que pretende ser el mejor jurista, dicho irónicamente, desde Domicio Ulpiano, aunque dudo que conozca el Derecho Romano. Conde-Pumpido representa todo aquello que repugnaba a Kelsen. Es decir, la política contaminando la ciencia jurídica, porque es el mayor peligro para el conocimiento objetivo del Derecho. No creo que conozca la obra de este genial jurista, porque si así fuera, no hubiera tenido un comportamiento tan deplorable, mezquino y sectario como presidente. La politización de un Tribunal Constitucional es muy peligrosa para una Constitución y, por tanto, para el Estado de Derecho y la separación de poderes. Este es su legado.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
