La Unión Europea ha dado un paso crucial e inaplazable para atajar el descontrol aduanero y el desenfreno comercial que amenaza el tejido productivo de nuestro continente. El pleno del Parlamento Europeo ha aprobado una ambiciosa reforma aduanera que introduce una nueva tasa de gestión a los paquetes de fuera de la UE. Una medida que se suma al arancel activado el pasado julio para compras inferiores a 150 euros y que busca poner orden en un mercado inundado por el consumismo desenfrenado. Las cifras no pueden ser más alarmantes: solo en 2025 entraron 5.900 millones de artículos de bajo valor, de los cuales el 90% procedía de China. Este volumen inasumible no solo ha saturado nuestras aduanas, elevando el riesgo de que entren productos ilegales o peligrosos, sino que representa una competencia desleal insostenible para las empresas y el comercio de proximidad que sí cumplen rigurosamente con el marco fiscal, laboral y medioambiental europeo. No estamos acostumbrados a que la Comisión Europea acierte en sus decisiones, pero en este caso ha acertado con el cambio de paradigma. Ahora, las plataformas asiáticas como Shein o Temu pasan a ser las responsables directas del cumplimiento normativo. Se acabó la impunidad de operar desde la sombra. A partir de ahora, estas corporaciones serán consideradas importadoras natas, deberán informar en tiempo real de sus ventas, estar establecidas en suelo comunitario y asumir el coste de las tasas para evitar que repercutan en el consumidor final. Aquellas que insistan en vulnerar las reglas del juego se enfrentarán a multas severas de hasta el 6% de su valor de importación. No es proteccionismo ciego, sino supervivencia económica y defensa de la legalidad. Europa no puede seguir siendo el coladero de multinacionales que destruyen nuestro comercio tradicional a base de precios artificialmente bajos. La base es devolver la justicia al mercado y recordar que nuestra soberanía comercial no está en venta.
No es proteccionismo ciego, sino supervivencia económica y defensa de la legalidad
La Unión Europea ha dado un paso crucial e inaplazable para atajar el descontrol aduanero y el desenfreno comercial que amenaza el tejido productivo de nuestro continente. El pleno del Parlamento Europeo ha aprobado una ambiciosa reforma aduanera que introduce una nueva tasa de gestión a los paquetes de fuera de la UE. Una medida que se suma al arancel activado el pasado julio para compras inferiores a 150 euros y que busca poner orden en un mercado inundado por el consumismo desenfrenado. Las cifras no pueden ser más alarmantes: solo en 2025 entraron 5.900 millones de artículos de bajo valor, de los cuales el 90% procedía de China. Este volumen inasumible no solo ha saturado nuestras aduanas, elevando el riesgo de que entren productos ilegales o peligrosos, sino que representa una competencia desleal insostenible para las empresas y el comercio de proximidad que sí cumplen rigurosamente con el marco fiscal, laboral y medioambiental europeo. No estamos acostumbrados a que la Comisión Europea acierte en sus decisiones, pero en este caso ha acertado con el cambio de paradigma. Ahora, las plataformas asiáticas como Shein o Temu pasan a ser las responsables directas del cumplimiento normativo. Se acabó la impunidad de operar desde la sombra. A partir de ahora, estas corporaciones serán consideradas importadoras natas, deberán informar en tiempo real de sus ventas, estar establecidas en suelo comunitario y asumir el coste de las tasas para evitar que repercutan en el consumidor final. Aquellas que insistan en vulnerar las reglas del juego se enfrentarán a multas severas de hasta el 6% de su valor de importación. No es proteccionismo ciego, sino supervivencia económica y defensa de la legalidad. Europa no puede seguir siendo el coladero de multinacionales que destruyen nuestro comercio tradicional a base de precios artificialmente bajos. La base es devolver la justicia al mercado y recordar que nuestra soberanía comercial no está en venta.
