«Estar tranquilo es poder, dominar la situación te da poder y tengo grandes profesionales que me dan paz y tranquilidad», aseguraba Luis de la Fuente en la previa del partido contra Bélgica. El seleccionador no tiene dificultades para encontrar la calma que aparece de manera recurrente en sus discursos. «Miro hacia atrás, veo a Mikel Merino y estoy tranquilo», decía De la Fuente después del partido. «No siempre se tiene el acierto, pero siempre estamos muy cerca porque los jugadores saben lo que tienen que hacer, saben para qué salen y tienen un talento descomunal, son muy buenos. La calma te la da conocer el potencial de estos jugadores y el potencial humano y ellos valoran esa calma. Si me vieran diciendo algo histriónico, alguna salvajada, este equipo no sabría reaccionar, seguro. Este equipo tiene corazón y reacciona al afecto, al compromiso, a la solidaridad», explicaba el seleccionador después de que España se clasificara para las semifinales del Mundial por segunda vez en su historia. La calma le ayuda a tomar mejores decisiones, a no precipitarse y a analizar el partido antes de hacer cualquier movimiento en el banquillo. Eso hace que los cambios no estén previstos antes del partido, que no se maneje desde un manual inamovible por el análisis previo al partido. «Eso no se tiene previsto porque el partido no sabes dónde irá. Estás pensando que puede ir el partido de una manera y al minuto siguiente cambia. Ellos [los jugadores] son conscientes de que las decisiones que tomamos son para el bien del equipo. Y por eso los futbolistas confían ciegamente en esa toma de decisiones. El que sale va a aportar todo y normalmente mejora, para eso son los cambios. La fortaleza es el día a día. Los futbolistas confían en la toma de decisiones y salen bien, no es casualidad, es trabajo, análisis y conocimiento», asegura. Ese concepto de calma se repite en las ruedas de prensa del seleccionador y también en su autobiografía «La vida se entrena cada día» (Ediciones B). Recuerda en el libro una anécdota de cuando fue delegado del Athletic Club. Joaquín Caparrós, entonces entrenador del club bilbaíno, ordenó recortar el ancho del terreno de juego de San Mamés antes de un partido contra el Espanyol, pero José María Calzón, delegado españolista, le recordó que si las medidas ya se habían facilitado de manera oficial no podían modificarse. Inmediatamente tuvieron que volver a pintar de cal las marcas antiguas de los límites del campo y pintar de verde las nuevas para inutilizarlas. «Qué estrés, qué tensión», recuerda. «Esa anécdota me permitió ver otra cara del fútbol, comprender la cantidad de gente que trabaja para que los futbolistas y los entrenadores no tengamos que preocuparnos más que del fútbol. Desde que aprendí eso, entiendo lo difícil que es que todo salga bien y lo fácil que es que se produzcan fallos. Así que tengo mucha calma con todo, ya sé que ‘‘estas cosas pasan’’», reco
«La tranquilidad es poder», reconoce el seleccionador, que aprendió a tomarse las cosas de otra manera cuando trabajó como delegado del Athletic Club cuando Joaquín Caparrós era su entrenador
«Estar tranquilo es poder, dominar la situación te da poder y tengo grandes profesionales que me dan paz y tranquilidad», aseguraba Luis de la Fuente en la previa del partido contra Bélgica.El seleccionador no tiene dificultades para encontrar la calma que aparece de manera recurrente en sus discursos. «Miro hacia atrás, veo a Mikel Merino y estoy tranquilo», decía De la Fuente después del partido. «No siempre se tiene el acierto, pero siempre estamos muy cerca porque los jugadores saben lo que tienen que hacer, saben para qué salen y tienen un talento descomunal, son muy buenos. La calma te la da conocer el potencial de estos jugadores y el potencial humano y ellos valoran esa calma. Si me vieran diciendo algo histriónico, alguna salvajada, este equipo no sabría reaccionar, seguro. Este equipo tiene corazón y reacciona al afecto, al compromiso, a la solidaridad», explicaba el seleccionador después de que España se clasificara para las semifinales del Mundial por segunda vez en su historia.La calma le ayuda a tomar mejores decisiones, a no precipitarse y a analizar el partido antes de hacer cualquier movimiento en el banquillo. Eso hace que los cambios no estén previstos antes del partido, que no se maneje desde un manual inamovible por el análisis previo al partido. «Eso no se tiene previsto porque el partido no sabes dónde irá. Estás pensando que puede ir el partido de una manera y al minuto siguiente cambia. Ellos [los jugadores] son conscientes de que las decisiones que tomamos son para el bien del equipo. Y por eso los futbolistas confían ciegamente en esa toma de decisiones. El que sale va a aportar todo y normalmente mejora, para eso son los cambios. La fortaleza es el día a día. Los futbolistas confían en la toma de decisiones y salen bien, no es casualidad, es trabajo, análisis y conocimiento», asegura.Ese concepto de calma se repite en las ruedas de prensa del seleccionador y también en su autobiografía «La vida se entrena cada día» (Ediciones B). Recuerda en el libro una anécdota de cuando fue delegado del Athletic Club. Joaquín Caparrós, entonces entrenador del club bilbaíno, ordenó recortar el ancho del terreno de juego de San Mamés antes de un partido contra el Espanyol, pero José María Calzón, delegado españolista, le recordó que si las medidas ya se habían facilitado de manera oficial no podían modificarse. Inmediatamente tuvieron que volver a pintar de cal las marcas antiguas de los límites del campo y pintar de verde las nuevas para inutilizarlas. «Qué estrés, qué tensión», recuerda. «Esa anécdota me permitió ver otra cara del fútbol, comprender la cantidad de gente que trabaja para que los futbolistas y los entrenadores no tengamos que preocuparnos más que del fútbol. Desde que aprendí eso, entiendo lo difícil que es que todo salga bien y lo fácil que es que se produzcan fallos. Así que tengo mucha calma con todo, ya sé que ‘‘estas cosas pasan’’», reconoc
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