La evolución hacia posiciones moderadas, en el caso de la actriz y gestora cultural chilena, Javiera Parada Ortiz, fue particularmente dramática, porque la dictadura de Pinochet asesinó a su padre, el sociólogo José Manuel Parada Maluenda, en 1985. A pesar de esa dura experiencia, de provenir de una familia comunista, y de ser ella misma una militante, Javiera pudo «destruir prejuicios y abrirme a la posibilidad de descubrir miradas que hasta ese momento no había considerado», como explica en su autobiografía, «Sin nada que perder», que publicó Penguin recientemente en Santiago. Como otros entusiastas del PC, Javiera Parada empezó a sospechar del socialismo real, y de cómo sus compañeros comunistas se empeñaban en «la negación de una represión tan brutal y extendida en el tiempo». No tenía justificación que «para llegar a una sociedad justa e igualitaria» el comunismo castigara cruelmente a los trabajadores. Apuntó Juan Luis Ossa, historiador e investigador del Centro de Estudios Públicos en La Tercera: «¿cómo era posible combatir el autoritarismo de Augusto Pinochet si, al final de cuentas, muchos seguían justificando regímenes igualmente opresivos?». Y resume la propia Parada: «Comprender a cabalidad la magnitud de la represión en los países comunistas es un camino que no tiene regreso». La comprensión de que «no hay causa ni objetivo que justifique sacrificar la democracia y la libertad» llevó a Javiera a abandonar el comunismo, a distanciarse de toda opción radical, a ser jefa de campaña de Ignacio Briones y a rechazar el cambio constitucional en el plebiscito de 2022. Señala Ossa que su osadía irritó a sus antiguos compañeros más sectarios: «no pueden creer que una persona con su historia haya terminado cuestionando las certezas de su propio mundo político. Pero el recorrido que ella relata no es un tránsito hacia la derecha. Es, más bien, una búsqueda persistente por la libertad, la democracia, la moderación y la reforma». En la actualidad, tras «mi descubrimiento de la familia liberal», aborda problemas clásicos de la igualdad, la redistribución, la justicia social y los límites del poder. Reconoce la «fuerza creativa» del capitalismo, pero busca «otro tipo de organización», preguntándose «qué es ser de izquierdas en el siglo XXI». Ignoro a dónde la conducirá su búsqueda, pero lo recorrido hasta hoy basta para quitarse el sombrero ante el valor de esta mujer chilena.
Ignoro a dónde la conducirá su búsqueda, pero lo recorrido hasta hoy basta para quitarse el sombrero ante el valor de esta mujer chilena
La evolución hacia posiciones moderadas, en el caso de la actriz y gestora cultural chilena, Javiera Parada Ortiz, fue particularmente dramática, porque la dictadura de Pinochet asesinó a su padre, el sociólogo José Manuel Parada Maluenda, en 1985.A pesar de esa dura experiencia, de provenir de una familia comunista, y de ser ella misma una militante, Javiera pudo «destruir prejuicios y abrirme a la posibilidad de descubrir miradas que hasta ese momento no había considerado», como explica en su autobiografía, «Sin nada que perder», que publicó Penguin recientemente en Santiago.Como otros entusiastas del PC, Javiera Parada empezó a sospechar del socialismo real, y de cómo sus compañeros comunistas se empeñaban en «la negación de una represión tan brutal y extendida en el tiempo». No tenía justificación que «para llegar a una sociedad justa e igualitaria» el comunismo castigara cruelmente a los trabajadores. Apuntó Juan Luis Ossa, historiador e investigador del Centro de Estudios Públicos en La Tercera: «¿cómo era posible combatir el autoritarismo de Augusto Pinochet si, al final de cuentas, muchos seguían justificando regímenes igualmente opresivos?». Y resume la propia Parada: «Comprender a cabalidad la magnitud de la represión en los países comunistas es un camino que no tiene regreso».La comprensión de que «no hay causa ni objetivo que justifique sacrificar la democracia y la libertad» llevó a Javiera a abandonar el comunismo, a distanciarse de toda opción radical, a ser jefa de campaña de Ignacio Briones y a rechazar el cambio constitucional en el plebiscito de 2022. Señala Ossa que su osadía irritó a sus antiguos compañeros más sectarios: «no pueden creer que una persona con su historia haya terminado cuestionando las certezas de su propio mundo político. Pero el recorrido que ella relata no es un tránsito hacia la derecha. Es, más bien, una búsqueda persistente por la libertad, la democracia, la moderación y la reforma».En la actualidad, tras «mi descubrimiento de la familia liberal», aborda problemas clásicos de la igualdad, la redistribución, la justicia social y los límites del poder. Reconoce la «fuerza creativa» del capitalismo, pero busca «otro tipo de organización», preguntándose «qué es ser de izquierdas en el siglo XXI».Ignoro a dónde la conducirá su búsqueda, pero lo recorrido hasta hoy basta para quitarse el sombrero ante el valor de esta mujer chilena.
