Las familias acumulan una riqueza récord en los bancos mientras su presencia en el mercado se hunde a mínimos históricos y el capital extranjero se «adueña» de un Ibex que ya está a un paso de los 20.000 puntos
«¡Matilde, Matilde, que he comprado Telefónicas!, gritaba por teléfono un eufórico José Luis López Vázquez a una ficticia mujer en el anuncio del primer gran proceso de apertura de capital de una gran empresa al ahorro popular. La campaña caló tan hondo que las acciones de la Compañía Telefónica Nacional de España pasaron a ser conocidas popularmente como «Matildes». Todo un hito en la historia económica nacional, ya que, por primera vez, las clases medias podían acceder a la compra de acciones en Bolsa. Tal fue el furor que, en ocho años (entre 1965 y 1973), la capitalización bursátil de Telefónica pasó de 20.000 millones de las antiguas pesetas (120 millones de euros) a unos 85.000 millones (511 millones de euros), dada la gran cantidad de inversores que acudieron a dicha oferta atraídos por las acciones que eran más rentables que la deuda pública.Aunque técnicamente las célebres «Matildes» no constituyeron una OPV en sentido estricto, ya que el Estado mantuvo el control, en la práctica, aquellas emisiones a través de ampliaciones de capital anticiparon varias décadas el fenómeno que después protagonizarían las grandes privatizaciones de los años noventa y sentaron las bases del llamado capitalismo popular. Jubilados, funcionarios, autónomos y familias compraron acciones de empresas que hasta entonces habían pertenecido al Estado. Telefónica, Repsol, Endesa, Argentaria o Tabacalera, dejando de ser patrimonio público para convertirse en propiedad de millones de ciudadanos.Las privatizaciones de los años noventa, por las que el Estado ingresó más de 41.000 millones de pesetas (246 millones de euros), no fueron únicamente una de las mayores transformaciones económicas de la España moderna. Por primera vez, una parte significativa de los ahorros de las familias se canalizaba directamente hacia los mercados de capitales, instaurándose una cultura inversora que convirtió a millones de españoles en accionistas. Juan Flames, consejero delegado de Bolsas y Mercados Españoles (BME), suele recordar un dato que resume bien en interés por la Bolsa en aquella época. Y es que las familias llegaron a ser «propietarias» en 1998 de más de un tercio del mercado (35,1%) .Treinta años después, aquella generación de accionistas prácticamente ha desaparecido, convirtiendo al inversor minorista en una auténtica especie en peligro de extinción. A cierre del ejercicio 2024, la participación de los particulares había descendido al 15,8%, lo que supone una caída de seis décimas frente al año anterior y marca un mínimo histórico de los últimos 32 años, según el último informe sobre la propiedad de las acciones cotizadas elaborado por el Servicio de Estudios de BME.Paradoja: familias más ricas que nuncaSin duda, se trata de una paradoja, ya que las familias españolas son hoy más ricas que nunca desde el punto de vista financiero. La riqueza financiera neta de los hogares alcanzó en 2025 los 2,645 b
«¡Matilde, Matilde, que he comprado Telefónicas!, gritaba por teléfono un eufórico José Luis López Vázquez a una ficticia mujer en el anuncio del primer gran proceso de apertura de capital de una gran empresa al ahorro popular. La campaña caló tan hondo que las acciones de la Compañía Telefónica Nacional de España pasaron a ser conocidas popularmente como «Matildes». Todo un hito en la historia económica nacional, ya que, por primera vez, las clases medias podían acceder a la compra de acciones en Bolsa. Tal fue el furor que, en ocho años (entre 1965 y 1973), la capitalización bursátil de Telefónica pasó de 20.000 millones de las antiguas pesetas (120 millones de euros) a unos 85.000 millones (511 millones de euros), dada la gran cantidad de inversores que acudieron a dicha oferta atraídos por las acciones que eran más rentables que la deuda pública. Aunque técnicamente las célebres «Matildes» no constituyeron una OPV en sentido estricto, ya que el Estado mantuvo el control, en la práctica, aquellas emisiones a través de ampliaciones de capital anticiparon varias décadas el fenómeno que después protagonizarían las grandes privatizaciones de los años noventa y sentaron las bases del llamado capitalismo popular. Jubilados, funcionarios, autónomos y familias compraron acciones de empresas que hasta entonces habían pertenecido al Estado. Telefónica, Repsol, Endesa, Argentaria o Tabacalera, dejando de ser patrimonio público para convertirse en propiedad de millones de ciudadanos. Las privatizaciones de los años noventa, por las que el Estado ingresó más de 41.000 millones de pesetas (246 millones de euros), no fueron únicamente una de las mayores transformaciones económicas de la España moderna. Por primera vez, una parte significativa de los ahorros de las familias se canalizaba directamente hacia los mercados de capitales, instaurándose una cultura inversora que convirtió a millones de españoles en accionistas. Juan Flames, consejero delegado de Bolsas y Mercados Españoles (BME), suele recordar un dato que resume bien en interés por la Bolsa en aquella época. Y es que las familias llegaron a ser «propietarias» en 1998 de más de un tercio del mercado (35,1%) . Treinta años después, aquella generación de accionistas prácticamente ha desaparecido, convirtiendo al inversor minorista en una auténtica especie en peligro de extinción. A cierre del ejercicio 2024, la participación de los particulares había descendido al 15,8%, lo que supone una caída de seis décimas frente al año anterior y marca un mínimo histórico de los últimos 32 años, según el último informe sobre la propiedad de las acciones cotizadas elaborado por el Servicio de Estudios de BME. Paradoja: familias más ricas que nunca Sin duda, se trata de una paradoja, ya que las familias españolas son hoy más ricas que nunca desde el punto de vista financiero. La riqueza financiera neta de los hogares alcanzó en 2025 los
