Como si de un endeble castillo de naipes se tratara, la atención primaria se tambalea de forma agónica en nuestro país desde hace ya varios años. Aguanta, impertérrita, pero lo hace a costa de sus profesionales y también, cada vez más, a costa de la salud de los pacientes, tal y como demuestra el hecho de que los españoles esperan una media de 10,3 días para conseguir una cita en atención primaria, según la primera oleada del Barómetro Sanitario 2026, elaborado por el Ministerio de Sanidad junto al Centro de Investigaciones Sociológicas. Ese dato es solo un número, pero muy significativo, pues revela el declive de la primaria, ya que en 2024 el tiempo de espera medio para conseguir una cita alcanzó los 8,7 días. «La tendencia es negativa, porque la espera aumenta año tras año, lo que significa que el problema se está cronificando y el sistema ya está dando muestras de asfixia que impactan en el paciente que tiene una necesidad no urgente, pues la patología no demorable sí se ve en los centros de salud en el mismo día por la accesibilidad que caracteriza a nuestro modelo y como mecanismo para no sobrecargar las urgencias hospitalarias», asegura Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). En este sentido, una demora excesiva «genera desconfianza en el paciente, pues le obliga a dar bandazos entre profesionales, lo que puede llegar a retrasar un diagnóstico», apunta José Polo, presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). Algo que va en contra de la propia filosofía de esta especialidad, ya que «no es un ámbito asistencial más, sino el eje vertebrador del Sistema Nacional de Salud (SNS), capaz de garantizar la accesibilidad, la continuidad asistencial, la longitudinalidad y una atención centrada en las personas, sus familias y su comunidad», recuerda Remedios Martín, presidenta de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC). La radiografía de la atención primaria ofrece un diagnóstico rápido: el colapso es inminente si no se actúa ya. «Se está reduciendo el número de médicos porque no hay relevo generacional. No es que falte vocación, es que las condiciones laborales son tan pésimas que hacen que no sea una especialidad atractiva para los más jóvenes, menos aún en la España rural, donde la conciliación y los servicios resultan un hándicap, hasta el punto de que, año tras año, vemos que quedan plazas sin cubrir. A ello se suma el incremento constante de la demanda de pacientes por el envejecimiento de la población y por la cronificación de las principales patologías, cada vez más complejos. Esto supone una bomba de relojería para el sistema», reconoce Armenteros. Agendas saturadas La consecuencia directa de esta compleja ecuación son agendas imposibles de cumplir en tiempo y forma: «Atendemos a una media de 60 pacientes al día, cuando Europa dice que no debería sobrepasar en
El colapso que sufre la medicina de familia en España ya repercute en el paciente, obligado a esperar una media de diez días para ser atendido
Como si de un endeble castillo de naipes se tratara, la atención primaria se tambalea de forma agónica en nuestro país desde hace ya varios años. Aguanta, impertérrita, pero lo hace a costa de sus profesionales y también, cada vez más, a costa de la salud de los pacientes, tal y como demuestra el hecho de que los españoles esperan una media de 10,3 días para conseguir una cita en atención primaria, según la primera oleada del Barómetro Sanitario 2026, elaborado por el Ministerio de Sanidad junto al Centro de Investigaciones Sociológicas.Ese dato es solo un número, pero muy significativo, pues revela el declive de la primaria, ya que en 2024 el tiempo de espera medio para conseguir una cita alcanzó los 8,7 días. «La tendencia es negativa, porque la espera aumenta año tras año, lo que significa que el problema se está cronificando y el sistema ya está dando muestras de asfixia que impactan en el paciente que tiene una necesidad no urgente, pues la patología no demorable sí se ve en los centros de salud en el mismo día por la accesibilidad que caracteriza a nuestro modelo y como mecanismo para no sobrecargar las urgencias hospitalarias», asegura Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).En este sentido, una demora excesiva «genera desconfianza en el paciente, pues le obliga a dar bandazos entre profesionales, lo que puede llegar a retrasar un diagnóstico», apunta José Polo, presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). Algo que va en contra de la propia filosofía de esta especialidad, ya que «no es un ámbito asistencial más, sino el eje vertebrador del Sistema Nacional de Salud (SNS), capaz de garantizar la accesibilidad, la continuidad asistencial, la longitudinalidad y una atención centrada en las personas, sus familias y su comunidad», recuerda Remedios Martín, presidenta de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC). La radiografía de la atención primaria ofrece un diagnóstico rápido: el colapso es inminente si no se actúa ya. «Se está reduciendo el número de médicos porque no hay relevo generacional. No es que falte vocación, es que las condiciones laborales son tan pésimas que hacen que no sea una especialidad atractiva para los más jóvenes, menos aún en la España rural, donde la conciliación y los servicios resultan un hándicap, hasta el punto de que, año tras año, vemos que quedan plazas sin cubrir. A ello se suma el incremento constante de la demanda de pacientes por el envejecimiento de la población y por la cronificación de las principales patologías, cada vez más complejos. Esto supone una bomba de relojería para el sistema», reconoce Armenteros.Agendas saturadasLa consecuencia directa de esta compleja ecuación son agendas imposibles de cumplir en tiempo y forma: «Atendemos a una media de 60 pacientes al día, cuando Europa dice que no debería sobrepasar en
