Hoy es un domingo en que los españoles van a estar muy atentos a lo que suceda en Nueva York al culminar el día. Donde nuestra selección nacional de fútbol disputa la primacía mundial en ese ámbito con Argentina, quien precisamente la ostenta ahora. Mañana Dm. habrá ocasión de comentarlo y confiemos en que pueda ser para felicitarnos. Entre tanto, hoy Día del Señor, volvemos la mirada hacia el reciente 16 de julio, cuando celebramos una de las fiestas del calendario litúrgico de la Iglesia, que concita en todo el mundo católico una mayor devoción de los fieles: la fiesta de la Virgen del Carmen. El origen de la misma se encuentra en el Antiguo Testamento, en el libro del profeta Isaías, donde narra el episodio vivido por el profeta Elías, que habitaba en una gruta como ermitaño en el Monte Carmelo de Israel. Allí se describe una experiencia singular vivida por él al invocar a Yahvé para enfrentarse y derrotar a Baal, el dios pagano de los sacerdotes cananeos. Ahí nació la costumbre de ir a establecerse como ermitaños habitando en grutas del Carmelo. Siglos después, en torno al 1200, de esos ermitaños nacerá la Orden Carmelitana (del monte Carmelo), cuya celebración en la actual fecha tiene su origen en la revelación recibida por San Simón Stock el 16 de julio de 1251, cuando se le apareció en dicho monte la Virgen del Carmen, siendo el superior general de la Orden carmelitana, al que le hará entrega del «escapulario». El conocido sacramental que caracteriza a dicha Orden, y que portan todos sus miembros con la promesa del «privilegio sabatino» comunicado por la Virgen a su superior. Consistente en que todo el que fallezca portándolo sobre su pecho con devoción, obtendrá la gracia de que el primer sábado tras su muerte, Ella sacará su alma del Purgatorio para llevarla al Cielo. A finales del siglo XV, la Orden obtendrá un gran impulso en España de la mano de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, para desde aquí y de la mano de la evangelización de América, extenderse a todo el mundo hispano. Por ello, actualmente la devoción a la Virgen del Carmen está muy arraigada y presente, incluso como Patrona en muchos países y ciudades de Occidente, además de ser la Patrona de las gentes del mar. Cada 16 de julio las calles de esos lugares se pueblan de celebraciones en forma de procesiones por tierra –y, en localidades costeras, también por el mar–, efectuadas por pescadores y marineros. En España es además, la patrona de la Armada desde 1901, decisión establecida por la Reina Regente María Cristina.
En España es además, la Virgen del Carmen es la patrona de la Armada desde 1901, decisión establecida por la Reina Regente María Cristina
Hoy es un domingo en que los españoles van a estar muy atentos a lo que suceda en Nueva York al culminar el día. Donde nuestra selección nacional de fútbol disputa la primacía mundial en ese ámbito con Argentina, quien precisamente la ostenta ahora. Mañana Dm. habrá ocasión de comentarlo y confiemos en que pueda ser para felicitarnos. Entre tanto, hoy Día del Señor, volvemos la mirada hacia el reciente 16 de julio, cuando celebramos una de las fiestas del calendario litúrgico de la Iglesia, que concita en todo el mundo católico una mayor devoción de los fieles: la fiesta de la Virgen del Carmen. El origen de la misma se encuentra en el Antiguo Testamento, en el libro del profeta Isaías, donde narra el episodio vivido por el profeta Elías, que habitaba en una gruta como ermitaño en el Monte Carmelo de Israel. Allí se describe una experiencia singular vivida por él al invocar a Yahvé para enfrentarse y derrotar a Baal, el dios pagano de los sacerdotes cananeos. Ahí nació la costumbre de ir a establecerse como ermitaños habitando en grutas del Carmelo. Siglos después, en torno al 1200, de esos ermitaños nacerá la Orden Carmelitana (del monte Carmelo), cuya celebración en la actual fecha tiene su origen en la revelación recibida por San Simón Stock el 16 de julio de 1251, cuando se le apareció en dicho monte la Virgen del Carmen, siendo el superior general de la Orden carmelitana, al que le hará entrega del «escapulario». El conocido sacramental que caracteriza a dicha Orden, y que portan todos sus miembros con la promesa del «privilegio sabatino» comunicado por la Virgen a su superior. Consistente en que todo el que fallezca portándolo sobre su pecho con devoción, obtendrá la gracia de que el primer sábado tras su muerte, Ella sacará su alma del Purgatorio para llevarla al Cielo. A finales del siglo XV, la Orden obtendrá un gran impulso en España de la mano de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, para desde aquí y de la mano de la evangelización de América, extenderse a todo el mundo hispano. Por ello, actualmente la devoción a la Virgen del Carmen está muy arraigada y presente, incluso como Patrona en muchos países y ciudades de Occidente, además de ser la Patrona de las gentes del mar. Cada 16 de julio las calles de esos lugares se pueblan de celebraciones en forma de procesiones por tierra –y, en localidades costeras, también por el mar–, efectuadas por pescadores y marineros. En España es además, la patrona de la Armada desde 1901, decisión establecida por la Reina Regente María Cristina.
