No es la primera vez que Trump ofrece cheques en tiempo electoral, pero esta vez se trata de un cínico y descarado soborno que promete dinero a cambio de retener poder
Nadie había llegado nunca tan lejos. Comprar votos es una práctica tan antigua como la democracia. Pero a nadie se le había ocurrido la compra de una elección entera, tal como ha anunciado Donald Trump en la Convención Republicana en Dallas, donde prometió pagar 5.000 dólares (algo más de 4.300 euros) a cada uno de los 250 millones de ciudadanos con derecho de voto si el resultado de los comicios de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre arroja la mayoría trumpista que le permita seguir controlando tanto la Cámara de Representantes como el Senado.. Si consiguiera tal victoria, y luego cumpliera su descomunal promesa, debería desembolsar más de un billón de dólares, el 18% del gasto federal en 2026. Una cantidad que superaría en un 50% al gasto en defensa, añadiría siete décimas al déficit público, que ronda el 5,8% del PIB, e incrementaría el endeudamiento en un 4,2% del PIB, a sumar a los 40 billones ya acumulados, hasta el 122%. Son parámetros peleados con la contención de la inflación y los tipos de interés que convienen al trumpismo para ganar las legislativas pero también las presidenciales de 2028.. Una oferta de tanta envergadura parte del viejo y corruptor axioma de que todo se puede comprar, incluso las conciencias y las preferencias políticas de los ciudadanos. No es la primera vez que un candidato, también el propio Trump, ofrece cheques en tiempo electoral, bajo el disfraz de subsidios sociales o fiscales, pero esta vez se trata de un cínico y descarado soborno que promete dinero a cambio de retener poder. A Trump no le interesa la tradicional y trabajosa compra de votos al detalle, que exige obtenerlos uno a uno o en paquetes controlados por los caciques, sino que pretende adquirirlos al por mayor, comprando la mayoría electoral y en consecuencia la entera democracia. Su oferta revela la escasa consideración que le merece la voluntad popular expresada en las urnas, en consonancia con sus numerosas maniobras para limitar el derecho de voto, como el rediseño de los distritos para diluir el voto demócrata, los obstáculos al sufragio postal o su negativa a reconocer los resultados de las urnas cuando le son desfavorables.. Con la denominación de “dividendo Trump”, como lo llama, la promesa conecta con la personalización de la campaña para las elecciones de mitad de mandato, en las que se eligen todos los congresistas y un tercio de los senadores, pero han sido presentadas como si fuera un plebiscito sobre su figura. La Convención Republicana de esta semana es una innovación improvisada por el trumpismo para hacerse con el control de la campaña y convertir en victoria un tipo de elecciones que suelen castigar al presidente. De ahí su desafiante llamamiento a votar a los candidatos republicanos como si fuera su nombre el que estuviera escrito en las papeletas, una idea que los candidatos de su partido temen y que conviene, en cambio, a los demócratas, a la vista de la menguante popularidad de Trump.. La amenaza que pesa sobre su presidencia si pierde las dos cámaras puede convertir en un infierno los dos años que le quedan en la Casa Blanca. Menos grave sería la pérdida solo de la Cámara de Representantes, aunque abriría la posibilidad de un nuevo procedimiento de destitución o impeachment, con la protección que significa el control del Senado. Aunque se haya atrevido a lanzar tan temeraria oferta, convencido de que reafirma su autoridad, muchos la interpretan como fruto de su desesperación.. De una campaña tan extravagante salen devaluados los candidatos, la calidad de la democracia y el respeto que se merecen los ciudadanos, como si no hubieran sido convocados a las urnas, sino a la junta de accionistas de una empresa regida autoritariamente por un empresario megalómano y codicioso. El Tribunal Supremo ya entregó en 2010 la financiación de las campañas electorales a las grandes fortunas con una sentencia que invocaba la protección constitucional de la libertad de expresión para sortear los límites de contribuciones. Ahora, con esta promesa electoral, la plutocracia se exhibe desnuda.. Trump cuenta con sólidos antecedentes para que nadie le crea. Es un mentiroso sistemático, compulsivo y pertinaz, sin recato para sostener sus mentiras después de que hayan sido desveladas, o para exigir la credulidad como prueba de lealtad a sus colaboradores. Durante su primera presidencia se contabilizaron hasta 30.000, más de dos por día. Están desacreditadas, incluso judicialmente, las cuentas de sus negocios, sus declaraciones fiscales y gran parte de la documentación societaria de sus empresas.. Aunque nadie le crea, la mera idea de comprar unas elecciones enteras, se supone que mediante endeudamiento público y a cargo finalmente de los contribuyentes, revela el grado cero de la democracia al que está llevando el trumpismo, apenas a cincuenta días de que los ciudadanos tengan en sus manos el destino político de su país, quién sabe si por última vez.. Para leer más:
Nadie había llegado nunca tan lejos. Comprar votos es una práctica tan antigua como la democracia. Pero a nadie se le había ocurrido la compra de una elección entera, tal como ha anunciado Donald Trump en la Convención Republicana en Dallas, donde prometió pagar 5.000 dólares (algo más de 4.300 euros) a cada uno de los 250 millones de ciudadanos con derecho de voto si el resultado de los comicios de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre arroja la mayoría trumpista que le permita seguir controlando tanto la Cámara de Representantes como el Senado.. Seguir leyendo. Susan B. Glasser, Jane Mayer y Evan Osnos. Is a Blue Wave Really Coming?. The Political Scene Podcast. The New Yorker. 11 de septiembre. Justin Wolfers. I Promise I’m Good for It. Platypus Economics. Substack. 10 de septiembre.. Michael Waldman. Election Interference Won’t Work If Americans Vote. Brennan Center for Justice. 9 de septiembre.
