Con una velocidad de hasta 600 kilómetros por hora y carga explosiva de 90 kilogramos, estos vehículos de ataque, que Moscú produce a escala, burlan los sistemas ucranios y asolan ciudades como Kiev
El signo de una guerra guarda en ocasiones más relación con la iniciativa que con el combate. Ucrania es buen ejemplo. La superioridad de Rusia, sobre el papel, debiera haber finiquitado el conflicto en poco tiempo, pero la creatividad y el factor sorpresa han permitido a Kiev mantener el pulso. Aunque no siempre. Cunde últimamente la sensación de que los interceptores ucranios no son capaces de hacer frente a los potentes drones de motor a reacción rusos. Según datos de la Fuerza Aérea ucrania, cuatro de cada diez vehículos de ataque de este tipo, con velocidades de hasta 600 kilómetros por hora y una carga explosiva de 90 kilogramos, vuelan hasta su objetivo con éxito. El agujero defensivo es grande. Una de estas aeronaves fue la que alcanzó un centro comercial de Krivói Rog el pasado 21 de agosto, después de que un primer aparato golpease unos minutos antes los almacenes. 16 personas perdieron la vida.. El avance técnico de la industria militar rusa es incontestable. Las fábricas de la zona económica de Alabuga, en Tartaristán, están produciendo a gran escala estos drones a reacción de alta velocidad —mucho mayor que la de las aeronaves con motores de pistones—, destinados a sortear las diferentes capas de defensa ucranias. Según los datos de los servicios de inteligencia ucranios citados por Reuters, Rusia fabrica ya alrededor de 3.000 de estos vehículos de ataque al mes.. Este inventario encaja con la gráfica de ascenso trazada recientemente por el portavoz de la Fuerza Aérea ucrania, Yurii Ignat: según este coronel ucranio, el ejército invasor lanzó 350 aeronaves bomba de motor a reacción en junio, por 1.500 en julio y 2.800 en agosto. La ofensiva rusa con estos drones misil ha situado a Kiev en el centro de la diana. Según el mapa elaborado por Reuters a partir de los números de agosto, es esta región central la que registró mayor número de ataques con estos proyectiles durante el pasado mes (478). Cuatro años y medio después del inicio de la cruenta ofensiva, la última escalada rusa está igualando la imagen de la capital a la de algunas ciudades ubicadas en pleno frente batalla, en el este del país.. “El primero de estos drones kamikaze se utilizó en territorio ucranio en enero de 2024″, señala en un intercambio de mensajes el analista militar ucranio Oleksandr Kovalenko. “Durante dos años, estos medios de destrucción se modernizaron teniendo en cuenta las necesidades del enemigo, y se crearon las condiciones para su producción en serie”, prosigue Kovalenko. Según este analista, la interceptación “efectiva” de estos aparatos de ataque requiere el uso de misiles de corto alcance, sistemas portátiles de defensa antiaérea o sistemas de combate aéreo. “Sin embargo, estos recursos son escasos y no bastan para cubrir por completo todo el espacio aéreo”, continúa Kovalenko.. Es por esto por lo que un conocido mando militar ucranio, Maksym Zhorin, subcomandante de la 3ª Brigada de Asalto, antaño en las filas del Batallón Azov, expresó el pasado viernes en una red social y de forma pública que Ucrania había perdido la iniciativa. “En resumen: no disponemos ni de esos drones ni de medios para contrarrestarlos”, manifestó.. “En 2026, Rusia amplió la producción de estos drones más rápidamente de lo que Ucrania desarrolló medios para contrarrestarlos”, explica Kovalenko. “Esto no significa que el problema no pueda resolverse, pero llevará tiempo, y Rusia está aprovechando la oportunidad para atacar mientras Ucrania no dispone de estas contramedidas en cantidades suficientes”. El presidente del país, Volodímir Zelenski, ha informado de que 60 empresas locales trabajan contra el reloj para desarrollar interceptores que den caza a estos aparatos.. El desafío para Kiev es arduo. Si bien los primeros drones del modelo Geran, basado en los Shahed iraníes, podían volar a unos 180-200 kilómetros por hora, la punta de lanza del actual aparato ofensivo ruso, el Geran 5, puede alcanzar los 600 kilómetros por hora. Trasladado a las estadísticas, el salto cualitativo ruso es evidente: con las antiguas aeronaves de ataque, la tasa de interceptaciones ucranias estaba en torno al 90%. Incluso las unidades móviles de artilleros eran capaces de localizar a varios kilómetros de distancia este tipo de dron y emprender su neutralización. Con los aparatos a reacción, los sistemas de defensa ucranios llegan a duras penas al 60% de derribos.. La velocidad es la clave a través de estos motores que aprovechan aire y combustión para volar. La industria rusa ha diseñado un proyectil con un cuerpo tubular similar al de un misil de crucero y alas rectas —a diferencia de las de diseño delta de modelos anteriores—. Incorpora sistemas mejorados para la fijación de objetivos, con ayuda de inteligencia artificial, y para evitar la interceptación con guerra electrónica (jamming). El modelo más avanzado puede recorrer alrededor de 1.000 kilómetros.. Más allá de la escala de producción rusa, Kiev ha denunciado que estos vehículos aéreos que asolan hoy las ciudades ucranias incorporan, como modelos anteriores, piezas extranjeras en su ensamblaje. El servicio de inteligencia del Ministerio de Defensa (GUR) ha destripado el Geran 5. Entre sus componentes, el motor turborreactor Telefly, de fabricación china, nueve piezas de origen estadounidense —algunos producidos por la empresa Texas Instruments, vieja conocida por el departamento de sanciones ucranio— y hasta una placa receptora del sistema de navegación satelital manufacturado en Alemania.. En el éxito de estos drones hay un pero: el coste (90.000-130.000 euros) es más elevado que el de los primeros drones de tipo Shahed, por lo que la producción no puede escalar tanto como desearía el Kremlin. El pasado junio, el general Oleksander Sirski, entonces comandante de las Fuerzas Armadas de Ucrania, manifestó que Moscú tenía planes para que el 50% de su inventario de drones fuera de modelos con motores a reacción.. Si la apuesta funciona, Rusia lograría en primer lugar una ventaja comparativa en relación con misiles de crucero bien conocidos por la población civil ucrania como el Kh-101 o el Kalibr, cuyo coste por unidad ronda los dos millones de euros. Además, la fabricación en masa de estos aparatos, a medio camino entre el dron y el misil, permite reservar el uso de balísticos —y engordar así los arsenales— para objetivos estratégicos más complejos.
El signo de una guerra guarda en ocasiones más relación con la iniciativa que con el combate. Ucrania es buen ejemplo. La superioridad de Rusia, sobre el papel, debiera haber finiquitado el conflicto en poco tiempo, pero la creatividad y el factor sorpresa han permitido a Kiev mantener el pulso. Aunque no siempre. Cunde últimamente la sensación de que los interceptores ucranios no son capaces de hacer frente a los potentes drones de motor a reacción rusos. Según datos de la Fuerza Aérea ucrania, cuatro de cada diez vehículos de ataque de este tipo, con velocidades de hasta 600 kilómetros por hora y una carga explosiva de 90 kilogramos, vuelan hasta su objetivo con éxito. El agujero defensivo es grande. Una de estas aeronaves fue la que alcanzó un centro comercial de Krivói Rog el pasado 21 de agosto, después de que un primer aparato golpease unos minutos antes los almacenes. 16 personas perdieron la vida.. Seguir leyendo
