He aquí el más genuino representante del mundo rural: el botijo, humilde vasija de barro, que tenía la virtud de conservar fresca el agua en pleno verano, agua que se bebía a chorro, disfrutando de su larga caída sobre los labios resecos. Eran tiempos en que no hacían falta vasos. El vino se bebía directamente del porrón o de la bota, y el agua, del botijo, que estaba siempre a mano, en la cocina o, durante la siega, en el tajo a la sombra del fascal, del majuelo o del escaramujo. Antes de la llegada del agua corriente a las casas, el cántaro y el botijo se llenaban en la fuente y se depositaban en la cantarera. Los niños éramos los encargados de llenar el botijo y, de paso, de llevar la yunta al bebedero.. El botijo es una vasija de barro o cerámica, esferoide, con asa en la parte de arriba y con dos orificios; se llama boca el orificio más ancho, por donde entra el agua, y pitorro, el estrecho por el que se bebe. También se conoce por búcaro, y en cada región de España se llama de una manera. En mi pueblo, por influencia aragonesa, se llamaba también rallo. Los botijos pueden ser blancos, negros, rojos esgrafiados, vidriados con decoración…. El origen del nombre es latino: de «buttis», botella, que derivó en época tardía en «butticulum». Es un objeto que viene de la prehistoria. El botijo más antiguo, encontrado en España, se conserva en el Museo Arqueológico de Murcia, procedente de la necrópolis de Beniaján, y es de la cultura argárica. Dispersos por toda España, el viajero curioso puede visitar en varias localidades –Argentona, Villena, Toral de los Guzmanes…– interesantes museos del botijo. Fue famosa la Feria Chica Botijera de Dueñas, y en Eibar luce en la calle la estatua del botijero, encargado de llevar agua a los obreros de los talleres.. Profesores de la Politécnica de Madrid plasmaron científicamente en una compleja fórmula física la causa del enfriamiento del agua en el botijo, por efecto de la evaporación. Y el pintor Sorolla tiene un óleo titulado «El botijo», que mereció en 1964 figurar en un sello de Correos, lo que convirtió al humilde botijo en imagen internacional de España.. En el lenguaje popular no siempre acaba bien parado. «Hacer botijos» o «hacer pucheros» se dice de los niños cuando hinchan los carrillos para romper a llorar. En mi pueblo llamaban «tío Botijas» a un vecino que se quejaba de todo, y es conocido el dicho de que «ese es más feo que un botijo sin pitorro».
Eran tiempos en que no hacían falta vasos. El vino se bebía directamente del porrón o de la bota, y el agua, del botijo, que estaba siempre a mano
He aquí el más genuino representante del mundo rural: el botijo, humilde vasija de barro, que tenía la virtud de conservar fresca el agua en pleno verano, agua que se bebía a chorro, disfrutando de su larga caída sobre los labios resecos. Eran tiempos en que no hacían falta vasos. El vino se bebía directamente del porrón o de la bota, y el agua, del botijo, que estaba siempre a mano, en la cocina o, durante la siega, en el tajo a la sombra del fascal, del majuelo o del escaramujo. Antes de la llegada del agua corriente a las casas, el cántaro y el botijo se llenaban en la fuente y se depositaban en la cantarera. Los niños éramos los encargados de llenar el botijo y, de paso, de llevar la yunta al bebedero.. El botijo es una vasija de barro o cerámica, esferoide, con asa en la parte de arriba y con dos orificios; se llama boca el orificio más ancho, por donde entra el agua, y pitorro, el estrecho por el que se bebe. También se conoce por búcaro, y en cada región de España se llama de una manera. En mi pueblo, por influencia aragonesa, se llamaba también rallo. Los botijos pueden ser blancos, negros, rojos esgrafiados, vidriados con decoración…. El origen del nombre es latino: de «buttis», botella, que derivó en época tardía en «butticulum». Es un objeto que viene de la prehistoria. El botijo más antiguo, encontrado en España, se conserva en el Museo Arqueológico de Murcia, procedente de la necrópolis de Beniaján, y es de la cultura argárica. Dispersos por toda España, el viajero curioso puede visitar en varias localidades –Argentona, Villena, Toral de los Guzmanes…– interesantes museos del botijo. Fue famosa la Feria Chica Botijera de Dueñas, y en Eibar luce en la calle la estatua del botijero, encargado de llevar agua a los obreros de los talleres.. Profesores de la Politécnica de Madrid plasmaron científicamente en una compleja fórmula física la causa del enfriamiento del agua en el botijo, por efecto de la evaporación. Y el pintor Sorolla tiene un óleo titulado «El botijo», que mereció en 1964 figurar en un sello de Correos, lo que convirtió al humilde botijo en imagen internacional de España.. En el lenguaje popular no siempre acaba bien parado. «Hacer botijos» o «hacer pucheros» se dice de los niños cuando hinchan los carrillos para romper a llorar. En mi pueblo llamaban «tío Botijas» a un vecino que se quejaba de todo, y es conocido el dicho de que «ese es más feo que un botijo sin pitorro».
