Estamos en puertas de empezar pasado mañana la estación meteorológica de otoño, y confiando en que la ola de calor que nos invade desde hace más de 60 días acabe pronto. Entre tanto, Sánchez, –cuyas vacaciones veraniegas en La Mareta finalizaron días atrás– reanudada su actividad política, nos aportó ayer desde Gavà en Barcelona una buena muestra de sus prioridades políticas. Acudió allí a festejar la tradicional Fiesta de la Rosa, del PSC, acompañado de Salvador Illa, mientras los ceutíes siguen lejos y sin estar para demasiados festejos. Quienes continúan manifestando su queja y rechazo a la situación en la que se encuentran, con su ciudad ocupada por miles de inmigrantes invasores, camino ya de los dos meses. Con pancartas, gritos y consignas no precisamente loables hacia el «p…amo» socialista, en conocida expresión de su entusiasta seguidor Óscar Puente. Hacia los caballas se refirió, declarándose orgulloso de la gestión realizada en Ceuta. Así como de su política migratoria, que piensa defenderla en la Asamblea General de la ONU en Nueva York, poniéndola como modelo. Aunque si de su modélica política, lo sucedido en Ceuta es un ejemplo relevante a destacar, no parece que vaya a tener muchas adhesiones. Lo extraño es que eso lo diga ante sus militantes del PSC, y en Gavà, en lugar de hacerlo en Ceuta, como sería lo lógico ante una gestión tan brillante por su parte. Y por la que no ha vuelto a aparecer desde su fugaz visita del 31 de julio pasado, día en que comenzó sus vacaciones veraniegas. Sin duda, para descansar y sumergirse buceando ante «la violación a la integridad territorial de España» provocada por las mafias criminales, como declaró. De la cual ha acusado sucesivamente de ser sus autores a las citadas mafias, a la internacional ultraderechista, a Rusia e Israel, y al Tribunal Supremo por facilitar la invasión con su Fallo del 8 de julio. Mientras, por su parte, Marruecos solo ha recibido loas y gratitud por su actuación. Para redondear su mitinera jornada, no podía faltar una referencia a su progresista «ley de Nietos», hija destacada de su ley de la «democrática memoria». Ampliándola a los descendientes de cuantos emigraron de España entre 1936 y 1955, considerándolos a todos como exiliados políticos represaliados por el franquismo. Los cuales ya han incrementado el CERA en más de 400.000 nuevos españoles desde las pasadas elecciones. Sánchez arremetió contra la suspensión cautelar de su derecho al voto establecida por el Tribunal Supremo, ante los recursos del PP y Vox, advirtiendo del posible y masivo fraude electoral. Por lo que les acusó de «socavar la democracia» y establecer «dos categorías de españoles». Sobran más palabras.
Hacia los caballas se refirió, declarándose orgulloso de la gestión realizada en Ceuta
Estamos en puertas de empezar pasado mañana la estación meteorológica de otoño, y confiando en que la ola de calor que nos invade desde hace más de 60 días acabe pronto. Entre tanto, Sánchez, –cuyas vacaciones veraniegas en La Mareta finalizaron días atrás– reanudada su actividad política, nos aportó ayer desde Gavà en Barcelona una buena muestra de sus prioridades políticas. Acudió allí a festejar la tradicional Fiesta de la Rosa, del PSC, acompañado de Salvador Illa, mientras los ceutíes siguen lejos y sin estar para demasiados festejos. Quienes continúan manifestando su queja y rechazo a la situación en la que se encuentran, con su ciudad ocupada por miles de inmigrantes invasores, camino ya de los dos meses. Con pancartas, gritos y consignas no precisamente loables hacia el «p…amo» socialista, en conocida expresión de su entusiasta seguidor Óscar Puente. Hacia los caballas se refirió, declarándose orgulloso de la gestión realizada en Ceuta. Así como de su política migratoria, que piensa defenderla en la Asamblea General de la ONU en Nueva York, poniéndola como modelo. Aunque si de su modélica política, lo sucedido en Ceuta es un ejemplo relevante a destacar, no parece que vaya a tener muchas adhesiones. Lo extraño es que eso lo diga ante sus militantes del PSC, y en Gavà, en lugar de hacerlo en Ceuta, como sería lo lógico ante una gestión tan brillante por su parte. Y por la que no ha vuelto a aparecer desde su fugaz visita del 31 de julio pasado, día en que comenzó sus vacaciones veraniegas. Sin duda, para descansar y sumergirse buceando ante «la violación a la integridad territorial de España» provocada por las mafias criminales, como declaró. De la cual ha acusado sucesivamente de ser sus autores a las citadas mafias, a la internacional ultraderechista, a Rusia e Israel, y al Tribunal Supremo por facilitar la invasión con su Fallo del 8 de julio. Mientras, por su parte, Marruecos solo ha recibido loas y gratitud por su actuación. Para redondear su mitinera jornada, no podía faltar una referencia a su progresista «ley de Nietos», hija destacada de su ley de la «democrática memoria». Ampliándola a los descendientes de cuantos emigraron de España entre 1936 y 1955, considerándolos a todos como exiliados políticos represaliados por el franquismo. Los cuales ya han incrementado el CERA en más de 400.000 nuevos españoles desde las pasadas elecciones. Sánchez arremetió contra la suspensión cautelar de su derecho al voto establecida por el Tribunal Supremo, ante los recursos del PP y Vox, advirtiendo del posible y masivo fraude electoral. Por lo que les acusó de «socavar la democracia» y establecer «dos categorías de españoles». Sobran más palabras.
