Desde que comenzó el verano de forma oficial el pasado 21 de junio los golpes de calor y las temperaturas extremas ya han provocado de manera directa o indirecta la muerte a más 1.000 personas en nuestro país. Sin embargo, el ser humano no es el único que sufre los rigores del termómetro y muchas veces nos olvidamos de nuestras mascotas -especialmente los perros- que también tienen que combatir contra el calor.
Con la llegada del periodo más caluroso del año, los veterinarios recuerdan la importancia de extremar las precauciones para evitar los golpes de calor en los animales de compañía. Los perros son especialmente vulnerables a las altas temperaturas porque su capacidad para regular el calor corporal es mucho más limitada que la de las personas. Apenas sudan, ya que solo lo hacen a través de las almohadillas de las patas, y dependen casi exclusivamente del jadeo para eliminar el exceso de temperatura, un mecanismo poco eficaz cuando el calor es intenso.
Reconocer los primeros síntomas puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida y un desenlace fatal. Un jadeo constante incluso cuando el animal está en reposo, temblores, debilidad, desorientación o un colapso son señales de alarma que requieren atención veterinaria urgente. En los casos más graves, la temperatura corporal puede alcanzar los 42 o 43 grados, una situación crítica que puede provocar un fallo multiorgánico y poner en peligro la vida del animal.
Los especialistas insisten en que, ante la sospecha de un golpe de calor, es fundamental actuar desde el primer momento. Mientras se traslada al perro al veterinario, conviene comenzar a enfriar su cuerpo con toallas húmedas y frescas, evitando cambios bruscos de temperatura. Aunque el animal parezca recuperarse, la visita a la clínica es imprescindible, ya que algunas complicaciones internas pueden manifestarse después y dejar secuelas permanentes a nivel neurológico, renal o hepático.
La mayoría de los golpes de calor tienen un buen pronóstico cuando se detectan y tratan a tiempo. Sin embargo, cada verano siguen produciéndose situaciones completamente evitables. La más peligrosa continúa siendo dejar al perro dentro de un vehículo estacionado al sol, donde la temperatura aumenta en pocos minutos hasta niveles extremos. Los veterinarios recuerdan que el interior de un coche puede convertirse rápidamente en un auténtico horno, incluso con las ventanillas ligeramente abiertas.
También conviene prestar especial atención a los animales más vulnerables. Los cachorros, que suelen mantener una actividad intensa sin percibir el riesgo, y los perros de edad avanzada, especialmente aquellos con enfermedades cardíacas o respiratorias, tienen más dificultades para soportar el calor y son los que presentan un mayor riesgo de sufrir complicaciones graves.
Otra recomendación importante es desterrar algunos falsos mitos. Rapar completamente a los perros de pelo largo no les ayuda a combatir mejor las altas temperaturas. Al contrario, el pelaje actúa como un aislante natural que protege tanto del frío como del calor. Lo más recomendable es mantener el manto limpio, bien cepillado y libre de pelo muerto para que conserve esa función protectora.
Durante los meses de verano, ofrecer agua fresca de forma constante, evitar los paseos en las horas centrales del día, buscar siempre zonas de sombra y adaptar la actividad física a las condiciones ambientales son pequeños gestos que pueden salvar la vida de nuestras mascotas. La prevención sigue siendo la mejor herramienta para que perros y propietarios disfruten de un verano seguro.
Desde que comenzó el verano de forma oficial el pasado 21 de junio los golpes de calor y las temperaturas extremas ya han provocado de manera directa o indirecta la muerte a más 1.000 personas en nuestro país. Sin embargo, el ser humano no es el único que sufre los rigores del termómetro y muchas veces nos olvidamos de nuestras mascotas -especialmente los perros- que también tienen que combatir contra el calor. Con la llegada del periodo más caluroso del año, los veterinarios recuerdan la importancia de extremar las precauciones para evitar los golpes de calor en los animales de compañía. Los perros son especialmente vulnerables a las altas temperaturas porque su capacidad para regular el calor corporal es mucho más limitada que la de las personas. Apenas sudan, ya que solo lo hacen a través de las almohadillas de las patas, y dependen casi exclusivamente del jadeo para eliminar el exceso de temperatura, un mecanismo poco eficaz cuando el calor es intenso. Reconocer los primeros síntomas puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida y un desenlace fatal. Un jadeo constante incluso cuando el animal está en reposo, temblores, debilidad, desorientación o un colapso son señales de alarma que requieren atención veterinaria urgente. En los casos más graves, la temperatura corporal puede alcanzar los 42 o 43 grados, una situación crítica que puede provocar un fallo multiorgánico y poner en peligro la vida del animal. Los especialistas insisten en que, ante la sospecha de un golpe de calor, es fundamental actuar desde el primer momento. Mientras se traslada al perro al veterinario, conviene comenzar a enfriar su cuerpo con toallas húmedas y frescas, evitando cambios bruscos de temperatura. Aunque el animal parezca recuperarse, la visita a la clínica es imprescindible, ya que algunas complicaciones internas pueden manifestarse después y dejar secuelas permanentes a nivel neurológico, renal o hepático. La mayoría de los golpes de calor tienen un buen pronóstico cuando se detectan y tratan a tiempo. Sin embargo, cada verano siguen produciéndose situaciones completamente evitables. La más peligrosa continúa siendo dejar al perro dentro de un vehículo estacionado al sol, donde la temperatura aumenta en pocos minutos hasta niveles extremos. Los veterinarios recuerdan que el interior de un coche puede convertirse rápidamente en un auténtico horno, incluso con las ventanillas ligeramente abiertas. También conviene prestar especial atención a los animales más vulnerables. Los cachorros, que suelen mantener una actividad intensa sin percibir el riesgo, y los perros de edad avanzada, especialmente aquellos con enfermedades cardíacas o respiratorias, tienen más dificultades para soportar el calor y son los que presentan un mayor riesgo de sufrir complicaciones graves. Otra recomendación importante es desterrar algunos falsos mitos. Rapar completamente a los perros de pelo largo no les ayuda a combatir mejor las al
Temblores, colapso y jadeos, las señales que tenemos que atender para evitar sustos
Desde que comenzó el verano de forma oficial el pasado 21 de junio los golpes de calor y las temperaturas extremas ya han provocado de manera directa o indirecta la muerte a más 1.000 personas en nuestro país. Sin embargo, el ser humano no es el único que sufre los rigores del termómetro y muchas veces nos olvidamos de nuestras mascotas -especialmente los perros- que también tienen que combatir contra el calor.Con la llegada del periodo más caluroso del año, los veterinarios recuerdan la importancia de extremar las precauciones para evitar los golpes de calor en los animales de compañía. Los perros son especialmente vulnerables a las altas temperaturas porque su capacidad para regular el calor corporal es mucho más limitada que la de las personas. Apenas sudan, ya que solo lo hacen a través de las almohadillas de las patas, y dependen casi exclusivamente del jadeo para eliminar el exceso de temperatura, un mecanismo poco eficaz cuando el calor es intenso.Reconocer los primeros síntomas puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida y un desenlace fatal. Un jadeo constante incluso cuando el animal está en reposo, temblores, debilidad, desorientación o un colapso son señales de alarma que requieren atención veterinaria urgente. En los casos más graves, la temperatura corporal puede alcanzar los 42 o 43 grados, una situación crítica que puede provocar un fallo multiorgánico y poner en peligro la vida del animal.Los especialistas insisten en que, ante la sospecha de un golpe de calor, es fundamental actuar desde el primer momento. Mientras se traslada al perro al veterinario, conviene comenzar a enfriar su cuerpo con toallas húmedas y frescas, evitando cambios bruscos de temperatura. Aunque el animal parezca recuperarse, la visita a la clínica es imprescindible, ya que algunas complicaciones internas pueden manifestarse después y dejar secuelas permanentes a nivel neurológico, renal o hepático.La mayoría de los golpes de calor tienen un buen pronóstico cuando se detectan y tratan a tiempo. Sin embargo, cada verano siguen produciéndose situaciones completamente evitables. La más peligrosa continúa siendo dejar al perro dentro de un vehículo estacionado al sol, donde la temperatura aumenta en pocos minutos hasta niveles extremos. Los veterinarios recuerdan que el interior de un coche puede convertirse rápidamente en un auténtico horno, incluso con las ventanillas ligeramente abiertas.También conviene prestar especial atención a los animales más vulnerables. Los cachorros, que suelen mantener una actividad intensa sin percibir el riesgo, y los perros de edad avanzada, especialmente aquellos con enfermedades cardíacas o respiratorias, tienen más dificultades para soportar el calor y son los que presentan un mayor riesgo de sufrir complicaciones graves.Otra recomendación importante es desterrar algunos falsos mitos. Rapar completamente a los perros de pelo largo no les ayuda a combatir mejor las altas te
