La comunicación de un diagnóstico grave puede marcar tanto como el propio tratamiento. Así lo vivió María Ferrer-Vidal, superviviente de un cáncer de mama, cuyo testimonio en laSexta Noticias ha puesto el foco en la frialdad con la que algunos profesionales sanitarios informan a sus pacientes. Mucho más allá del susto inicial, lo que María describe es un vacío que va del despacho médico hasta casa: «De repente, no entiendes nada y, además, te quedas con todas las preguntas dentro de ti. Es bastante tremendo». El contexto personal multiplicó el impacto de aquella consulta. María acababa de enviudar y tenía a su cargo a dos hijos adolescentes y a una madre mayor. Lejos de encontrar un espacio para asimilar la noticia, se topó con una barrera de silencio. El médico que le comunicó el diagnóstico lo hizo sin mirarla a la cara, sin un saludo previo, limitándose a anunciar que tenía cáncer de mama y que pronto la llamarían para operarla. Acto seguido, desapareció. La escena, según confiesa, la dejó paralizada en un momento en que necesitaba justamente lo contrario: comprensión y palabras. La reivindicación de una mirada que cure el miedo Con el tiempo, María transformó el desconcierto inicial en una convicción clara sobre los derechos del paciente. Sostiene que cualquier persona enfrentada a una enfermedad así debería tener garantizada la posibilidad de preguntar y recibir una información comprensible, expresada con sensibilidad. En su intervención, reclamó esa pausa mínima que humaniza el trance: «Es coger aire y decir: ‘Voy a mirar a esta persona a la cara un poquito, voy a reconocerla'». La frase resume una demanda que trasciende lo puramente médico y se adentra en el terreno del respeto básico. La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) lleva tiempo insistiendo en esa misma dirección. Ana Fernández Marcos, directora del programa ‘Paciente con Voz’ de la entidad, explicó en el mismo reportaje que resulta esencial escuchar antes de informar. «Es importante preguntar, preguntar y preguntar para poder entender qué quiere la persona con cáncer», afirmó. Autonomía para decidir incluso sobre el propio relato Ese enfoque tiene una derivada práctica de primer orden. La directora del programa subrayó que humanizar el cáncer implica reconocer que el enfermo no solo tiene derecho a saber, sino también a no saber si así lo prefiere, y a marcar sus propios tiempos. «Esa persona tiene derecho a decidir a quién contarlo, cuándo contarlo y qué contar», insistió Fernández Marcos. El testimonio de María Ferrer-Vidal, recogido por laSexta Noticias, demuestra que una mala praxis comunicativa puede infligir un sufrimiento añadido y evitable.
La superviviente de cáncer de mama relata en laSexta cómo recibió la noticia sin que el facultativo la mirase, y la AECC reivindica la escucha y la autonomía del paciente como pilares del tratamiento
La comunicación de un diagnóstico grave puede marcar tanto como el propio tratamiento. Así lo vivió María Ferrer-Vidal, superviviente de un cáncer de mama, cuyo testimonio en laSexta Noticias ha puesto el foco en la frialdad con la que algunos profesionales sanitarios informan a sus pacientes.Mucho más allá del susto inicial, lo que María describe es un vacío que va del despacho médico hasta casa: «De repente, no entiendes nada y, además, te quedas con todas las preguntas dentro de ti. Es bastante tremendo».El contexto personal multiplicó el impacto de aquella consulta. María acababa de enviudar y tenía a su cargo a dos hijos adolescentes y a una madre mayor. Lejos de encontrar un espacio para asimilar la noticia, se topó con una barrera de silencio. El médico que le comunicó el diagnóstico lo hizo sin mirarla a la cara, sin un saludo previo, limitándose a anunciar que tenía cáncer de mama y que pronto la llamarían para operarla. Acto seguido, desapareció. La escena, según confiesa, la dejó paralizada en un momento en que necesitaba justamente lo contrario: comprensión y palabras.La reivindicación de una mirada que cure el miedoCon el tiempo, María transformó el desconcierto inicial en una convicción clara sobre los derechos del paciente. Sostiene que cualquier persona enfrentada a una enfermedad así debería tener garantizada la posibilidad de preguntar y recibir una información comprensible, expresada con sensibilidad. En su intervención, reclamó esa pausa mínima que humaniza el trance: «Es coger aire y decir: ‘Voy a mirar a esta persona a la cara un poquito, voy a reconocerla'». La frase resume una demanda que trasciende lo puramente médico y se adentra en el terreno del respeto básico.La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) lleva tiempo insistiendo en esa misma dirección. Ana Fernández Marcos, directora del programa ‘Paciente con Voz’ de la entidad, explicó en el mismo reportaje que resulta esencial escuchar antes de informar. «Es importante preguntar, preguntar y preguntar para poder entender qué quiere la persona con cáncer», afirmó. Autonomía para decidir incluso sobre el propio relatoEse enfoque tiene una derivada práctica de primer orden. La directora del programa subrayó que humanizar el cáncer implica reconocer que el enfermo no solo tiene derecho a saber, sino también a no saber si así lo prefiere, y a marcar sus propios tiempos. «Esa persona tiene derecho a decidir a quién contarlo, cuándo contarlo y qué contar», insistió Fernández Marcos.El testimonio de María Ferrer-Vidal, recogido por laSexta Noticias, demuestra que una mala praxis comunicativa puede infligir un sufrimiento añadido y evitable.
