El fanático sectarismo de los profesores de Derecho al servicio de La Moncloa es asombroso. Me cuesta entender ese servilismo, porque su izquierdismo no debería comportar que permanecieran impasibles ante los constantes atropellos que sufre la Constitución de manos de Sánchez. Es siempre oportuno recordar la amnistía, ya que es la constatación de una corrupción política monumental que nos retrotrae a los tiempos en que se compraban los cargos públicos. Ese fue el arranque de una legislatura en la que se gobierna de espaldas al Parlamento, no se celebra el Debate sobre el Estado de la Nación y no se ha presentado el proyecto de Presupuestos Generales del Estado. La lista es bastante larga, pero la reacción frente a la mayoría de centro derecha en el Senado es un síntoma del autoritarismo gubernamental y de la ignorancia de los que critican que el Senado controle al Gobierno. Los constituyentes hubieran podido decidir un modelo unicameral, como sucedió con las constituciones de 1812 y 1931, pero optaron, acertadamente, por que hubiera dos. Es cierto que Conde-Pumpido sería capaz de perpetrar cualquier tropelía y decir, dicho irónicamente, que estamos equivocados y que el Senado no existe. Me espero cualquier disparate de un magistrado del Supremo que ha vendido su alma a Sánchez a cambio de ser consejero permanente del Consejo de Estado.. La Constitución establece una prevalencia del Congreso, pero no significa que el Senado sea su marioneta. Es lógico que controle al Gobierno y lo puede hacer como considere conveniente. No hay que olvidar la «doctrina» de Pumpido que permite hacer todo lo que no esté prohibido expresamente. Hace muy bien creando comisiones de investigación y solicitando la comparecencia de los miembros del Gobierno. Es cierto que Sánchez tiene a la inane Armengol en la presidencia del Congreso para que sea su correa de transmisión acompañada por su fiel Galindo, que no es un letrado de las Cortes sino del sanchismo. Hay escribidores que no se han enterado de que Feijóo ganó las elecciones y que Sánchez compró la presidencia con el acto indigno de la amnistía cuya inconstitucionalidad defendía hasta ese momento. No hay ningún fraude, sino el ejercicio de sus competencias por parte del Senado y su presidente frente a una presidenta del Congreso que desprecia el principio de la separación de poderes.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
«La Constitución establece una prevalencia del Congreso, pero no significa que el Senado sea su marioneta»
El fanático sectarismo de los profesores de Derecho al servicio de La Moncloa es asombroso. Me cuesta entender ese servilismo, porque su izquierdismo no debería comportar que permanecieran impasibles ante los constantes atropellos que sufre la Constitución de manos de Sánchez. Es siempre oportuno recordar la amnistía, ya que es la constatación de una corrupción política monumental que nos retrotrae a los tiempos en que se compraban los cargos públicos. Ese fue el arranque de una legislatura en la que se gobierna de espaldas al Parlamento, no se celebra el Debate sobre el Estado de la Nación y no se ha presentado el proyecto de Presupuestos Generales del Estado. La lista es bastante larga, pero la reacción frente a la mayoría de centro derecha en el Senado es un síntoma del autoritarismo gubernamental y de la ignorancia de los que critican que el Senado controle al Gobierno. Los constituyentes hubieran podido decidir un modelo unicameral, como sucedió con las constituciones de 1812 y 1931, pero optaron, acertadamente, por que hubiera dos. Es cierto que Conde-Pumpido sería capaz de perpetrar cualquier tropelía y decir, dicho irónicamente, que estamos equivocados y que el Senado no existe. Me espero cualquier disparate de un magistrado del Supremo que ha vendido su alma a Sánchez a cambio de ser consejero permanente del Consejo de Estado.. La Constitución establece una prevalencia del Congreso, pero no significa que el Senado sea su marioneta. Es lógico que controle al Gobierno y lo puede hacer como considere conveniente. No hay que olvidar la «doctrina» de Pumpido que permite hacer todo lo que no esté prohibido expresamente. Hace muy bien creando comisiones de investigación y solicitando la comparecencia de los miembros del Gobierno. Es cierto que Sánchez tiene a la inane Armengol en la presidencia del Congreso para que sea su correa de transmisión acompañada por su fiel Galindo, que no es un letrado de las Cortes sino del sanchismo. Hay escribidores que no se han enterado de que Feijóo ganó las elecciones y que Sánchez compró la presidencia con el acto indigno de la amnistía cuya inconstitucionalidad defendía hasta ese momento. No hay ningún fraude, sino el ejercicio de sus competencias por parte del Senado y su presidente frente a una presidenta del Congreso que desprecia el principio de la separación de poderes.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
