Marc Cucurella, una de las piezas clave en la defensa de la selección española que este domingo disputa la final de la Copa del Mundo 2026, ha mostrado su rostro más vulnerable al hablar sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA) de su hijo mayor, Mateo. Más allá de su inminente incorporación al Real Madrid y sus éxitos deportivos, el futbolista de 28 años admite que los retos que enfrenta en su hogar, junto a su esposa Claudia Rodríguez, son los que realmente han reconfigurado su escala de valores. La realidad oculta tras el éxito profesional La imagen pública de los futbolistas suele asociarse a una vida sin contratiempos, una percepción que el defensa rechaza de plano: «Parece que no tenemos problemas personales, pero sí los tenemos». El diagnóstico de Mateo cuando tenía tres años marcó un antes y un después en la estabilidad familiar. Según el Boston Children’s Hospital, el TEA afecta al desarrollo neurológico, condicionando aspectos fundamentales como la comunicación social y el comportamiento. Para Cucurella, este proceso ha sido un ejercicio de humildad y aprendizaje. «Ver a tu hijo sufrir es una de las cosas más duras que hay», confiesa el jugador, quien recuerda cómo, en las primeras etapas, llegaron a sentirse profundamente desamparados por el sistema educativo. La pareja relata jornadas de angustia en las que, tras dejar a Mateo en la escuela, regresaban a su domicilio totalmente desolados. Esta vivencia le ha otorgado una nueva perspectiva, permitiéndole utilizar su altavoz mediático para visibilizar la necesidad de mayores recursos y centros de apoyo para las familias afectadas. Aprendiendo a vivir con el espectro El día a día del matrimonio junto a sus otros dos hijos, Río y Bella, exige una adaptación constante. «A veces queremos hacer ciertas cosas y no podemos porque no es bueno para él», señala Claudia Rodríguez sobre los cambios de rutina que dificultan, por ejemplo, la planificación de las vacaciones. Mateo, quien prefiere entornos controlados y frescos frente al calor extremo de la sede mundialista, requiere un nivel de atención y paciencia que ha transformado profundamente la forma en la que el deportista mira la vida. A pesar del dolor que siente cuando ve a su hijo pasarlo mal, Cucurella reconoce que «probablemente Mateo también nos ha enseñado mucho». Con el horizonte puesto en la final frente a Argentina, el futbolista se muestra convencido de que su hijo estará presente en el estadio, un paso importante tras haber evitado su asistencia en otros partidos para prevenir cuadros de ansiedad. Consciente de su posición, Marc reitera que su prioridad absoluta sigue siendo su familia: «La celebración de mis goles es para ellos, que siempre me apoyan en los mejores y en los peores momentos».
El defensa internacional, recientemente fichado por el Real Madrid, relata la dura realidad cotidiana y el aprendizaje constante que supone la crianza de un menor con TEA
Marc Cucurella, una de las piezas clave en la defensa de la selección española que este domingo disputa la final de la Copa del Mundo 2026, ha mostrado su rostro más vulnerable al hablar sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA) de su hijo mayor, Mateo. Más allá de su inminente incorporación al Real Madrid y sus éxitos deportivos, el futbolista de 28 años admite que los retos que enfrenta en su hogar, junto a su esposa Claudia Rodríguez, son los que realmente han reconfigurado su escala de valores.La realidad oculta tras el éxito profesional La imagen pública de los futbolistas suele asociarse a una vida sin contratiempos, una percepción que el defensa rechaza de plano: «Parece que no tenemos problemas personales, pero sí los tenemos». El diagnóstico de Mateo cuando tenía tres años marcó un antes y un después en la estabilidad familiar. Según el Boston Children’s Hospital, el TEA afecta al desarrollo neurológico, condicionando aspectos fundamentales como la comunicación social y el comportamiento.Para Cucurella, este proceso ha sido un ejercicio de humildad y aprendizaje. «Ver a tu hijo sufrir es una de las cosas más duras que hay», confiesa el jugador, quien recuerda cómo, en las primeras etapas, llegaron a sentirse profundamente desamparados por el sistema educativo. La pareja relata jornadas de angustia en las que, tras dejar a Mateo en la escuela, regresaban a su domicilio totalmente desolados. Esta vivencia le ha otorgado una nueva perspectiva, permitiéndole utilizar su altavoz mediático para visibilizar la necesidad de mayores recursos y centros de apoyo para las familias afectadas.Aprendiendo a vivir con el espectroEl día a día del matrimonio junto a sus otros dos hijos, Río y Bella, exige una adaptación constante. «A veces queremos hacer ciertas cosas y no podemos porque no es bueno para él», señala Claudia Rodríguez sobre los cambios de rutina que dificultan, por ejemplo, la planificación de las vacaciones. Mateo, quien prefiere entornos controlados y frescos frente al calor extremo de la sede mundialista, requiere un nivel de atención y paciencia que ha transformado profundamente la forma en la que el deportista mira la vida.A pesar del dolor que siente cuando ve a su hijo pasarlo mal, Cucurella reconoce que «probablemente Mateo también nos ha enseñado mucho». Con el horizonte puesto en la final frente a Argentina, el futbolista se muestra convencido de que su hijo estará presente en el estadio, un paso importante tras haber evitado su asistencia en otros partidos para prevenir cuadros de ansiedad. Consciente de su posición, Marc reitera que su prioridad absoluta sigue siendo su familia: «La celebración de mis goles es para ellos, que siempre me apoyan en los mejores y en los peores momentos».
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