Juanma Lorente desgrana las falsas creencias más extendidas en el ámbito laboral, desde el reparto de vacaciones hasta la firma del despido, y advierte sobre el error de confundir finiquito con indemnización
El abogado laboralista Juanma Lorente ha utilizado sus redes sociales para desmontar tres ideas que, según su experiencia, calan hondo entre los trabajadores a pesar de carecer de respaldo legal.En un tono contundente, el letrado afirma sentirse desbordado por la repetición constante de estas consultas. Su mensaje apunta directamente contra ciertas prácticas empresariales que, ya sea por desconocimiento o por mala fe, se asumen como reglas inamovibles dentro del mercado laboral.Lorente insiste en que muchas de estas creencias no solo son incorrectas, sino que además sitúan al empleado en una posición de desventaja a la hora de defender sus derechos. La primera de ellas afecta a un aspecto tan sensible como la planificación del descanso anual y ha sido calificada por el propio abogado como un clásico que no deja de repetirse en su despacho.La negociación que no debe ser imposiciónEl primer mito que el abogado busca erradicar es la supuesta obligación de aceptar un reparto de vacaciones en el que la empresa impone quince días y el trabajador elige los otros quince. Lorente es tajante al respecto: «Eso está bien si ese es tu consenso con la empresa, si tú te has entendido con la empresa de esa manera, pero como sea impuesto por la empresa, como eso sea una imposición, eso no es legal».La norma establece que el período de vacaciones debe fijarse de común acuerdo entre ambas partes, por lo que cualquier reparto decidido unilateralmente carece de validez. Si un trabajador se enfrenta a esta situación, el abogado recomienda negociar otras condiciones en lugar de asumir el criterio de la empresa como un hecho consumado. A renglón seguido, Lorente aborda otro temor muy extendido que paraliza a muchos empleados en el momento más delicado de la relación laboral: la creencia de que estampar la firma en la carta de despido equivale a perder la posibilidad de reclamar. «Eso es mentira», sentencia el laboralista, quien aclara que la firma solo acredita la recepción del documento, no la conformidad con su contenido.El verdadero riesgo aparece cuando, aprovechando la tensión del momento, algunas empresas introducen una baja voluntaria camuflada entre los papeles. Para evitar ese engaño, la recomendación práctica es firmar siempre añadiendo la frase «no conforme» y así curarse en salud ante cualquier posible reclamación futura.El espejismo del último ingresoEl tercer error, y el que más exaspera al abogado, es la confusión generalizada entre el finiquito y la indemnización por despido. «Son cosas totalmente distintas, por favor, metéroslo en la cabeza», exclama en su intervención. El finiquito constituye únicamente la liquidación de los días trabajados durante el mes en curso y el abono de las vacaciones no disfrutadas, cantidades que la empresa debe entregar al trabajador al finalizar la relación laboral, independientemente del tipo de salida. La indemnización, en cambio, es un concepto separado que corresponde solo cuando
El abogado laboralista Juanma Lorente ha utilizado sus redes sociales para desmontar tres ideas que, según su experiencia, calan hondo entre los trabajadores a pesar de carecer de respaldo legal. En un tono contundente, el letrado afirma sentirse desbordado por la repetición constante de estas consultas. Su mensaje apunta directamente contra ciertas prácticas empresariales que, ya sea por desconocimiento o por mala fe, se asumen como reglas inamovibles dentro del mercado laboral. Lorente insiste en que muchas de estas creencias no solo son incorrectas, sino que además sitúan al empleado en una posición de desventaja a la hora de defender sus derechos. La primera de ellas afecta a un aspecto tan sensible como la planificación del descanso anual y ha sido calificada por el propio abogado como un clásico que no deja de repetirse en su despacho. La negociación que no debe ser imposición El primer mito que el abogado busca erradicar es la supuesta obligación de aceptar un reparto de vacaciones en el que la empresa impone quince días y el trabajador elige los otros quince. Lorente es tajante al respecto: «Eso está bien si ese es tu consenso con la empresa, si tú te has entendido con la empresa de esa manera, pero como sea impuesto por la empresa, como eso sea una imposición, eso no es legal». La norma establece que el período de vacaciones debe fijarse de común acuerdo entre ambas partes, por lo que cualquier reparto decidido unilateralmente carece de validez. Si un trabajador se enfrenta a esta situación, el abogado recomienda negociar otras condiciones en lugar de asumir el criterio de la empresa como un hecho consumado. A renglón seguido, Lorente aborda otro temor muy extendido que paraliza a muchos empleados en el momento más delicado de la relación laboral: la creencia de que estampar la firma en la carta de despido equivale a perder la posibilidad de reclamar. «Eso es mentira», sentencia el laboralista, quien aclara que la firma solo acredita la recepción del documento, no la conformidad con su contenido. El verdadero riesgo aparece cuando, aprovechando la tensión del momento, algunas empresas introducen una baja voluntaria camuflada entre los papeles. Para evitar ese engaño, la recomendación práctica es firmar siempre añadiendo la frase «no conforme» y así curarse en salud ante cualquier posible reclamación futura. El espejismo del último ingreso El tercer error, y el que más exaspera al abogado, es la confusión generalizada entre el finiquito y la indemnización por despido. «Son cosas totalmente distintas, por favor, metéroslo en la cabeza», exclama en su intervención. El finiquito constituye únicamente la liquidación de los días trabajados durante el mes en curso y el abono de las vacaciones no disfrutadas, cantidades que la empresa debe entregar al trabajador al finalizar la relación laboral, independientemente del tipo de salida. La indemnización, en cambio, es un concepto separado que corresponde
