Los gobernadores de nuestras principales ciudades siguen empeñados en hacer lo que no deben, en aras a una supuesta estética progre que no es sino sacrilegio climático. Lo vemos en la puerta del Sol de Madrid, donde no han dejado un solo árbol, y ahora pretenden bajar la temperatura poniendo toldos por las calles. Mejor un toldo que no nada, pero sería mejor aún que no cortaran y talaran arboles como acostumbran, y en todo caso que planten más. Es la receta de toda la visa frente al calor. Agua y árboles. Allí donde hay vegetación la temperatura puede ser hasta cuatro grados menos que en el entorno urbano circundante. Los árboles son refrigeradores naturales. Un árbol centenario representa el equivalente a un poder de refrigeración de 150 mil frigorías al día, consumiendo mil megajulios de energía calórica. Son además filtros de aire contaminado, depuradores de los agentes químicos y partículas tóxicas, amén de sumideros que eliminan dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, monóxido de carbono y otros gases producto de la combustión. Una zona arbolada puede reducir la contaminación entre un diez y un veinte por ciento. Un solo árbol de los grandes puede retener al año hasta 200 kilos de sustancias contaminantes.. Se habla mucho ahora de los refugios climáticos, como si fueran novedad. Los refugios de toda la vida son los bosques y los parques con grandes ejemplares y fuentes. Si hicieran las ciudades de esa manera, el calor agresivo del verano seria soportable. Pero en lugar de eso se dedican a meter cemento por doquier, que amen de calor, favorece las riadas y las inundaciones. Debería empezar a hacerse lo que en Portland, Oregón, donde llevan desde 2008 levantando y retirando pavimento. Lo hacen para bajar la temperatura, que llega hasta los 40 grados. En algunas zonas han conseguido bajarla más de 10 grados, sustituyendo el cemento por vegetación. Con la ventaja añadida de que, además, se absorben millones de litros de agua de lluvia, evitando inundaciones. El problema es cuando después llega otro gobernante que se dedica a hacer lo contrario.. En fin, dentro del sinsentido general, hay iniciativas interesantes para evitar que las ciudades en verano sean infiernos. Por ejemplo, incentivar las viviendas con tejados blancos reflectantes. O los tejados verdes con vegetación y riego. Pero, con todo, con una mayor masa arbórea sería infinitamente más soportable este calor extremo veraniego que ha sido siempre igual de intenso, unos años más, otros menos. Olas de calor, noches tórridas, dificultad para dormir y respirar.. Arden las calles y ya hay ciudades imposibles, saturadas de automóviles, motos, atascos interminables, barriadas inmensas sin un solo árbol. Cada vez más grandes, más inhumanas, y creciendo sin parar, con una perspectiva de masificación y saturación que abruma. Infiernos de calor urbano. Por mucho que pongan toldos para tapar el exceso de cemento que hay por todas parte.
En algunas ciudades retiran cemento de las calles, pero en España muchas administraciones siguen empeñadas en construir sin verde
Los gobernadores de nuestras principales ciudades siguen empeñados en hacer lo que no deben, en aras a una supuesta estética progre que no es sino sacrilegio climático. Lo vemos en la puerta del Sol de Madrid, donde no han dejado un solo árbol, y ahora pretenden bajar la temperatura poniendo toldos por las calles. Mejor un toldo que no nada, pero sería mejor aún que no cortaran y talaran arboles como acostumbran, y en todo caso que planten más. Es la receta de toda la visa frente al calor. Agua y árboles. Allí donde hay vegetación la temperatura puede ser hasta cuatro grados menos que en el entorno urbano circundante. Los árboles son refrigeradores naturales. Un árbol centenario representa el equivalente a un poder de refrigeración de 150 mil frigorías al día, consumiendo mil megajulios de energía calórica. Son además filtros de aire contaminado, depuradores de los agentes químicos y partículas tóxicas, amén de sumideros que eliminan dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, monóxido de carbono y otros gases producto de la combustión. Una zona arbolada puede reducir la contaminación entre un diez y un veinte por ciento. Un solo árbol de los grandes puede retener al año hasta 200 kilos de sustancias contaminantes.. Se habla mucho ahora de los refugios climáticos, como si fueran novedad. Los refugios de toda la vida son los bosques y los parques con grandes ejemplares y fuentes. Si hicieran las ciudades de esa manera, el calor agresivo del verano seria soportable. Pero en lugar de eso se dedican a meter cemento por doquier, que amen de calor, favorece las riadas y las inundaciones. Debería empezar a hacerse lo que en Portland, Oregón, donde llevan desde 2008 levantando y retirando pavimento. Lo hacen para bajar la temperatura, que llega hasta los 40 grados. En algunas zonas han conseguido bajarla más de 10 grados, sustituyendo el cemento por vegetación. Con la ventaja añadida de que, además, se absorben millones de litros de agua de lluvia, evitando inundaciones. El problema es cuando después llega otro gobernante que se dedica a hacer lo contrario.. En fin, dentro del sinsentido general, hay iniciativas interesantes para evitar que las ciudades en verano sean infiernos. Por ejemplo, incentivar las viviendas con tejados blancos reflectantes. O los tejados verdes con vegetación y riego. Pero, con todo, con una mayor masa arbórea sería infinitamente más soportable este calor extremo veraniego que ha sido siempre igual de intenso, unos años más, otros menos. Olas de calor, noches tórridas, dificultad para dormir y respirar.. Arden las calles y ya hay ciudades imposibles, saturadas de automóviles, motos, atascos interminables, barriadas inmensas sin un solo árbol. Cada vez más grandes, más inhumanas, y creciendo sin parar, con una perspectiva de masificación y saturación que abruma. Infiernos de calor urbano. Por mucho que pongan toldos para tapar el exceso de cemento que hay por todas parte.
