José Antonio Choclán es a España lo que Alan Dershowitz a los Estados Unidos: un mito del Derecho Penal. Magistrado excedente, su especialidad son las conformidades, los acuerdos del justiciable con la Fiscalía que aminoran sustancialmente o reducen hasta la insignificancia las penas. Víctor de Aldama anduvo listo al confiarle su suerte procesal: de lo contrario se habría pasado no menos de 15 años a la sombra en consonancia con los 24 años que le han caído a quien no hace ni cinco años aún era ministro, José Luis Ábalos, o los 19 de condena al antiguo portero de puticlub, Koldo García. El primero no sólo ha tenido en esta causa cinco letrados sino que, además, se negó sistemáticamente a que por la vía del desaforamiento la causa bajara a la Audiencia Nacional, donde hubiera dormido el sueño de los justos. Un error clamoroso que le va a costar vivir sus últimos inviernos entre rejas. El segundo estaba sentenciado desde el mismo momento en el que eligió a una abogada especialista en paraísos fiscales que sabe de Penal lo que yo de Física Cuántica, Leticia de la Hoz, y que para más señas está imputada por haber intentado presuntamente comprar el silencio de testigos de cargo incómodos para el PSOE. La cuasiabsolución de Aldama es la peor noticia que podía esperar Ferraz. Cayó como una bomba atómica. La unánime resolución de la Sala Segunda del Supremo se antoja el jaque mate al gánster monclovita. En diferido pero jaque mate al fin y al cabo. Los imputados que calientan la banda llevan ya seis días deshojando la margarita: «Pacto, no pacto», «tiro de la manta, no tiro de la manta», «me como el marrón solito o me lo como mancomunadamente». Lo mismito que aconteció en 1994 cuando el fugado Luis Roldán, al que por cierto no se había retirado el pasaporte, advirtió tajantemente desde el hotel Marignan de París: «No me van a engañar como a Amedo, si voy a la cárcel, no iré solo». Fue la celebérrima entrevista en la que acuñó dos frases para la historia que estos días se repiten cual letanía: «Este marrón no me lo voy a comer solo» y «si me dejan tirado, tiraré de la manta». Y tiró de la manta. Vaya si tiró: destapó el multimillonario robo de fondos reservados en Interior y dio toda suerte de pistas sobre unos GAL que supusieron el asesinato extrajudicial de 27 etarras. No creo que Leire sea una santa pero tampoco la veo como el cerebro de las cloacas de Ferraz. Más al contrario, tengo la sensación de que la portugaluja fontanera actuó guiada por ese sectarismo que suele nublar la mente de los militantes de los partidos. La vizcaína no es la primera ni será la última que se comporta con la misma ceguera que esos integrantes de Hare Krishna a los que les ordenan que se tiren por un balcón y se tiran sin dudarlo. Lo primero que hay que enfatizar es una cuestión que, no por perogrullesca, deja de ser una obligación moral repetirla: esto no es el caso Leire sino única y exclusivame
Esto no es el caso Leire sino única y exclusivamente el caso Sánchez
José Antonio Choclán es a España lo que Alan Dershowitz a los Estados Unidos: un mito del Derecho Penal. Magistrado excedente, su especialidad son las conformidades, los acuerdos del justiciable con la Fiscalía que aminoran sustancialmente o reducen hasta la insignificancia las penas. Víctor de Aldama anduvo listo al confiarle su suerte procesal: de lo contrario se habría pasado no menos de 15 años a la sombra en consonancia con los 24 años que le han caído a quien no hace ni cinco años aún era ministro, José Luis Ábalos, o los 19 de condena al antiguo portero de puticlub, Koldo García. El primero no sólo ha tenido en esta causa cinco letrados sino que, además, se negó sistemáticamente a que por la vía del desaforamiento la causa bajara a la Audiencia Nacional, donde hubiera dormido el sueño de los justos. Un error clamoroso que le va a costar vivir sus últimos inviernos entre rejas. El segundo estaba sentenciado desde el mismo momento en el que eligió a una abogada especialista en paraísos fiscales que sabe de Penal lo que yo de Física Cuántica, Leticia de la Hoz, y que para más señas está imputada por haber intentado presuntamente comprar el silencio de testigos de cargo incómodos para el PSOE. La cuasiabsolución de Aldama es la peor noticia que podía esperar Ferraz. Cayó como una bomba atómica. La unánime resolución de la Sala Segunda del Supremo se antoja el jaque mate al gánster monclovita. En diferido pero jaque mate al fin y al cabo. Los imputados que calientan la banda llevan ya seis días deshojando la margarita: «Pacto, no pacto», «tiro de la manta, no tiro de la manta», «me como el marrón solito o me lo como mancomunadamente». Lo mismito que aconteció en 1994 cuando el fugado Luis Roldán, al que por cierto no se había retirado el pasaporte, advirtió tajantemente desde el hotel Marignan de París: «No me van a engañar como a Amedo, si voy a la cárcel, no iré solo». Fue la celebérrima entrevista en la que acuñó dos frases para la historia que estos días se repiten cual letanía: «Este marrón no me lo voy a comer solo» y «si me dejan tirado, tiraré de la manta». Y tiró de la manta. Vaya si tiró: destapó el multimillonario robo de fondos reservados en Interior y dio toda suerte de pistas sobre unos GAL que supusieron el asesinato extrajudicial de 27 etarras. No creo que Leire sea una santa pero tampoco la veo como el cerebro de las cloacas de Ferraz. Más al contrario, tengo la sensación de que la portugaluja fontanera actuó guiada por ese sectarismo que suele nublar la mente de los militantes de los partidos. La vizcaína no es la primera ni será la última que se comporta con la misma ceguera que esos integrantes de Hare Krishna a los que les ordenan que se tiren por un balcón y se tiran sin dudarlo. Lo primero que hay que enfatizar es una cuestión que, no por perogrullesca, deja de ser una obligación moral repetirla: esto no es el caso Leire sino única y exclusivame
