Hay un feminismo bueno —el real, el de antes— y uno malo —el falso, el de ahora—. Esta es la premisa que se respira en la generación Z y que poco a poco va calando. El analista político Javier Carbonell (Valencia, 32 años) ha estudiado por qué los jóvenes, que en la práctica son menos sexistas y valoran la igualdad, no se identifican con el movimiento que lo ha impulsado. Ha publicado sus conclusiones en el informe Menos machista, más antifeminista: la paradoja de la juventud española. El investigador del European Policy Centre, un laboratorio de ideas con sede en Bruselas, analizó encuestas europeas y locales y después organizó grupos focales con personas de entre 20 y 29 años. Se encontró con un “cabreo brutal” hacia la política y un incipiente “feminismo individualista”. Carbonell se especializa en el retroceso democrático en Europa y la evolución del discurso de la extrema derecha y cuenta que esto inevitablemente lo ha conducido a explorar el malestar de la juventud. Seguir leyendo
El investigador del European Policy Centre atribuye el antifeminismo de la juventud española a un “cabreo brutal” hacia la política, aunque esta sea menos machista
Hay un feminismo bueno —el real, el de antes— y uno malo —el falso, el de ahora—. Esta es la premisa que se respira en la generación Z y que poco a poco va calando. El analista político Javier Carbonell (Valencia, 32 años) ha estudiado por qué los jóvenes, que en la práctica son menos sexistas y valoran la igualdad, no se identifican con el movimiento que lo ha impulsado. Ha publicado sus conclusiones en el informe Menos machista, más antifeminista: la paradoja de la juventud española. El investigador del European Policy Centre, un laboratorio de ideas con sede en Bruselas, analizó encuestas europeas y locales y después organizó grupos focales con personas de entre 20 y 29 años. Se encontró con un “cabreo brutal” hacia la política y un incipiente “feminismo individualista”. Carbonell se especializa en el retroceso democrático en Europa y la evolución del discurso de la extrema derecha y cuenta que esto inevitablemente lo ha conducido a explorar el malestar de la juventud. Pregunta. ¿Los jóvenes que entrevistó consideran que la igualdad ya está alcanzada?Respuesta. Tienen muy normalizadas las diferencias de género y entienden las relaciones con un marco liberal. Es decir, tú haces lo que tú quieras, yo hago lo que yo quiero, somos individuos y no se ven a sí mismos como parte de la categoría hombre, la categoría mujer o como parte de la estructura. ¿Y qué pasa? Las conquistas feministas del pasado se normalizan.P. En el informe apunta que creen que cuando su generación llegue a posiciones de liderazgo, el problema desaparecerá.R. Sí, es naïf por un lado. No es cierto que la generación no tenga machismo. Muchas de estas cosas se ven con el tiempo, sobre todo con la familia, que es el gran elemento que produce diferenciación de género. Las diferencias llegan luego.P. ¿Cuáles eran sus experiencias?R. Veían que no había mucha desigualdad de género entre su cohorte. Aunque una mujer que estaba en el sector tecnológico notaba que eran mayormente hombres. Otras veían que ser madres las iba a afectar. Una mecánica de aeronaves decía: “Yo en el hangar soy ‘la de las tetas grandes’. Sufro comentarios machistas. Pero estos tres tíos machistas no son la mayoría y los voy a encontrar en cualquier sitio. Yo voy a poder superar esto, sean machistas o no, yo gano lo mismo. A mí nadie me ha dicho que no pueda ascender”.P. ¿De dónde viene esta forma individual de feminismo?R. El individualismo tiene dos fuentes. La parte positiva es que, como tienes un auge en ingresos, pero sobre todo en términos educativos de las mujeres jóvenes, hay una creciente confianza en ellas mismas. España está más o menos igual, pero en muchos países de Europa occidental ganan más que los hombres por hora (hasta que llega la separación ocupacional y la penalidad por maternidad). Les está yendo bien, y piensan: “Si el machismo está, yo lo voy a superar, le paso a mis compañeros de clase por la derecha po
