James Whitcomb Riley (1849-1916), poeta estadounidense de éxito –ganó mucho dinero con la poesía–, nacido en Indiana, es el padre de la expresión «si camina como un pato, nada como un pato, lo más probable es que sea un pato». Utilizada por políticos en distintos momentos, se la suele denominar «el test del pato». Se define como una forma de razonamiento inductivo que afirma que, ante un conjunto de evidencias que apuntan a una conclusión altamente probable, y que coexiste con otras muy improbables, lo razonable es aceptar la conclusión más probable. La justicia debe actuar con certezas, aunque haya ocasiones en las que llegar hasta ellas sea muy laborioso y complicado. Francisco Tomás y Valiente (1932-1996), presidente del Tribunal Constitucional (1986-1992), asesinado por ETA –Josu Ternera ya puede ser extraditado a España–, hablaba de «la siempre imperfecta certidumbre judicial». El juez Pedraz acaba de imputar a la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, por una supuesta «obstrucción a la justicia», muy grave si se demuestra, aunque existe la versión de que así puede defenderse con abogado. El asunto llega tras una larga cascada de imputaciones a personajes relacionados y dependientes, de distintas maneras, del Gobierno de Pedro Sánchez, incluidos los asuntos que afectan al expresidente Zapatero. La imputación de Mercedes González coincide con la salida de la Agencia Tributaria de su directora, Soledad Fernández. Son dos asuntos que no tienen nada que ver, pero ocurren en medio del revuelo general. Es cierto, como se ha dicho, que la jefa de la Agencia Tributaria quería dejar su puesto desde hacía algún tiempo. Gran profesional y muy respetada en la Agencia, está a punto de cumplir 70 años. Ha tenido relaciones complicadas con María Jesús Montero y discrepancias sobre la cesión del IRPF a Cataluña, muy criticada por los inspectores de Hacienda por lo que supondría de ruptura del sistema. Soledad Fernández sintoniza más con el nuevo ministro de Hacienda, Arcadi España, con el que se ha reunido más veces en los dos meses que lleva en el cargo, que con Montero en años. Sin embargo, ya tenía decidida su marcha. Solo faltaba el anuncio, que ha coincidido con la polémica y las dudas sobre si la Agencia Tributaria –en puridad, la Abogacía del Estado– se personaría en el caso de las joyas de Zapatero, algo que parecía obvio, pero no ocurría. «Si camina como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, lo más probable es que sea un pato», como ya dijo Whitcomb Riley.
La imputación de Mercedes González coincide con la salida de la Agencia Tributaria de su directora, Soledad Fernández
James Whitcomb Riley (1849-1916), poeta estadounidense de éxito –ganó mucho dinero con la poesía–, nacido en Indiana, es el padre de la expresión «si camina como un pato, nada como un pato, lo más probable es que sea un pato». Utilizada por políticos en distintos momentos, se la suele denominar «el test del pato». Se define como una forma de razonamiento inductivo que afirma que, ante un conjunto de evidencias que apuntan a una conclusión altamente probable, y que coexiste con otras muy improbables, lo razonable es aceptar la conclusión más probable. La justicia debe actuar con certezas, aunque haya ocasiones en las que llegar hasta ellas sea muy laborioso y complicado. Francisco Tomás y Valiente (1932-1996), presidente del Tribunal Constitucional (1986-1992), asesinado por ETA –Josu Ternera ya puede ser extraditado a España–, hablaba de «la siempre imperfecta certidumbre judicial». El juez Pedraz acaba de imputar a la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, por una supuesta «obstrucción a la justicia», muy grave si se demuestra, aunque existe la versión de que así puede defenderse con abogado. El asunto llega tras una larga cascada de imputaciones a personajes relacionados y dependientes, de distintas maneras, del Gobierno de Pedro Sánchez, incluidos los asuntos que afectan al expresidente Zapatero.La imputación de Mercedes González coincide con la salida de la Agencia Tributaria de su directora, Soledad Fernández. Son dos asuntos que no tienen nada que ver, pero ocurren en medio del revuelo general. Es cierto, como se ha dicho, que la jefa de la Agencia Tributaria quería dejar su puesto desde hacía algún tiempo. Gran profesional y muy respetada en la Agencia, está a punto de cumplir 70 años. Ha tenido relaciones complicadas con María Jesús Montero y discrepancias sobre la cesión del IRPF a Cataluña, muy criticada por los inspectores de Hacienda por lo que supondría de ruptura del sistema. Soledad Fernández sintoniza más con el nuevo ministro de Hacienda, Arcadi España, con el que se ha reunido más veces en los dos meses que lleva en el cargo, que con Montero en años. Sin embargo, ya tenía decidida su marcha. Solo faltaba el anuncio, que ha coincidido con la polémica y las dudas sobre si la Agencia Tributaria –en puridad, la Abogacía del Estado– se personaría en el caso de las joyas de Zapatero, algo que parecía obvio, pero no ocurría. «Si camina como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, lo más probable es que sea un pato», como ya dijo Whitcomb Riley.
