El Capitolio de los Estados Unidos es mucho más que la sede del poder legislativo norteamericano. Sus salas, relieves, pinturas y esculturas constituyen una auténtica exposición sobre la historia y cultura de la nación estadounidense. Entre los elementos que integran esa muestra existe una realidad frecuentemente olvidada: la profunda huella hispana en la formación de los Estados Unidos. El Capitolio conserva la prueba fehaciente de que la historia estadounidense no puede comprenderse sin la aportación española. En la Rotonda, auténtico corazón simbólico del edificio, aparecen Cristóbal Colón y Hernando de Soto formando parte de las grandes escenas fundacionales de América. La inclusión de Colón no constituye únicamente un reconocimiento al descubrimiento de América, sino también una admisión implícita de que el inicio de la historia moderna del continente se produjo bajo patrocinio de la Monarquía Hispánica. Igualmente significativa resulta la presencia de Hernando de Soto, primer europeo que en la primera gran incursión tierra adentro en Norteamérica, contempló el río Mississippi durante su expedición por el sudeste norteamericano. Que el Capitolio recuerde a De Soto equivale a reconocer que la exploración y el conocimiento inicial de amplias regiones del actual territorio estadounidense fueron obra de españoles mucho antes del desarrollo colonial británico. Aún más llamativa resulta la presencia de Hernán Cortés y Francisco Pizarro en el Friso de la Historia Americana que rodea la cúpula de la Rotonda. En la secuencia cronológica de la historia americana diseñada para el Capitolio, las primeras escenas corresponden precisamente a Colón, Cortés, Pizarro y De Soto. Tal disposición no es casual. Refleja la conciencia histórica, muy presente todavía en el siglo XIX, de que la construcción política, territorial y cultural de América tuvo inicialmente un carácter intensamente hispánico. Pero si existe un símbolo especialmente relevante de la herencia española en el Capitolio, es el relieve de Alfonso X el Sabio. Entre los grandes legisladores y figuras históricas que influyeron en el derecho estadounidense aparece, con aparente sorpresa, el monarca hispano, acompañado de personajes como Thomas Jefferson. La razón de esta presencia es profundamente significativa como es la trascendencia del derecho español en amplias zonas de Estados Unidos. Durante el reinado de Alfonso X se publicaron las Siete Partidas, uno de los cuerpos jurídicos más importantes de la tradición medieval europea. Estas normas no sólo rigieron en la Corona de Castilla, sino también en los territorios americanos de la Monarquía Hispánica. Lo verdaderamente relevante, desconocido para el gran público es que, tras la independencia de Estados Unidos, gran parte de esa tradición jurídica permaneció vigente en estados como Texas, California, Luisiana, Arizona, Colorado, Nevada, Nuevo México. Arkansas o Florida. De hecho, l
El relieve de Alfonso X constituye, por tanto, el reconocimiento institucional de que parte de la arquitectura jurídica estadounidense posee raíces claramente hispánicas
El Capitolio de los Estados Unidos es mucho más que la sede del poder legislativo norteamericano. Sus salas, relieves, pinturas y esculturas constituyen una auténtica exposición sobre la historia y cultura de la nación estadounidense. Entre los elementos que integran esa muestra existe una realidad frecuentemente olvidada: la profunda huella hispana en la formación de los Estados Unidos.El Capitolio conserva la prueba fehaciente de que la historia estadounidense no puede comprenderse sin la aportación española. En la Rotonda, auténtico corazón simbólico del edificio, aparecen Cristóbal Colón y Hernando de Soto formando parte de las grandes escenas fundacionales de América.La inclusión de Colón no constituye únicamente un reconocimiento al descubrimiento de América, sino también una admisión implícita de que el inicio de la historia moderna del continente se produjo bajo patrocinio de la Monarquía Hispánica. Igualmente significativa resulta la presencia de Hernando de Soto, primer europeo que en la primera gran incursión tierra adentro en Norteamérica, contempló el río Mississippi durante su expedición por el sudeste norteamericano. Que el Capitolio recuerde a De Soto equivale a reconocer que la exploración y el conocimiento inicial de amplias regiones del actual territorio estadounidense fueron obra de españoles mucho antes del desarrollo colonial británico.Aún más llamativa resulta la presencia de Hernán Cortés y Francisco Pizarro en el Friso de la Historia Americana que rodea la cúpula de la Rotonda. En la secuencia cronológica de la historia americana diseñada para el Capitolio, las primeras escenas corresponden precisamente a Colón, Cortés, Pizarro y De Soto. Tal disposición no es casual. Refleja la conciencia histórica, muy presente todavía en el siglo XIX, de que la construcción política, territorial y cultural de América tuvo inicialmente un carácter intensamente hispánico.Pero si existe un símbolo especialmente relevante de la herencia española en el Capitolio, es el relieve de Alfonso X el Sabio. Entre los grandes legisladores y figuras históricas que influyeron en el derecho estadounidense aparece, con aparente sorpresa, el monarca hispano, acompañado de personajes como Thomas Jefferson. La razón de esta presencia es profundamente significativa como es la trascendencia del derecho español en amplias zonas de Estados Unidos.Durante el reinado de Alfonso X se publicaron las Siete Partidas, uno de los cuerpos jurídicos más importantes de la tradición medieval europea. Estas normas no sólo rigieron en la Corona de Castilla, sino también en los territorios americanos de la Monarquía Hispánica. Lo verdaderamente relevante, desconocido para el gran público es que, tras la independencia de Estados Unidos, gran parte de esa tradición jurídica permaneció vigente en estados como Texas, California, Luisiana, Arizona, Colorado, Nevada, Nuevo México. Arkansas o Florida.De hecho, las cor
