Para un padre, el motivo de unas lágrimas puede parecer pequeño. Para su hijo, en ese momento, puede ser difícil de explicar. Esa diferencia está detrás de la reflexión que el neuropsicólogo Álvaro Bilbao comparte en TikTok sobre cómo respondemos al llanto infantil y qué ocurre cuando intentamos frenarlo sin comprender qué lo ha provocado.
El experto propone empezar por ofrecer ayuda. «Cuando ofrecemos nuestra ayuda, nuestros hijos saben que pueden contar con nosotros», explica. Así, la conversación puede centrarse en averiguar qué le pasa al pequeño, aunque al principio solo consiga expresarlo con lágrimas.
Entender esa necesidad resulta complicado si el adulto está pendiente únicamente de que el niño deje de llorar. En su intervención, Bilbao invita a cambiar el foco de la reacción visible a aquello que la está provocando.
Cuando el adulto no entiende el motivo de las lágrimas
La dificultad aparece cuando padres e hijos viven una misma situación de forma distinta. El adulto puede considerar que lo ocurrido no tiene importancia y cuestionar el llanto desde esa perspectiva. Sin embargo, esa respuesta no resuelve necesariamente el malestar que el niño intenta comunicar.
Bilbao resume el problema con una advertencia. «Cuando cuestionamos a un niño por llorar, solo le enseñamos que tiene que llorar más fuerte para ser escuchado». Según su explicación, discutir los motivos de las lágrimas puede hacer que el pequeño se sienta menos comprendido y exprese su malestar con mayor intensidad.
La reflexión se dirige, por tanto, a la respuesta de los mayores. El psicólogo plantea que mostrar interés por lo que sucede ofrece al niño una vía para comunicarse, en lugar de convertir su manera de expresar la emoción en el centro de la discusión.
Preguntar qué necesita para poder ayudarle
En el vídeo, el especialista relaciona esa disposición a escuchar con la posibilidad de entender mejor al pequeño. «Cuando ponemos el foco en lo que el niño necesita, le va a resultar mucho más fácil decirnos cómo le podemos ayudar», señala.
Su propuesta pasa por acercarse con un tono comprensivo y dar espacio a esa explicación. El primer paso que describe es sencillo, aunque en un momento de tensión pueda costar ponerlo en práctica. Antes de valorar si el niño tiene motivos suficientes para llorar, interesa averiguar qué le ha ocurrido.
Para Bilbao, ofrecer ayuda permite que el hijo sepa que puede acudir a sus padres cuando está mal. Esa es la respuesta que propone ante las lágrimas, incluso cuando el adulto todavía no comprende su causa.
Para un padre, el motivo de unas lágrimas puede parecer pequeño. Para su hijo, en ese momento, puede ser difícil de explicar. Esa diferencia está detrás de la reflexión que el neuropsicólogo Álvaro Bilbao comparte en TikTok sobre cómo respondemos al llanto infantil y qué ocurre cuando intentamos frenarlo sin comprender qué lo ha provocado.. El experto propone empezar por ofrecer ayuda. «Cuando ofrecemos nuestra ayuda, nuestros hijos saben que pueden contar con nosotros», explica. Así, la conversación puede centrarse en averiguar qué le pasa al pequeño, aunque al principio solo consiga expresarlo con lágrimas.. Entender esa necesidad resulta complicado si el adulto está pendiente únicamente de que el niño deje de llorar. En su intervención, Bilbao invita a cambiar el foco de la reacción visible a aquello que la está provocando.. Cuando el adulto no entiende el motivo de las lágrimas. La dificultad aparece cuando padres e hijos viven una misma situación de forma distinta. El adulto puede considerar que lo ocurrido no tiene importancia y cuestionar el llanto desde esa perspectiva. Sin embargo, esa respuesta no resuelve necesariamente el malestar que el niño intenta comunicar.. Bilbao resume el problema con una advertencia. «Cuando cuestionamos a un niño por llorar, solo le enseñamos que tiene que llorar más fuerte para ser escuchado». Según su explicación, discutir los motivos de las lágrimas puede hacer que el pequeño se sienta menos comprendido y exprese su malestar con mayor intensidad.. La reflexión se dirige, por tanto, a la respuesta de los mayores. El psicólogo plantea que mostrar interés por lo que sucede ofrece al niño una vía para comunicarse, en lugar de convertir su manera de expresar la emoción en el centro de la discusión.. Preguntar qué necesita para poder ayudarle. En el vídeo, el especialista relaciona esa disposición a escuchar con la posibilidad de entender mejor al pequeño. «Cuando ponemos el foco en lo que el niño necesita, le va a resultar mucho más fácil decirnos cómo le podemos ayudar», señala.. Su propuesta pasa por acercarse con un tono comprensivo y dar espacio a esa explicación. El primer paso que describe es sencillo, aunque en un momento de tensión pueda costar ponerlo en práctica. Antes de valorar si el niño tiene motivos suficientes para llorar, interesa averiguar qué le ha ocurrido.. Para Bilbao, ofrecer ayuda permite que el hijo sepa que puede acudir a sus padres cuando está mal. Esa es la respuesta que propone ante las lágrimas, incluso cuando el adulto todavía no comprende su causa.
Para un padre, el motivo de unas lágrimas puede parecer pequeño. Para su hijo, en ese momento, puede ser difícil de explicar. Esa diferencia está detrás de la reflexión que el neuropsicólogo Álvaro Bilbao comparte sobre cómo respondemos al llanto infantil
Para un padre, el motivo de unas lágrimas puede parecer pequeño. Para su hijo, en ese momento, puede ser difícil de explicar. Esa diferencia está detrás de la reflexión que el neuropsicólogo Álvaro Bilbao comparte en TikTok sobre cómo respondemos al llanto infantil y qué ocurre cuando intentamos frenarlo sin comprender qué lo ha provocado.. El experto propone empezar por ofrecer ayuda. «Cuando ofrecemos nuestra ayuda, nuestros hijos saben que pueden contar con nosotros», explica. Así, la conversación puede centrarse en averiguar qué le pasa al pequeño, aunque al principio solo consiga expresarlo con lágrimas.. Entender esa necesidad resulta complicado si el adulto está pendiente únicamente de que el niño deje de llorar. En su intervención, Bilbao invita a cambiar el foco de la reacción visible a aquello que la está provocando.. Cuando el adulto no entiende el motivo de las lágrimas. La dificultad aparece cuando padres e hijos viven una misma situación de forma distinta. El adulto puede considerar que lo ocurrido no tiene importancia y cuestionar el llanto desde esa perspectiva. Sin embargo, esa respuesta no resuelve necesariamente el malestar que el niño intenta comunicar.. Bilbao resume el problema con una advertencia. «Cuando cuestionamos a un niño por llorar, solo le enseñamos que tiene que llorar más fuerte para ser escuchado». Según su explicación, discutir los motivos de las lágrimas puede hacer que el pequeño se sienta menos comprendido y exprese su malestar con mayor intensidad.. La reflexión se dirige, por tanto, a la respuesta de los mayores. El psicólogo plantea que mostrar interés por lo que sucede ofrece al niño una vía para comunicarse, en lugar de convertir su manera de expresar la emoción en el centro de la discusión.. Preguntar qué necesita para poder ayudarle. En el vídeo, el especialista relaciona esa disposición a escuchar con la posibilidad de entender mejor al pequeño. «Cuando ponemos el foco en lo que el niño necesita, le va a resultar mucho más fácil decirnos cómo le podemos ayudar», señala.. Su propuesta pasa por acercarse con un tono comprensivo y dar espacio a esa explicación. El primer paso que describe es sencillo, aunque en un momento de tensión pueda costar ponerlo en práctica. Antes de valorar si el niño tiene motivos suficientes para llorar, interesa averiguar qué le ha ocurrido.. Para Bilbao, ofrecer ayuda permite que el hijo sepa que puede acudir a sus padres cuando está mal. Esa es la respuesta que propone ante las lágrimas, incluso cuando el adulto todavía no comprende su causa.
