Hace años, muchos años, los españoles se iban en esta época, quizá un poco más adelante, a Francia, a la vendimia, a sacar unos dineros con los que ir tirando a lo largo del año hasta la siguiente temporada; otros iban a recoger olivas, aquellos andaluces de Jaén, aceituneros altivos a quienes cantó Miguel Hernández hace 90 años; otros eran ganaderos más o menos modestos y llevaban sus vacas a pacer a los prados; otros cultivaban con amor la tierra y producían grano, patatas, repollos o maíz con el que alimentar las gallinas que alegremente picoteaban en el corral produciendo unos huevos de yema anaranjada y sabrosa. También había valerosos pescadores, de altura o bajura, y mariscadores que al amanecer llevaban hasta el muelle el producto de su trabajo, subastándolo y vendiéndolo al mejor postor.. La agricultura, la ganadería y la pesca han sido durante generaciones actividades fundamentales para nuestra sociedad. Gracias a ellas tenemos alimentos en nuestras mesas y se mantiene vivo el medio rural pero el problema de la falta de trabajadores en la actualidad no es nuevo, los jóvenes no encuentran atractivo dedicarse al campo, debido a los horarios, la dureza del trabajo y, en muchos casos, la falta de reconocimiento social y esto ocurre con los agricultores, ganaderos y pescadores. Son profesiones esenciales, pero cada vez hay menos relevo generacional. Si la fatídica tendencia continúa, podríamos encontrarnos con una situación preocupante: tener demanda de alimentos, pero no suficientes personas que quieran o puedan producirlos y en ese sentido quizá deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad. No basta con reconocer la importancia de estos trabajos cuando llega una noticia sobre la falta de mano de obra, es necesario mejorar facilitar que los jóvenes puedan incorporarse al sector y valorar económicamente el trabajo de quienes producen nuestros alimentos. El calor puede adelantar una vendimia, pero el problema de fondo viene de mucho antes. Si no cuidamos e incentivamos a quienes trabajan la tierra, crían nuestros animales y salen al mar, llegará un momento en que nos preguntaremos quién va a ocupar ese espacio. Y entonces puede que sea demasiado tarde.. Están sobrevaloradas las carreras técnicas y tecnológicas, económicas, empresariales y esos trabajos etéreos y hasta fantasmagóricos que incluso carecen de sede física y que prometen unos futuros emolumentos que para sí los quisiera Elon Musk, olvidando lo romántico que puede ser cultivar la tierra, criar ganado y producir materialmente lo que más necesitamos para subsistir, que es el alimento.. España es el primer productor mundial de aceite, sin ir más lejos, aunque el tanto se lo quieran apuntar los italianos, que embotellan arrogantemente el aceite que nos compran, ocultando su origen. También lo hace, en menor medida, Grecia. Con un gobierno tan inoperante e incompetente como el que tenemos –y los que hemos dejado atrás, que tampoco eran lumbreras en la promoción de explotar adecuadamente la infinita riqueza de la que gozan nuestras tierras y nuestros mares-, la promoción de un producto tan codiciado mundialmente como la oliva se les queda en un limbo olvidadizo siendo como debiera de ser motivo de alta atención la creación de un gran grupo nacional que impidiera que los de Italia se lo lleven crudo para su país. Ahí lo dejamos para la reflexión.. CODA. Hoy este remate de pensamientos lo haremos en tono menos frívolo y peluqueril para preguntarnos si realmente podemos dar por normal la situación de las mujeres ceutíes que tienen que organizarse en grupo para salir a caminar para protegerse de posibles violaciones. Parémonos a pensarlo porque realmente es una situación mucho más que anormal salir a la calle con ese sentimiento de peligro.
Si no cuidamos e incentivamos a quienes trabajan la tierra, crían nuestros animales y salen al mar, llegará un momento en que nos preguntaremos quién va a ocupar ese espacio.
Hace años, muchos años, los españoles se iban en esta época, quizá un poco más adelante, a Francia, a la vendimia, a sacar unos dineros con los que ir tirando a lo largo del año hasta la siguiente temporada; otros iban a recoger olivas, aquellos andaluces de Jaén, aceituneros altivos a quienes cantó Miguel Hernández hace 90 años; otros eran ganaderos más o menos modestos y llevaban sus vacas a pacer a los prados; otros cultivaban con amor la tierra y producían grano, patatas, repollos o maíz con el que alimentar las gallinas que alegremente picoteaban en el corral produciendo unos huevos de yema anaranjada y sabrosa. También había valerosos pescadores, de altura o bajura, y mariscadores que al amanecer llevaban hasta el muelle el producto de su trabajo, subastándolo y vendiéndolo al mejor postor.. La agricultura, la ganadería y la pesca han sido durante generaciones actividades fundamentales para nuestra sociedad. Gracias a ellas tenemos alimentos en nuestras mesas y se mantiene vivo el medio rural pero el problema de la falta de trabajadores en la actualidad no es nuevo, los jóvenes no encuentran atractivo dedicarse al campo, debido a los horarios, la dureza del trabajo y, en muchos casos, la falta de reconocimiento social y esto ocurre con los agricultores, ganaderos y pescadores. Son profesiones esenciales, pero cada vez hay menos relevo generacional. Si la fatídica tendencia continúa, podríamos encontrarnos con una situación preocupante: tener demanda de alimentos, pero no suficientes personas que quieran o puedan producirlos y en ese sentido quizá deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad. No basta con reconocer la importancia de estos trabajos cuando llega una noticia sobre la falta de mano de obra, es necesario mejorar facilitar que los jóvenes puedan incorporarse al sector y valorar económicamente el trabajo de quienes producen nuestros alimentos. El calor puede adelantar una vendimia, pero el problema de fondo viene de mucho antes. Si no cuidamos e incentivamos a quienes trabajan la tierra, crían nuestros animales y salen al mar, llegará un momento en que nos preguntaremos quién va a ocupar ese espacio. Y entonces puede que sea demasiado tarde.. Están sobrevaloradas las carreras técnicas y tecnológicas, económicas, empresariales y esos trabajos etéreos y hasta fantasmagóricos que incluso carecen de sede física y que prometen unos futuros emolumentos que para sí los quisiera Elon Musk, olvidando lo romántico que puede ser cultivar la tierra, criar ganado y producir materialmente lo que más necesitamos para subsistir, que es el alimento.. España es el primer productor mundial de aceite, sin ir más lejos, aunque el tanto se lo quieran apuntar los italianos, que embotellan arrogantemente el aceite que nos compran, ocultando su origen. También lo hace, en menor medida, Grecia. Con un gobierno tan inoperante e incompetente como el que tenemos –y los que hemos dejado atrás, que tampoco eran lumbreras en la promoción de explotar adecuadamente la infinita riqueza de la que gozan nuestras tierras y nuestros mares-, la promoción de un producto tan codiciado mundialmente como la oliva se les queda en un limbo olvidadizo siendo como debiera de ser motivo de alta atención la creación de un gran grupo nacional que impidiera que los de Italia se lo lleven crudo para su país. Ahí lo dejamos para la reflexión.. CODA. Hoy este remate de pensamientos lo haremos en tono menos frívolo y peluqueril para preguntarnos si realmente podemos dar por normal la situación de las mujeres ceutíes que tienen que organizarse en grupo para salir a caminar para protegerse de posibles violaciones. Parémonos a pensarlo porque realmente es una situación mucho más que anormal salir a la calle con ese sentimiento de peligro.
